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Educarnos en información, para evitar estar desinformados

Para saber qué información es falsa, necesitas dedicar tiempo y esfuerzo para verificar las cosas. ¿Tendrías el tiempo, la energía y los recursos para hacer esto? English

Elinor Carmi
12 November 2019
Una foto del perfil de Twitter de Donald Trump, un lugar que es famoso por la desinformación
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Foto: Alex Milan Tracy/SIPA USA/PA Images. Todo los derechos reservados

Los grupos de Whatsapp familiares se han convertido en un campo de batalla de humillación, culpa, demasiadas fotos de bebés. Pero lo más importante es que son lugares de desinformación. Sea que se trate de tus padres, tu tío racista o el marido de tu hermana que todos odian – las personas reciben una gran cantidad de “noticias falsas”, memes problemáticos y tuits de Trump que te hacen desear las bromas de papá.

El contenido de las imágenes de arriba podría ser falso, pero ese escenario probablemente ocurrió. El 17 de septiembre, día de las elecciones en Israel, el primer ministro Benjamín Netanyahu, tuiteó esta imagen advirtiendo a la gente de las altas tasas de participación de los partidos de izquierda alrededor de las 10:00 de la mañana. La imagen mostraba ciudades “de izquierda” en color rojo y las ciudades “de derecha” en color azul. El problema con esto es que las tasas de votación entre el 60-70% indicadas en la imagen eran incorrectas, ya que en las horas de la mañana las tasas solo están entre 10 y 20%. De hecho, las tasas generales de votación en Israel generalmente son de 70%. Netanyahu había preparado una imagen con información deliberadamente falsa para empujar a sus seguidores a votar.

Esta no fue la única pieza de desinformación publicada ese día, y mientras se producían las votaciones, más información falsa era publicada por él y miembros de su partido en diversas redes sociales.

Pero para saber que esta información es falsa necesitas dedicar tiempo y esfuerzo para verificar las cosas. Primero, debes tener en cuenta que la información de los políticos de tu gobierno podría ser falsa; luego, necesitas más tiempo para comprobar las cifras correctas, verificar en varias fuentes si los números coinciden, y asegurarte de que son correctos en varios lugares. ¿Tendrías el tiempo, los recursos y la energía para hacer todo esto?

Una situación en Twitter a raíz de un tuit de Benjamín Netanyahu. | Captura de pantalla.

¿Luchar por cuáles derechos?

Aparentemente las familias, amigos y comunidades en Brasil, India, Sudáfrica e Israel difunden material desinformado todo el tiempo, sobre todo en época de elecciones. A raíz de la semana de la Alfabetización Mediática de Global Media de la UNESCO 2019 es una buena ocasión para hacer una pausa y comenzar a preguntar qué habilidades y conocimientos necesitamos en esta era de guerras de información y qué debemos hacer al respecto.

¿De verdad necesitamos competencias en información digital? Si damos una mirada a las cuentas de Twitter de varios líderes mundiales – cuyos nombres no vamos a mencionar – la respuesta es clara. No solamente las necesitamos, sino que también son parte de los derechos humanos fundamentales que las Naciones Unidas establecieron en 1948. Estos derechos fueron creados tras la Segunda Guerra Mundial como una lección que debíamos aprender sobre la forma en que el mundo se metió en lo que parecía ser un viaje sin regreso al apocalipsis. Y al igual que las interminables secuelas de Terminator, seguimos recibiendo la versión más reciente de un mundo enloquecido.

Aunque la ONU celebra la alfabetización mediática durante una semana específica, ésta está fundada sobre dos derechos humanos importantes que se aplican durante todo el año, aunque muchos líderes mundiales (convenientemente) se olviden de ellos. El primero es el Derecho a la Educación – según los compromisos de la ONU, esta alfabetización “tendrá como objetivo el pleno desarrollo de la personalidad humana y el fortalecimiento del respeto a los derechos humanos y las libertades fundamentales. Favorecerá la comprensión, la tolerancia y la amistad entre todas las naciones, grupos étnicos o religiosos, y promoverá las actividades de las Naciones Unidas para el mantenimiento de la paz”. El segundo es el Derecho a la Libertad de Expresión y Opinión, que establece que debemos ser capaces de “tener opiniones sin interferencia y de buscar, recibir e impartir información e ideas a través de cualquier medio sin importar las fronteras.”

Comprender y tolerar a los demás, y también ser capaz de recibir información, parece ser más importante que nunca. Sin embargo, aunque la intención detrás de estos derechos es buena, su aplicación es más compleja. ¿De verdad podemos esperar que los líderes políticos comprendan y aborden la importancia de la educación, si ni siquiera ellos saben utilizar correctamente las letras mayúsculas y las reglas gramaticales básicas, mientras hacen, como hizo Trump, más de 13,435 declaraciones falsas o engañosas tras más de 993 días de gobierno?

¿Qué queremos decir con alfabetización? ¿Será sólo leer y escribir, como en el pasado? Los modelos – como Educación 2030 de la ONU – ¿son relevantes y prácticos para la forma en que se utiliza el Internet hoy en día? ¿O estamos hablando de un conjunto más complejo de destrezas y conocimientos necesarios para poder hacer frente al confuso mundo informático de hoy?

La alfabetización en la era de la desinformación es complicada y está llena de matices, y mientras la gente en todo el mundo todavía requiere habilidades básicas de lectura, a la vez necesitamos otras habilidades que se ajusten a la forma en que se distribuye la información a través de múltiples plataformas.

Pero veamos primero a qué nos referimos con “desinformación”.

¿De qué estamos hablando?

Antes de continuar, debemos entender lo que estamos hablando. Términos como “noticias falsas” son problemáticos porque tratan de desacreditar los medios informativos, que es lo último que queremos en este momento.

Para aclarar estos términos, Claire Wardle y Hossein Derakhshan escribieron un informe para el Consejo de Europa en 2017, titulado Trastornos en la Información, en el cual identificaron tres tipos de prácticas problemáticas en la información (mis-informar, des-informar , y mal-informar):

1) Des-informar es difundir información que es falsa y deliberadamente creada para hacer daño a una persona, grupo social, organización o país;

2) Mis-informar es difundir información falsa, pero que no se creó con la intención de causar daño;

3) Mal-informar es difundir información real, con la intención hacer daño a una persona, organización o país. Ya sea con la intención de causar daño o no, la mayoría de estas campañas se distribuyen en las plataformas que la gente usa todos los días, como YouTube, Twitter, Facebook y también en resultados de búsquedas de Google.

Ya sea con la intención de causar daño o no, la mayoría de estas campañas se distribuyen en las plataformas que la gente usa todos los días, como YouTube, Twitter, Facebook y también en resultados de búsquedas de Google.

Estas estrategias no son nuevas. De hecho, la mis-información y la des-información se han visto desde las guerras de información dentro de los países y entre los distintos países en el siglo pasado, como la Unión Soviética y la Alemania Nazi que son casos obvios y, más recientemente, Ruanda.

Lo que es nuevo en esta ocasión es la forma en que las plataformas de redes sociales sirven para difundir esta información. Pero ¿sabes cómo funcionan estas plataformas en realidad?

A todos nos ha pasado. Miramos un vídeo de YouTube sobre el cambio climático, y al cabo de 3 horas y de un par de copas de gin-tonic, nos encontramos viendo a científicos diciendo que no hay calentamiento global gracias a una profecía de los Mayas, que dice que los dioses del viento nos salvarán en el 2025 (lo cual es totalmente cierto, además).

Todos hemos participado del experimento de túnel en el tiempo en YouTube, con sólo un clic a la izquierda y deslizar hacia la derecha.

Pero ¿sabemos realmente cómo funciona YouTube? ¿Sabemos realmente cómo se financia? Y ¿cómo deciden qué vídeos mostrar al acabarse un video al que hayas hecho clic? Para entender esto, tenemos que seguir la pista del dinero: hay que saber cómo se financian.

Muéstrame el dinero…

Uno de los principales problemas con YouTube y otras redes sociales es que muchas personas realmente desconocen que son financiados. Según OfCom, cerca de la mitad de los ciudadanos del Reino Unido no saben que plataformas como Google y Facebook son financiadas por la publicidad.

Podrías decir: “muy bien, pero yo consigo videos gratis del gato gruñón comiendo sushi con chicas japonesas en una sala de juegos”. Es un punto de vista válido, pero el ecosistema de la publicidad digital toma decisiones importantes sobre el tipo de contenido que muestra, promueve y destaca, y qué contenido suprime, restringe y elimina.

De esta forma, por ejemplo, mientras que contenidos extremistas se destacan y se promueven, el contenido LGBT es constantemente demonizado, restringido o eliminado. El contenido sensacionalista obtiene más clics. Más clics significa más interacción, lo que significa más ingresos y por lo tanto tiene más valor en estas plataformas.

Y este concurso de popularidad es tóxico y peligroso. Como el sociólogo Zeynep Tufecki explica: “lo que estamos presenciando es la explotación computacional de un deseo humano natural: mirar 'detrás de la cortina,' profundizar en algo que nos captura. Mientras hacemos clic y clic, nos vemos motivados por la sensación emocionante de descubrir más secretos y verdades más profundas. YouTube lleva a los espectadores a un agujero negro del extremismo, mientras que Google acumula las ventas de publicidad.”

Como destaca el New York Times en un artículo reciente, esto es precisamente lo que ocurrió en la última elección de Brasil, donde “los sistemas de búsqueda y recomendación de YouTube parecen haber desviado a los usuarios de manera sistemática a canales de extrema derecha y conspirativos en Brasil.”

Pero me lo envió mi madre, así que debe estar bien, ¿verdad?

Esto es parte del problema. Los resultados del reciente informe de OfCom sobre el consumo de noticias en el Reino Unido, muestran que la mayoría de la gente accede a las noticias a través de las redes sociales.

Específicamente, las personas acceden a las noticias a través de historias populares o al ver los comentarios e historias compartidas por amigos y familiares en lugar de seguir las páginas de los diarios como The Guardian. Pero mientras tus amigos podrán compartir porno de comida que te haga la boca agua, eso no quiere decir que ellos entienden que están comentando una imagen falsa que Yair Netanyahu recientemente publicó en Facebook.

Lo que muchas personas no saben es que estas plataformas y grupos hacen diferentes tipos de intervenciones en el tipo de tendencias y las noticias que la gente ve en las plataformas. Entonces, ¿es necesario empezar aprender codificación y convertirnos en programadores para entender cómo funcionan las plataformas? No exactamente.

¿Qué tipo de nuevas habilidades necesitamos para la era de los trastornos de la información?

Entonces, ¿qué tipo de habilidades necesita la gente? Aunque no hay acuerdos generales sobre las destrezas necesarias, el gobierno británico ha publicado un Marco de Habilidades Digitales Esenciales que incluye: comunicación, manejo de información y contenidos, realización de transacciones, resolución de problemas, y actuar de forma segura y legal. Pero estas destrezas en realidad no nos ayudan a entender por qué terminamos viendo vídeos anti-vacuna o vídeos contra-Greta Thunberg en YouTube.

Entonces, ¿qué más se necesita además de las habilidades? Doteveryone ha expandido los marcos tradicionales de alfabetización y ha argumentado que, más allá de las habilidades básicas antes mencionadas, el público también necesita “comprensión digital” (2018). Esto no solo significa saber cómo utilizar Internet, si no que la gente también “conozca las implicaciones del uso del internet”.

La gente necesita saber... por qué los comentarios de sus amigos en alguna desinformación publicada por Benjamin Netanyahu aparece al inicio de sus actualizaciones de información de Facebook.

Eso significa que la gente necesita saber quién tiene acceso a sus datos, que los temas populares cambian en función de su ubicación, perfil y temas patrocinados, que las cosas que escriben en Whatsapp podrían aparecer como anuncios en Facebook, y por qué los comentarios de sus amigos en alguna desinformación publicada por Netanyahu aparece al inicio de sus actualizaciones de información de Facebook.

Por lo tanto tanto no, no es necesario ser un programador, un economista o un abogado, pero sí es necesario entender la lógica detrás de porque verás ciertas cosas mientras no ves otras.

¿Y ahora qué?

Muchos gobiernos del mundo han recomendado la alfabetización digital en medios como una manera de hacer frente a la desinformación. El Departamento de Digital, Cultura, Medios y Deportes (DCMD) en el Reino Unido, por ejemplo, publicó un informe en febrero de 2019 sobre "Desinformación y ‘noticias falsas’”, en el que destacan la importancia de la alfabetización digital.

Curiosamente, aunque el DCMD recomienda la integración de las destrezas digitales en los sistemas educativos, el gobierno del Reino Unido se ha negado a hacerlo, alegando que otras organizaciones ya están trabajando en esta área y no desean duplicar este tipo de estrategias. Una de las sugerencias del DCMD es diseñar interfaces que fomenten la 'fricción' con algoritmos para ralentizar el tiempo durante el que la gente utiliza las plataformas y, al hacerlo, permitirles pensar sobre lo que escriben y comparten en las plataformas sociales.

Otra solución de diseño que ofrecen implica el desarrollo de herramientas en línea que distingan entre el contenido de calidad y las fuentes de desinformación, ya que es difícil para las personas a hacer esta distinción. El problema con estas soluciones es que son tecnológicamente determinísticas e irónicamente deja las respuestas en manos de las compañías – uno de los actores principales que causan y facilitan la desinformación.

Las soluciones es son tecnológicamente determinísticas e irónicamente deja las respuestas en manos de las compañías – uno de los actores principales que causan y facilitan la desinformación.

¿Podemos realmente confiar que Facebook, Google y Whatsapp proporcionarán diseños que pongan los intereses de las personas en el centro? El hecho de que la cuenta de Twitter de Donald Trump siga activa todavía, a pesar de la distribución de desinformación y otros tuits racistas y sexistas, sugiere que no.

Más aun, Facebook dijo recientemente que no hará verificación de hechos a los políticos y que tratará sus publicaciones como verdaderas (tampoco definieron claramente quién es un político, ¿qué tal Ivanka Trump?)

De hecho, el Consejo de Consumidores de Noruega demostró en su investigación sobre el cumplimiento de las GDPR por las plataformas de redes sociales - titulado Engañados por Diseño – que estas utilizan patrones ocultos para manipular a la gente.

El informe analiza las opciones de privacidad de Facebook, Google y Windows 10. Muestra cómo “la configuración predeterminada, los patrones ocultos, técnicas y características de diseño de la interfaz con la intención de manipular a los usuarios, se utiliza para llevar a los usuarios hacia opciones de privacidad más intrusivas.”

Como han argumentado desde hace tiempo diversos estudiosos y periodistas que han estado estudiando estos asuntos – la tecnología no nos salvará.

Por esto, mientras los gobiernos y las empresas de tecnología no ofrecen soluciones, varias ONG en los últimos años, han desarrollado mecanismos para educar e informar a la gente sobre los peligros potenciales en ellos.

Últimamente la empresa de radiodifusión finlandesa YLE, desarrolló un juego llamado Fábrica de Troll para tratar de “ilustrar cómo se utilizan falsas noticias, contenido emotivo y ejércitos de robots, para afectar a los estados de ánimo, las opiniones y la toma de decisiones.”

El Washington Post publicó una guía para comprobar hechos en vídeos manipulados, mientras que Britt Paris y Joan Boston de Data & Society, publicaron una guía útil sobre deepfakes. Otra herramienta fue desarrollada por el Observatorio de Redes Sociales de la Universidad de Indiana cuando lanzaron el BotSlayer - una nueva herramienta en la lucha contra la desinformación en línea. Este software gratuito escanea las redes sociales en tiempo real para detectar cuentas de Twitter automatizadas, o robots.

Estos son grandes puntos de partida, pero todavía queda mucho más por hacer.

Entendiendo lo que necesita la gente

En nuestro proyecto, financiado por la Fundación Nuffield - Yo y mi ‘Big Data’: Entendiendo la Alfabetización Ciudadana de Datos - estamos tratando de darle sentido a todo esto y de desarrollar materiales educativos que proporcionarán a diferentes tipos de audiencias las destrezas para entender significativamente, criticar y participar en la sociedad de datos en la que vivimos.

En primer lugar, hemos distribuido una encuesta tratando de averiguar cuáles son las destrezas digitales y la comprensión de los ciudadanos del Reino Unido.

Mientras diseñamos la encuesta nos dimos cuenta de que también queremos abordar un grupo importante de personas que antes no se habían tratado – los no-usuarios. De acuerdo con la encuesta más reciente de Internet (OXIS) de 2019 del Instituto de Internet de Oxford, cerca del 20% de los británicos no utilizan el Internet.

Se trata de un gran grupo de personas que a pesar de que no usan Internet, hay rastro de datos de sus perfiles por diferentes agencias y organizaciones con las que interactúan (organizaciones sin fines de lucro, municipios registros, etc.). Necesitamos saber cómo ellos entienden los datos, la desinformación y la economía del Internet.

Además, queríamos mirar de cerca la diferencia entre los usuarios 'activos' y 'pasivos'. Muchas investigaciones recientes muestran que muchas personas no publican tanto, pero sí escuchan en silencio diferentes historias y noticias. De hecho, pensamos que una simple dicotomía entre 'pasivo' 'activo' no tendría sentido, ya que leer mensajes en Facebook y luego compartirlos y discutirlos con la familia en Whatsapp no ​​es realmente 'pasivo'.

Participación de datos

A raíz de estas complejidades, nos centramos en un asunto clave: la participación de las personas en los datos.

¿Cómo comprende y participa la gente en varias plataformas? ¿Qué es lo que hacen y cómo esto se relaciona con sus actividades cotidianas? En particular, queremos examinar cómo la gente desarrolla una red de alfabetización; es decir, qué tipo de sistemas de apoyo y sistemas de confianza establecen las personas entre sus pares y sus comunidades, con el fin de desarrollar sus destrezas y entendimientos digitales?

Para ello, hay que considerar la alfabetización digital de las personas más allá de lo “digital” - sólo porque mi teléfono está en mi bolsillo no significa que no esté “en línea”. Seamos realistas, estamos en Facebook, Gmail, Microsoft Outlook (no por tu propia decisión si estás en el mundo académico en el Reino Unido), pagamos las cuentas, viajamos con Oyster, nos registramos para peticiones y elecciones, y por supuesto, participamos en varios grupos de WhatsApp en distintas formas (por ejemplo, puedes silenciar el grupo de WhatsApp familiar pero aún eres parte de él).

Estamos conectados a múltiples ejes digitales, pero al mismo tiempo también tomamos una copa (o tres) con nuestros amigos, vamos al parque, preparamos cenas para nuestras familias y practicamos para los concursos de guitarra invisible. Nuestras vidas son una red compleja de experiencias que no pueden ser separadas fácilmente entre lo digital y lo físico.

Como sabemos que muchos matices se pierden en las encuestas, llevaremos a cabo varios grupos de enfoque para comprender mejor cómo piensa la gente y como se relacionan con en diferentes esferas. Nuestro objetivo final es crear material educativo que se adecue a personas en diferentes lugares con diferentes capacidades, formaciones, entendimientos y recursos.

No hay una solución única para 'salvarnos a todos'

Ahora que hemos resuelto el problema de la educación nos podemos ir todos a casa y celebrar con el nuevo álbum de Pixies, ¿verdad?

No exactamente. Es importante entender que los materiales educativos no son la única solución. La educación debe ser parte de un conjunto de estrategias más amplio, que: 1) proporcione más fondos para las bibliotecas y los bibliotecarios; 2) regule la industria de la publicidad digital; 3) rompa el monopolio de las grandes tecnologías; 4) penalice las estrategias de desinformación que realizan los individuos, grupos o políticos (desalentando el contenido sensacional y eliminando financiamiento a creadores de contenido extremista); 5) no ponga la responsabilidad educativa en los individuos sino en las instituciones del Estado y en las empresas de tecnología; 6) busque formación y educación a largo plazo en lugar de campañas puntuales; 7) obligue a las empresas de tecnología a diseñar interfaces que no engañen y confundan a las personas, sino que las informen, fortalezcan y fomenten la participación; 8) permita que las personas puedan tener voz en la manera en que se desarrollan las tecnologías; 9) diseñe múltiples soluciones que se adecuen a personas de diferentes edades, géneros, religiones, razas y habilidades. Esto es sólo una breve lista, pero hay muchas maneras que nos ayudarán a hacer frente a los trastornos de la información que estamos experimentando.

Así que la próxima vez que alguien en tu grupo de Whatsapp envíe materiales problemáticos (estoy hablándote a ti, tío Rob), es un buen momento para detenerse, verificar y demostrar tranquilamente cómo esa información es engañosa. Especialmente el asunto del vídeo más reciente de Blink 182, relacionado a los alienígenas.

Comentarios

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