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La guerra comercial amenaza inestabilidad y deforestación en América Latina

La tensión entre Estados Unidos y China ha incrementado las exportaciones de América Latina, pero podría también provocar una expansión de la agricultura, lo que tendría consecuencias nada halagüeñas.

Fermín Koop Manuela Andreoni
25 June 2019
El presidente de Estados Unidos Donald Trump y su contraparte china Xi Jinping se reunieron en el G20 en 2017. Imagen cortesía de Diálogo Chino. Todos los derechos reservados.

La última ronda de subidas de aranceles en el contexto de la actual guerra comercial entre Estados Unidos y China podría tener impactos de gran alcance no solo para los grandes exportadores de soja, como Brasil y Argentina, sino en toda América Latina. El oportunismo inicial de la región está dando paso a temores motivados por la inestabilidad y el lento crecimiento mundial.

El 1 de junio, China suspendió la compra de soja estadounidense en una nueva escalada de la disputa comercial. En gran medida, el mayor comprador del mundo se dirigirá a Brasil para satisfacer la demanda y este cambio podría afectar a los bosques de América del Sur, sobre todo ante el riesgo de que vayan a prolongarse las tensiones comerciales entre las dos superpotencias.

Tras un año de fijación de aranceles en base a la lógica del ojo por ojo, está empezando a notarse su impacto en América Latina. Un informe de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD) registró el crecimiento estimado de las exportaciones de varios países de la región, entre ellos México (5,8%), Brasil (3,8%) y Argentina (2,4%).

Sin embargo, mientras algunos esperan poder capitalizar su negocio, otros prevén el fin del mundo. Pocos se atreven a predecir cuánto tiempo durará la disputa comercial y sus efectos en el tiempo.

De momento, no existen evidencias de que el aumento de las exportaciones de soja haya causado un incremento de la deforestación

“Por lo general, lo que hace es generar inseguridad. Ese es el problema “, sostiene Lucilio Alves, del Centro de Estudios Avanzados en Economía Aplicada (Cepea) de la Universidad de São Paulo. “Esto dificulta nuevas inversiones”.

Riesgo de deforestación

El pasado mes de marzo, un grupo de científicos advertía de que la guerra comercial entre Estados Unidos y China podría causar un devastador aumento de la deforestación en Brasil, al intentar el país absorber el aumento de la demanda china de soja.

“Prevemos que podría producirse un aumento de la deforestación tropical a resultas de la nueva demanda que se dirige a los otros grandes proveedores de China”, escribieron en un artículo en Nature, en el que vaticinaban que Brasil podría verse empujado a ampliar el área de producción en unos 13 millones de hectáreas. “Instamos a Estados Unidos y China a que ajusten sus acuerdos comerciales de inmediato para evitar esta catástrofe”.

Poco más de un mes más tarde, la Confederación Nacional de Industrias de Brasil celebró los 8 mil millones de dólares de ingresos extra generados por la guerra comercial en 2018. “Una guerra comercial no es buena ni recomendable para ningún país a medio o largo plazo, pero en el corto plazo, Brasil se ha beneficiado de ella”, dijo la institución a través de un comunicado de prensa.

Brasil prevé que la guerra comercial tendrá un impacto positivo en sus exportaciones de carne de res y pollo, pero la soja representa 7 de los 8 mil millones de dólares de nuevas exportaciones.

De momento, no existen evidencias de que el aumento de las exportaciones de soja haya causado un incremento de la deforestación. Dada la incertidumbre acerca de cuánto tiempo puede durar el aumento de la demanda, la mayoría de los agricultores brasileños han optado por la conversión de tierras que hasta la fecha utilizaban para otros cultivos como el maíz y la caña de azúcar, en lugar de por la expansión, dice Alves.

Considerando que el presidente Bolsonaro está intentando desmantelar las leyes de protección del medioambiente y su implementación, la Amazonía, aunque legalmente más protegida, podría verse también afectada.

“Sustituir cultivos es sin duda la forma más barata y rápida de adaptarse a la nueva demanda”, dice. “Pero, desde luego, si hay un cultivo que es extremadamente lucrativo, podría ser que al principio se dé una sustitución y, en una segunda fase, deslocalización a nuevas zonas”.

Temores a largo plazo

Según Richard Fuchs, uno de los autores del estudio de Nature, cuanto más prolongado sea el conflicto comercial, mayor es el riesgo de cambio en los usos de la tierra. “Si esto se prolonga a largo plazo, existe claramente riesgo de deforestación”, asegura.

Si China se niega en el futuro a importar una sola onza de soja de Estados Unidos y recurre solo a Brasil como reemplazo para satisfacer su demanda, la producción en Brasil tendría que aumentar un 39%, según el estudio de Fuchs.

Esto significaría millones de hectáreas de nuevas zonas sembradas en distintos países para compensar el déficit de oferta - entre ellos Brasil, Argentina, Paraguay, Uruguay y la propia China.

Preocupa que esta presión de la demanda provoque deforestación en el Cerrado brasileño, una vasta extensión de sabana tropical que es el bioma más afectado por la expansión de la soja. Esto en gran parte podría ocurrir a causa de la imprecisión de la regulación sobre cuánta vegetación nativa puede destruirse legalmente.

Sin embargo, considerando que el presidente Bolsonaro está intentando desmantelar las leyes de protección del medioambiente y su implementación, la Amazonía, aunque legalmente más protegida, podría verse también afectada.

La disputa comercial en curso podría tener consecuencias que van mucho más allá de un cambio temporal de la producción y de dañar la relación entre las dos principales economías del mundo. Fuchs cita el embargo impuesto por Estados Unidos a la Unión Soviética en 1980, que impulsó la demanda de soja hacia Brasil y luego se mantuvo durante mucho tiempo después de que se resolvieran las tensiones políticas.

Alves, de Cepea, señala que China necesita proveedores distintos: “Que China dependa de un solo país no parece una estrategia adecuada”.

Inestabilidad económica regional

Si bien la guerra comercial ofrece una oportunidad para que algunos países exporten más tanto a China como a Estados Unidos, no todos están en condiciones de capitalizar esta ventaja. El informe de la UNCTAD señala que la exportación de productos manufacturados mexicanos podría crecer, ya que algunas cadenas de montaje podrían trasladarse allí desde China.

La incertidumbre que provoca la guerra comercial está erosionando la economía global y fomenta la inestabilidad monetaria

Sin embargo, según Enrique Dussel Peters, coordinador de la Red Académica China-América Latina, México debería luchar por atraer la inversión necesaria para que esto suceda. “México debería tener una estrategia clara y precisa centrada en estas empresas, y esto es algo que hasta ahora no ha sucedido”.

Colombia también espera poder aprovechar la oportunidad para volver a exportar productos manufacturados al mercado estadounidense, que durante mucho tiempo ha permanecido copado por alternativas chinas más baratas.

Pero a los colombianos también les preocupa que los productos chinos diseñados para Estados Unidos vayan a ser objeto de dumping en América Latina, donde podrían comercializarse a precios con los que las industrias manufactureras nacionales no podrían competir, según apunta el medio colombiano de noticias El Tiempo.

Aunque crezcan algunas exportaciones, la rentabilidad de la guerra comercial en curso para América Latina es cuestionable. La incertidumbre que provoca está erosionando la economía global y fomenta la inestabilidad monetaria. Esto perjudica a los agricultores que importan fertilizantes y maquinaria para producir y vender commodities ya que las fluctuaciones en los cambios de divisas pueden afectar sus ganancias.

A pesar de una cosecha récord, Argentina espera una disminución de ingresos de entre 1.000 y 3.000 millones de dólares este año debido a que la guerra comercial ha afectado los precios de la soja a nivel global presionándolos a la baja, según establece un informe reciente. Los precios de la soja están ahora cerca de su nivel mínimo de los últimos 10 años.

El gobierno argentino estima que la cosecha de este año será de unos 145 millones de toneladas de soja, 44% más que el año pasado. Se esperaba inicialmente que esto se traduciría en 16,2 mil millones de dólares, pero la cantidad será sustancialmente menor. Argentina vende anualmente alrededor del 85% de su producción de soja a China.

“Una guerra comercial no es buena para nadie, incluida Argentina. Genera mucha volatilidad”, dice Marcelo Elizondo, experto en comercio de la consultora DNI. “La economía china probablemente se desacelerará, con lo que reducirá sus importaciones. Esto se añade a los precios más bajos de la soja y el resultado es una reducción de los ingresos del país “.

Del otro lado del Río de la Plata, Uruguay teme consecuencias similares. Los productores uruguayos argumentan que vender sus cultivos a menos de 300 dólares por tonelada significa no obtener ninguna ganancia. El país también espera una cosecha récord, tras una pertinaz sequía y una producción menor el año pasado.

"Un conflicto entre Estados Unidos y China podría provocar tasas de crecimiento más bajas en todo el mundo"

“La soja es uno de nuestros principales productos de exportación, pero está experimentando una contradicción”, dice Danilo Astori, Ministro de Economía de Uruguay. “La cosecha está mostrando tener una calidad impresionante, pero hay un problema: los precios son demasiado bajos para las necesidades de los agricultores uruguayos y esto está directamente relacionado con la guerra comercial entre Estados Unidos y China”.

Expectativas vitivinícolas

Inicialmente, Chile fue optimista acerca de la guerra comercial entre Estados Unidos y China porque beneficia a su sector vitivinícola, ya que China ha grabado con un arancel del 15% los vinos estadounidenses. Chile es el cuarto mayor exportador de vino del mundo y el 16% de sus exportaciones tienen por destino a China - unos 8,1 millones de cajas.

Pero desde que la disputa comercial ha ido en aumento, el optimismo se ha esfumado.

“A corto plazo, podríamos beneficiarnos de los problemas que enfrenta Estados Unidos para vender su vino a China. Pero eso se complica a largo plazo“, dice Aurelio Montes, director de la asociación nacional de vinos de Chile.

“Un conflicto entre Estados Unidos y China podría provocar tasas de crecimiento más bajas en todo el mundo, incluso en China, y en consecuencia un menor consumo de vino”.

Este artículo fue publicado previamente por Diálogo Chino.

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