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Los Juegos Olímpicos de Río y la injusticia socio-espacial

¿Es lícito transferir recursos de los intereses públicos a los privados? Los Juegos Olímpicos desvelaron las profundas contradicciones socioeconómicas y políticas de Brasil y ayudaron a legitimar esa transferencia de recursos. Português English

Michel Nicolau Hyun Bang Shin
7 March 2017
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Rio de Janeiro. Mike Egerton/PA Wire/PA Images. Todos los derechos reservados.

En noviembre de 2009, The Economist dedicaba a Brasil una portada (aquí). El Cristo Redentor representaba un cohete y, en grandes letras, titulaba: "Brasil despega". Los Juegos Olímpicos eran el momento idóneo para que el mundo pudiera verlo. Justo después de que se anunciase que Río sería  la ciudad anfitriona de los Juegos de 2016, el ex presidente Lula daba una entrevista en la que repetía, de muchas maneras distintas, la misma idea (aquí): "Ha llegado la hora de celebrar que Brasil ha dejado de ser un país de segunda clase para convertirse en un país de primera”; "El mundo finalmente ha reconocido que este es el momento y el turno de Brasil"; "Río de Janeiro y Brasil han demostrado al mundo que hemos conquistado la plena ciudadanía. Nadie tiene ya dudas acerca de la grandeza económica brasileña, de su grandeza social". Los Juegos Olímpicos de Río, por consiguiente, formaron parte de un rebranding no sólo municipal sino nacional, que venía a confirmar la eclosión de un nuevo Brasil. Dicho rebranding no era algo excepcional en el caso de Río, ya que cada ciudad anfitriona suele asociar sus enseñas y colores a los del evento (aquí, el caso de Beijing). En Río, esta fusión sirvió para impulsar y promover una transformación urbana sumamente concentrada y desigual.

Han transcurrido seis meses desde el día en que se apagó la llama olímpica de Río de Janeiro y quedan pocos rastros de aquel optimismo inicial. Hace dos años que la economía brasileña atraviesa una profunda depresión y millones de personas han vuelto a la pobreza por el aumento del desempleo. Una presidenta elegida, Dilma Roussef, ha sido apartada de su cargo tras un golpe parlamentario y sustituida por Michel Temer, un presidente al que nadie ha votado. Lula no hizo acto de presencia en unos Juegos que estaba tan orgulloso de haber conseguido para Brasil. El nombre de Michel Temer ni siquiera fue anunciado en la ceremonia de apertura, ya que los organizadores querían evitar los silbidos y protestas del público.

Los Juegos Olímpicos de Río fueron, de hecho, el momento en que se desvelaron las profundas contradicciones socioeconómicas y políticas de Brasil. El auge del nuevo Brasil de los años 2000 era visto cada vez con más descontento por parte de las élites y las clases altas, contrarias al drenaje de recursos nacionales a beneficio de la "mayoría de la nación". En este sentido, el impeachment de Dilma Roussef supondría la culminación del surgimiento de estas fuerzas reaccionarias, que veían en los Juegos Olímpicos y en el branding nacional una legitimación - no deseada - de las políticas inclusivas de los anteriores gobiernos del Partido de los Trabajadores (PT). Por otra parte, a ojos de las clases bajas, el gasto "extravagante" en instalaciones e infraestructuras se percibía como revelación de la persistente injusticia social y espacial existente en el país, lo que ponía en entredicho la legitimidad de los gobiernos que apoyaban los Juegos. Desde su clausura, el país ha experimentado un movimiento sorprendentemente reaccionario que se ha visto realzado con la aprobación de varias leyes que parecen devolver el país a su pasado. De hecho, el futuro de Brasil parece destinado a asemejarse mucho al pasado.

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Imagen 1: El 84% de los costes directos relacionados con los Juegos se invirtió en Barra Da Tijuca, donde se ubicaron el Parque Olímpico y la Villa Olímpica. Foto por Nicolau/Shin. Todos los derechos reservados.

Los movimientos sociales, desde hace mucho, han denunciado los costes humanos que implican el desarrollo urbano y la reurbanización asociados a los mega-eventos. Según se informó, 77.000 familias en Río se vieron desplazadas por la preparación para los Juegos Olímpicos (aquí). Se trata de un número muy inferior al que arrojaron otros mega-eventos en países no occidentales (en Beijing, por ejemplo, hubo 1,5 millones de personas desplazadas), pero sigue siendo elevado para un país que promulgó el Estatuto de Ciudad, con rango de ley federal, para garantizar el "derecho a la ciudad'. En las favelas que se seleccionaron para ser desalojadas, pacificadas y mejoradas se está asistiendo al aumento de los alquileres, lo cual actúa como elemento de presión que fuerza el desplazamiento de los residentes pobres.Los Juegos Olímpicos han sido una oportunidad para promover la gentrificación de los barrios marginales. Un buen ejemplo de ello es la destrucción de la comunidad de Vila Autódromo, que solía albergar a cerca de 550 familias de clase baja en una zona limítrofe del Parque Olímpico en Barra da Tijuca (aquí).

El gobierno hizo todo tipo de esfuerzos para desalojar a estas familias: desde cortar servicios públicos esenciales hasta marcar las casas susceptibles de ser derribadas. Finalmente, sólo unas 30 familias permanecieron en el lugar, aunque con los lazos sociales de la comunidad hechos añicos. A las familias desplazadas se les ofreció una compensación monetaria o una reubicación en apartamentos del programa federal de vivienda, Minha Casa Minha Vida. Dado que la compensación monetaria era muy baja, muchas familias optaron por los pisos. 400 familias de la Vila Autódromo se trasladaron a estos apartamentos, ubicados en una zona llamada Parque Carioca. La zona está a sólo 1 km de Vila Autódromo, pero los pisos son más pequeños que los que tenían antes y las infraestructuras más escasas (aquí). Aunque lo que los residentes lamentan más es la falta de negociación con el alcalde de Río y las presiones que sufrieron para salir de la zona. De hecho, los residentes presentaron un plan de regeneración de esta área, elaborado con la colaboración de académicos y que ha sido premiado internacionalmente, pero que no ha sido nunca tomado en consideración por parte del alcalde de Río.

La inequidad presidió también las infraestructuras. Aunque los Juegos tuvieron lugar en cuatro áreas (Barra da Tijuca, Deodoro, Copacabana y Maracanã), el 84% de los costes directos relacionados con los Juegos (2.200 millones de dólares) se invirtió en Barra Da Tijuca, donde se ubicaron el Parque Olímpico y la Villa Olímpica (ver Imagen 1). En cuanto al gasto en legado (7.800 millones de dólares), el 31% se utilizó para construir una línea de metro que une la parte sur de Río con Barra da Tijuca, mientras que otro 33% se destinó a la regeneración de Porto Maravilha, cerca de Maracanã, en el centro de la ciudad (los números oficiales, aquí).

Queda claro que Barra da Tijuca recibió el grueso de las inversiones, tanto públicas como privadas, relacionadas con los Juegos Olímpicos. Esta zona, a la que se ha dado en llamar el Miami brasileño, es un área de desarrollo reciente que en las últimas décadas ha atraído a residentes de clase alta y media alta. También es el área donde se han instalado nuevos centros de negocios donde recalan la mayoría de los congresos y convenciones que se celebran en Río. La Villa Olímpica se construyó con la intención de proporcionar unidades de vivienda para la venta a futuros residentes de las clases pudientes. Como supuestamente confesó el dueño de las tierras donde se construyó la Villa Olímpica y miembro del consorcio encargado de construir y vender dichas unidades: "¿cómo vas a poner a los pobres aquí?" (aquí) – o sea, en un área destinada a los ricos. Esto explica por qué la favela Vila Autódromo tuvo que ser desalojada (aquí).

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Imagen 2: Bulevar Olímpico en el que tuvieron lugar la mayor parte de las actividades culturales del evento. Foto por Nicolau/Shin. Todos los derechos reservados.

 La preparación de los Juegos también vio el auge de la economía simbólica que impulsa la gentrificación, como ejemplifica la regeneración de Porto Maravilha. Durante décadas, el área había sido habitada por personas de clase baja. Debido a su importancia histórica y su ubicación estratégica como puerto en el centro de la ciudad, fue objeto de una transformación total que conllevó el desplazamiento de los residentes. Se convirtió en un área de actividades culturales y de entretenimiento. Durante los Juegos Olímpicos, hubo allí el denominado Bulevar Olímpico (ver Imagen 2), en el que tuvieron lugar la mayor parte de las actividades culturales del evento. Entre ellas, los programas de branding de los patrocinadores del Comité Olímpico Internacional (COI) y el Comité Olímpico Local (LOC): el "Museo del Valongo" (nuevo museo dedicado a la llegada de los primeros esclavos a Brasil) y el enorme "Museo del Mañana", que lleva la firma del célebre arquitecto Santiago Calatrava. Fue a través de este área donde circuló la nueva línea de tranvía (ver Imagen 3) construida para los Juegos Olímpicos y que se utilizó como símbolo de la modernidad de Río.

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Imagen 3: La nueva línea de tranvía construida para los Juegos Olímpicos y que se utilizó como símbolo de la modernidad de Río. Foto por Nicolau/Shin. Todos los derechos reservados.

Quizás sea pronto todavía para dar cuenta del destino definitivo de las instalaciones e infraestructuras de los Juegos. La actual crisis económica y política conlleva incertidumbres. Pero ciertas evidencias señalan la aparición del síndrome del elefante blanco en Río, con una serie de instalaciones clave de los Juegos que ya muestran cierto estado de deterioro y abandono (aquí). El estadio de Maracanã, uno de los estadios de fútbol más prestigiosos del mundo, sigue en malas condiciones y sin mantenimiento desde los Juegos Olímpicos, situación que se ha visto agravada por la terminación anticipada del contrato del consorcio que debía dirigir el estadio en los próximos 30 años.

El estadio permanece cerrado desde los Juegos y se está deteriorando. Tampoco se ha utilizado el Parque Olímpico de Barra da Tijuca tras los Juegos. Se esperaba que empresas privadas asumieran la gestión de algunas de sus arenas, pero hasta el momento nadie ha mostrado interés en ello. El gobierno federal se ha hecho cargo de la gestión de estas arenas, pero todavía no les ha asignado uso alguno. Tampoco se ha llevado a cabo, por falta de recursos, el desmantelamiento y reensamblaje de otras estructuras temporales para su uso en otros lugares: este es el caso de la Arena do Futuro, que se ideó para que pudiera convertirse en cuatro centros escolares.

Porto Maravilha es el resultado de una iniciativa público-privada. Según datos oficiales, el 93% de sus costes lo aportaba capital privado. Sin embargo, la inversión 1) ha sido posible gracias a la financiación pública; 2) da derecho a las empresas privadas a construir por encima del límite de altura del área y a estudiar las posibilidades de ampliación de la explotación económica de la zona; y 3) da derecho a las empresas privadas a gestionar la zona. En resumen, el embellecimiento de Porto Maravilha ha comportado la transferencia de funciones públicas a empresas privadas. La inversión en transporte público, como la línea de metro de Ipanema a Barra da Tijuca y la línea de BRT (Bus Rapid Transit), que podía haber favorecido la movilidad de los cariocas, se planificó básicamente para interconectar las sedes de los Juegos.

La transformación urbana relacionada con los Juegos ha representado una fortísima concentración de capital a beneficio de las clases altas. La crisis fiscal que ha azotado al estado y la ciudad de Río ha hecho que esta concentración sea todavía más acusada. Pocas semanas antes del comienzo de los Juegos, el gobernador de Río declaraba el estado de emergencia. Los Juegos Olímpicos eran la excusa. Con esta declaración de emergencia, el gobernador tenía como objetivos: 1) una mayor transferencia de recursos del gobierno federal al estado; y 2) obtener permiso para "tomar las medidas excepcionales necesarias para racionalizar todos los servicios públicos esenciales con motivo de los Juegos Olímpicos y Paralímpicos Río 2016" (aquí). En otras palabras, con el estado de emergencia se daba permiso al gobernador para desviar recursos destinados a hospitales y escuelas y a utilizarlos para garantizar la prestación de los servicios previstos durante los Juegos. Pero lo que es más importante: los Juegos Olímpicos ayudaron a legitimar un discurso según el cual, en determinados momentos, es lícito transferir dinero de los intereses públicos a los privados, de las clases inferiores a las clases altas, de las áreas pobres a las ricas.

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