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Nixon Boumba: hay que romper el aislamiento de Haití

Haití atraviesa un importante ciclo de protestas, que se sincroniza con otras importantes movilizaciones en toda América Latina. Francesc Badia entrevista a Nixon Boumba sobre cómo salir de una dinámica perversa que atenaza y aísla al país caribeño. English

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Nixon Boumba Francesc Badia i Dalmases
7 November 2019
Protestas a nivel nacional contra la corrupción estallaron el 9 de junio, exigiendo que el presidente renuncie luego de los informes más recientes publicados que lo implicaron formalmente en la malversación de miles de millones de dólares de Petrocaribe.
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Foto: SOPA Images / SIPA USA / PA Images. Todos los derechos reservados.

Francesc Badia: ¿Son las manifestaciones en Ecuador un “déjà vu” para los haitianos? El aumento de los precios del combustible en julio de 2018 desencadenó un ciclo de protestas que aún continúan hoy en día. Pero más allá del precio de los carburantes, ¿se concentran las protestas en exigir la renuncia del presidente por los escándalos de corrupción? ¿Cuáles son los elementos clave de estas protestas?

Nixon Boumba: Los acontecimientos en Ecuador, y lo que ha estado sucediendo en Haití durante años reflejan la voluntad y la necesidad de un cambio de paradigma que está llevando a la gente a protestar.

En julio de 2018 se iniciaron movilizaciones en Haití por el aumento de los precios de la gasolina (al mismo nivel que en Ecuador) y también bajo la misma presión del FMI, que exige que se recorten los subsidios a los precios de la gasolina. Se trata, en efecto, de movilizaciones muy fuertes.

En Haití, recientemente el país estuvo totalmente bloqueado durante cuatro días y el presidente incluso desaparece durante tres días a la semana porque ya no puede viajar por la ciudad. La solicitud de salida del Presidente por corrupción y su comportamiento hacia Venezuela (firmó un acuerdo con PDVSA, la petrolera estatal venezolana), y las desigualdades sociales también son factores muy importantes para las protestas.

La cuestión fundamental no es sólo echar al Presidente –que acumula muchos casos de corrupción, que tiene contactos con narcotraficantes, que ha contribuido a la "gangsterización" de la sociedad– sino que se trata de cambiar el sistema.

Este es un tema muy importante, pero complicado, porque el sistema en Haití está dirigido por un Estado represivo. Tenemos a toda una nación en contra de ese Estado, especialmente en el sentido de que el gobierno maneja sus propias conexiones con el resto de sus contrapartes en la región, en Europa o en los Estados Unidos, pero no se ocupa de los haitianos.

Todo esto está ocurriendo a diez años de los terremotos que devastaron el país y muy pocas personas pueden decir dónde ha ido a parar la enorme cantidad de dinero que llegó de donantes extranjeros para la reconstrucción del país. Pero desde septiembre de 2018, la pregunta es: ¿dónde está el dinero de PetroCaribe, la empresa petrolera estatal haitiana?

El pueblo ahora desafía y desafía al Estado, a la burguesía y a la comunidad internacional, que se comporta como una comunidad colonial. Estamos atravesando una larga crisis porque ha habido capacidad de reacción de la gente y su voluntad de responder a los problemas que han surgido. Las cuestiones que se plantean son las de la justicia y la igualdad social, la necesidad de poner fin a este Estado depredador, la necesidad de poner fin a la injerencia internacional y la necesidad de que el pueblo se encargue de tener un futuro fuera de esta injerencia y de esta relación colonial.

Desde el 2010 y desde el desastre de la gasolina, ha habido muchos cambios en el país –con el terremoto y sus devastadoras consecuencias cambiamos totalmente el sistema político y democrático. A nivel político, económico y cultural, el desastre fue mucho mayor que el propio terremoto. Fue Hillary Clinton en 2010 quien decidió quién sería presidente. En 2014 también hubo muchas movilizaciones porque la gente ya estaba tomando conciencia y diciendo que ya no queremos estar debajo de la influencia colonial, de Clinton y de Estados Unidos. El 22 de enero hubo una gran manifestación en la que se destruyó parte del centro de Puerto Príncipe, incluido el distrito de Pétion-Ville, donde viven las élites, los ricos y muchos diplomáticos.

El presidente fue elegido con menos de quinientos mil votos, mientras que el número de personas que podían votar era de seis millones. Se donaron 13.000 millones de dólares para la reconstrucción de Haití que no contribuyeron a nada (las condiciones de vida de los haitianos no han mejorado).

Así que, sí, fue el aumento de los precios del combustible, la interferencia del FMI, el enfoque de extrema derecha del presidente y la cuestión del presupuesto lo que causó todas estas movilizaciones.

El presidente fue elegido con menos de quinientos mil votos, mientras que el número de personas que podían votar era de seis millones.

FB: ¿Cuál cree que es el futuro del presidente haitiano y de la democracia haitiana?

NB: El presidente ya no está al mando porque está ausente y no dirige nada, en el sentido de que está tan bloqueado y ya no puede hacer ciertas cosas. No podía asistir a las sesiones parlamentarias, no controla nada, las huelgas paralizaron el país durante cuatro días.

Estamos en un país donde en realidad sólo hay dos días donde se opera con normalidad. El presidente sigue siendo apoyado y mantenido en el poder por los Estados Unidos, porque fueron los Estados Unidos los que lo llevaron al poder. Sin embargo, hace unos días, la oposición creó una comisión para facilitar el poder de transición a fin de organizar una salida ordenada para el presidente.

También hay organizaciones civiles que han creado un "puente" cuya misión es organizar una salida ordenada del presidente con un mandato y una hoja de ruta para el futuro (el propio presidente ha creado una comisión con sus familiares). La cuestión importante para el futuro es el hecho de que Jovenel Moïse representa a Haití, colocado en el poder por el ex presidente Michel Martelly, y ha malgastado los cinco mil millones de fondos del petróleo.

Pero el clan Martelly, el clan Clinton y el establishment estadounidense (y Marco Rubio, el senador por Florida que controla e influye en la política norteamericana de América Latina) quieren mantener al presidente en el poder. Incluso intentaron enviar mercenarios estadounidenses a Haití en febrero, cuando se intensificaron las protestas. La policía haitiana los arrestó, pero la Embajada de los Estados Unidos los liberó y pudieron ser repatriados sin ser llevados ante la justicia. Estos clanes han gangsterizado nuestro territorio como una zona de guerra, como un mercado para el comercio de armas estadounidense.

Hay elementos capaces de inspirar un proyecto democrático alternativo mucho más interesante y sostenible para el pueblo haitiano. Hay esperanza, pero también hay desafíos. Debemos tener una visión que vaya más allá de los problemas a los que nos hemos enfrentado, y que están bloqueando una salida verdaderamente democrática para Haití.

El presente y el futuro de Haití pasa por integrarse mejor en los movimientos regionales y mundiales de solidaridad y progreso y superar el aislamiento que solo beneficia a unos pocos

FB: Los estados latinoamericanos están aislando a Haití del debate regional, así que ¿cómo hacer que Haití no permanezca ausente y tenga una voz a escala latinoamericana?

NB: Haití es como una isla perdida, ignorada en un océano gigante en medio del Caribe. Es el único país que habla creole y francés (una minoría). Haití ha estado aislado del resto de América Latina durante toda su historia y sobre todo a partir de su rebelión, pero también porque significado un verdadero proyecto emancipatorio que el mundo colonial occidental nunca ha tolerado.

Todo lo que está sucediendo en Haití está siendo aislado y oscuredido a propósito del resto del mundo. Pero debemos abrir los ojos a la realidad haitiana y difundir más información sobre lo que está sucediendo aquí porque estamos dando los primeros pasos para intentar integrarnos más en la comunidad latioamericana.

Gracias a la lengua francesa, la situación en Haití puede ser comentada en el resto del mundo y se pueden superar algunas barreras (aunque la mayoría de los haitianos no hablan francés). Realmente, hoy necesitamos hacer un esfuerzo para difundir lo que está sucediendo en Nicaragua, Ecuador, Haití y otros países como un fenómeno regional, y hay que tratar de crear una agenda regional e internacional para la acción, y para que podamos aprender a ayudarnos mutuamente en nuestras causas.

Todo esto es lo que puede volver a poner a Haití en la hoja de ruta de la agenda latinoamericana, pero también en el debate mundial. Hay que combatir toda una trama para evitar que la situación en Haití se dé a conocer en diferentes partes del mundo.

El presente y el futuro de Haití pasa por integrarse mejor en los movimientos regionales y mundiales de solidaridad y progreso y superar el aislamiento que solo beneficia a unos pocos, siempre los mismos. Pero estamos dando los primeros pasos.

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