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México, verdades asesinas

El brutal asesinato del fotoperiodista Rubén Espinosa es la última de una larga serie de ejecuciones. Pero la comunidad internacional sigue malinterpretando las formas en que la violencia política se ejerce en México. English.

Jos Bartman
26 August 2015
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México exige justicia. Rubén Espinoza. Todos los derechos reservados.

El día 31 de julio de 2015 el fotoperiodista Rubén Espinosa fue torturado y asesinado en una casa en la Ciudad de México. Sus 4 compañeras, incluida una activista de Veracruz, fueron violadas, torturadas y asesinadas. Aunque Veracruz, la ciudad en la que Espinosa trabajaba, es conocida por ser entorno hostil para periodistas y activistas, esta es la primera vez en la que un periodista de Veracruz ha visto su seguridad comprometida en la capital. El asesinato de Espinosa demuestra no sólo la desesperada situación de los periodistas en México, sino también la forma en la que democracias formales como la mexicana se enfrentan a sus opositores políticos.

Según Artículo 19, la organización internacional que promueve la libertad de prensa, Espinosa es el doceavo periodista originario de Veracruz que ha sido asesinado desde 2010. En función de ese número, Veracruz merece el título de estado más peligroso para periodistas en México y, según Reporteros Sin Fronteras, uno de los lugares más peligrosos del mundo.

Mientras que el clientelismo, la corrupción y un clima de miedo han conseguido que tan sólo un pequeño número de periodistas critiquen abiertamente el gobierno federal, aquellos que deciden hacerlo esperan el mismo destino: hombres enmascarados llaman a la puerta, siguen tortura, violación y asesinato, y todo acaba con un comunicado del fiscal-jefe federal que enfatiza que el asesinato no responde necesariamente a motivos políticos. En otras palabras, la víctima estaba en el lugar erróneo en el momento equivocado.

Recientemente, un equipo de periodistas de investigación descubrió que la policía de Veracruz mantuvo un archivo secreto sobre 20 activistas clasificados como “riesgos para la seguridad”. Es una lista de nombres que se asemeja a las víctimas de Veracruz: personas que han criticado abiertamente el gobierno local y que publicaron sobre la corrupción y la represión del gobierno. Queda claro que los recientes asesinatos, además  del de Espinosa, responden a motivos políticos. Organizaciones de derechos humanos como Amnistía International y organizaciones de derechos civiles como el Artículo 19 reconocen este hecho. Pero políticos y comentaristas por todo el mundo continúan malinterpretando la naturaleza de esta represión. 

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Mural en Veracruz pintado por un colectivo de artistas y periodistas. Algunos derechos reservados.

Por ejemplo, el ministro de asuntos exteriores de los Países Bajos, Bert Koenders, elogió al gobierno mexicano por su promoción internacional de los derechos humanos, tras su última visita diplomática  a ese país. Comentó en rueda de prensa que los Países Bajos y México se parecen cada vez más en sus ambiciones políticas. Koenders resaltó que México quiere aumentar su responsabilidad en la promoción de la paz y la seguridad en el mundo- apoyando las misiones de paz de la ONU. Describió además como “admirables” los esfuerzos del gobierno mexicano por superar los problemas internacionales relativos a la droga. Esto, mientras numerosos periodistas, que investigaron las conexiones entre políticos y carteles de la droga, han sido brutalmente asesinados. Las declaraciones de Koenders ejemplifican la manera en que los responsables políticos se refieren exclusivamente a la posición oficial de un país con respecto a los derechos humanos, ignorando los hechos empíricos. 

Las organizaciones de derechos humanos y de derechos civiles son menos benevolentes ante la actuación del gobierno mexicano, e intentan reiteradamente presionar el gobierno para acabar con las muertes extra-judiciales de periodistas y activistas. Esto se hace especialmente difícil debido a que la represión que el Estado mexicano ejerce sobre los disidentes se realiza de manera  descentralizada. Pero parte de la culpa relativa a la malinterpretación de la represión debe ser también cargada a organizaciones no gubernamentales. Uno de los más influentes “watchdogs”, Freedom House, evalúa el cumplimiento de los derechos civiles y libertad política en México como estándar, en contraste con China, cuya evaluación en dicha clasificación es muy negativa. La razón por la cual Freedom House es relativamente generosa con México es la misma por la que el ministro de asuntos exteriores holandés habla positivamente de las ambiciones políticas del gobierno Mejicano: ambas se refieren a las políticas oficiales declaradas por sus gobernantes, pero no a su práctica real.

El tipo de evaluación llevada a cabo por Freedom Housese fija sobre todo en las libertades legales de que disfrutada un país, tales como el derecho a participar libremente en las elecciones o el derecho a ejercer el  periodismo sin ser acosado. Efectivamente, comparado con China, en México estas libertades están razonablemente bien protegidas por la ley. Pero estas mediciones no dicen mucho sobre la manera en que dichos países cumplen con estas normativas legales. La consecuencia es que países como China, donde opositores políticos son perseguidos directamente a través de la ley nacional, obtienen peores ratings que aquellos donde los opositores políticos son torturados y asesinados en sus propias casas.

En países donde los gobernantes no disponen de instrumentos formales para reprimir a los opositores políticos, a menudo ponen en marcha instrumentos alternativos: el ejercicio de la represión a través de la colaboración con el crimen organizado, por ejemplo, mientras los políticos federales miran hacia otro lado. Cualquier solución debe separar la expresión formal de la represión política de la forma en que en realidad esa represión se ejerce, definir represión como una forma de intolerancia total frente a la oposición política y estar dispuesta a reconocer la forma en que esa represión es ejercida en realidad. Si usamos este nuevo enfoque, puede que se entiendan mejor estas nuevas y más opacas formas de represión.

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