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La rebelión griega

A lo que estamos haciendo frente en la crisis griega es a una asombrosa corrupción moral a gran escala. English

Jeremy Fox
14 July 2015
June 29, 2015 demonstration against yielding to EU austerity measures in Athens, Greece. Flickr. Some rights reserved._0.jpg

29 de Junio, 2015. Atenas, Grecia. Flickr. Algunos derechos reservados.

El descontento de fondo

Hace apenas dos años fuimos testigos de un brote de descontento global. Hubo protestas masivas en una serie de ciudades como Londres, Madrid, Nueva York, Estambul, El Cairo, Sofía, São Paulo, entre otras muchas. En aquel momento, sugerí en un artículo en openDemocracy que la simultaneidad de estas protestas podía ser un efecto de la globalización que, en su versión neoliberal occidental, ha cautivado a gran parte del mundo.

Gente de muchos países distintos, argumentaba, han pagado un precio muy alto por la prodigalidad de la banca y probablemente continuará pagando por ella durante muchos años. Lo que hemos presenciado es la entrega de poblaciones enteras a los vaivenes del mercado internacional, a la rapacidad de los financieros y a la crueldad indolente de gobiernos incompetentes.

La situación actual de Grecia encaja perfectamente en este modelo. Se ha escrito ya tanto sobre el tema, ha surgido una nube tan densa de adivinos económicos, las afirmaciones de las distintas partes han sido tan perentorias e intransigentes que se nos podría perdonar por pensar que el cañón ya no tiene munición de ideas nuevas y que los únicos sonidos que escapan de él suenan a huecos. Quien tuvo la ocasión de escuchar a Jean-Claude Trichet, - antiguo presidente del Banco Central Europeo (BCE) - en el programa Today de la BBC, el 7 de julio de este año, torpemente evitando responder a la pregunta de qué deberían hacer los griegos, habrá comprobado una vez más cuán reacios son los eurócratas de alto nivel a comprometerse con la realidad.

Trichet está en buena compañía porque los jugadores clave - concretamente Angela Merkel y su principal ejecutor Wolfgang Schäuble, el actual presidente del BCE Mario Draghi, y la jefa del Fondo Monetario Internacional (FMI) Christine Lagarde -  se han mostrado también reacios a aceptar los hechos que no concuerdan con su imagen ideal de un universo impulsado por el mercado. Y de estos hechos, los más básicos son, en primer lugar, que Grecia no puede ni podrá pagar sus deudas, ni tan siquiera los intereses de sus deudas; en segundo lugar, que la alianza impía conocida como la Troika ha fomentado la transferencia de deuda privada en poder de los bancos en deuda pública en manos de los contribuyentes - ya sean contribuyentes griegos, ya sean, si estos fallasen o se negasen a pagar, principalmente contribuyentes alemanes, franceses, españoles e italianos, por este orden. Se trata de un mensaje incómodo, similar al que motiva que el Nuevo Laborismo esté todavía en dificultades en el Reino Unido como consecuencia del rescate del sector bancario a cargo de los contribuyentes que llevó a cabo Gordon Brown.

Merkel y compañía son perfectamente conscientes de que los rescates bancarios repercuten en la ciudadanía. Por consiguiente, es mucho más cómodo para ellos criticar a los acreedores que hacer frente a las actividades díscolas, codiciosas y moralmente dudosas de bancos empeñados en aumentar sus activos colocando préstamos a gobiernos complacientes; préstamos, además, que a menudo han vuelto de inmediato de Grecia en forma de pago de intereses, o que han estado vinculados a la compra de armas y otros productos estrella de los países prestamistas.

En este sentido, a lo que estamos haciendo frente en la crisis griega – no encuentro otra manera de expresarlo – es a una asombrosa corrupción moral a gran escala.

Legalidad y moralidad

M.Trichet no se limitó a prevaricar. Con un descaro impresionante, culpó al actual gobierno griego de la montaña de deuda del país y del colapso económico ulterior. ¿Acaso él, o Europa, necesitan que se les recuerde que Syriza sólo ha estado en el poder desde febrero de 2015?

Pero hay otra verdad que acecha detrás de la verborrea condenatoria, a saber, que gran parte de la deuda griega se ha incurrido fuera de la vista del público y que queda por saber si las partes involucradas - tanto la griega como las otras - fueron capeando y redirigiendo la legislación griega para desviar la responsabilidad de las transacciones privadas hacia el Estado heleno. Esto es al menos lo que sugiere la Comisión de la Verdad creada por el actual gobierno griego para examinar la validez de la deuda pública. Vale la pena leer el informe de la Comisión de la Verdad, ya que describe con cierto detalle la responsabilidad conjunta del anterior gobierno griego y la Troika en la crisis actual y aclara también el mecanismo por el que "... la mayoría de los fondos tomados en préstamo se ha transferido directamente a las instituciones financieras ..." con pocas o ninguna referencia a la capacidad del gobierno griego para hacer frente al pago de los intereses de la deuda o a su impacto en la población.

El voto

Antes del referéndum, las acusaciones dirigidas a Grecia de complacencia, mala fe, irresponsabilidad, pereza, etc. se convirtieron en lugar común entre los que buscan desviar la atención ante las responsabilidades de la Troika en el desastre. Y, como suele ocurrir, los medios de comunicación se inclinaron debidamente ante el poder y las finanzas - la BBC inclusive. Era de suponer que el pueblo griego, ante el peso de la opinión internacional, sentaría la cabeza y votaría a favor de tragarse su porción de cicuta. Incluso las encuestas de opinión anteriores al referéndum apuntaban a una victoria del SI – o, por lo menos, a un resultado ajustado, lo que plantea dudas acerca de la neutralidad de los encuestadores contratados por los medios de comunicación.

Lo que se nos ha dicho en general a raíz del NO, además de expresiones de sorpresa y consternación, es que los griegos votaron por un falso sentido de orgullo y dignidad - en otras palabras, con el corazón en lugar de la cabeza. Al parecer, los dos órganos funcionan por separado; aunque se supone que, en cuanto al dinero se refiere, la cabeza gobierna por interés propio - a menos que, por alguna razón, se haya distraído en el momento decisivo y dejado al mando el corazón. Hay un montón de simplezas de este tipo disponibles en internet.

Me gustaría sugerir una interpretación alternativa del NO griego, a saber, que está en línea con las numerosas protestas en la calle y las "rebeliones", grandes y pequeñas, que han tenido lugar en los últimos años; y en línea también con el auge de los partidos no tradicionales como el Scottish National Party (SNP) en Escocia, Podemos en España y la propia Syriza en Grecia, e incluso de algunos partidos de derecha como el United Kindom Independence Party (UKIP) en el Reino Unido y el Frente Nacional en Francia, cuyos miembros comparten – como mínimo - una hostilidad indesmayable al neoliberalismo en su más pura formulación - en otras palabras, a la entrega del progreso y el bienestar humano a las fuerzas sin límite del mercado.

Porque lo que el pueblo griego – como muchos otros – sabe es que el mercado, y sus elementos financieros, no actúan ni tienen la intención de actuar en interés de los griegos. Tanto ellos como nosotros sabemos también que la Troika, junto con la mayoría de los gobiernos e instituciones occidentales, están sujetos a ese mercado y a la élite de sus representantes, entre los que se cuentan, a todos los efectos, los altos burócratas y los ministros de estado del mundo occidental.

Lo que los griegos han hecho con su negativa a doblegarse ante los euroenanos, es infligir una pequeña pero dolorosa herida en el cuerpo político neoliberal de Europa. Se han rebelado. Y ahora, a todos los que creemos, como reza el lema del Foro Social Mundial, que un mundo mejor es posible, nos toca apoyarles.

 

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