democraciaAbierta: Opinion

No nos pueden robar la alegría: autoritarismo y efervescencia colectiva en Chile

Incluso en medio de gases lacrimógenos y violencia del estado, se puede sentir el entusiasmo por una alternativa al neoliberalismo en todo Chile. English

Macarena Gómez-Barris
6 February 2020
Manifestantes en Santiago de Chile muestran los abusos cometidos por las fuerzas de seguridad del estado, 29 de noviembre de 2019
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Federico Rotter/NurPhoto/PA Images

El 18 de octubre de 2019, el presidente chileno Sebastián Piñera ordenó un aumento del 3% en las tarifas del metro, lo que provocó protestas masivas en Santiago con más de 1,2 millones de participantes. En una sociedad en la que el 33% de la riqueza de la nación está en manos del 1% más rico, y en la que los exoficiales militares y una pequeña élite controlan la mayoría de los recursos naturales que quedan en el país, el alza de tarifas de Piñera produjo lo que se convirtió en un lema clave del movimiento: "Chile despertó."

Desde octubre, las movilizaciones masivas se han expandido a todas las ciudades de Chile, produciendo un movimiento social transformador que ha tenido resonancia a nivel local, nacional y global.

Recientemente, estuve en Punta Arenas y noté que hasta en el extremo sur del país, cientos de manifestantes participaban activamente en enfrentamientos con la policía militar, derribando monumentos coloniales y atacando las instituciones culturales de la ciudad con inscripciones revolucionarias. Ciertamente, el movimiento ha llegado a todos los sectores de la sociedad chilena y presenta una oportunidad incierta, pero esperanzadora, para deshacer los excesos y fracasos del neoliberalismo.

Estatua del Explorador Portugués Magallanes Ferdinand, Punta Arenas, Chile | Macarena Gómez-Barris

Violencia avalada por el Estado

Inmediatamente después de la subida de tarifas, docenas de estaciones del metro de Santiago fueron quemadas. Piñera culpó a los manifestantes por el incendio ilegal en una campaña mediática bien coreografiada, y declaró un estado de emergencia en el país. Muy similar al período autoritario de Pinochet (1973-1990), Piñera también usó una retórica alzada en sus discursos nacionales donde se refirió explícitamente a los manifestantes como "el enemigo del Estado".

En los cuatro meses desde el comienzo de las protestas, el gobierno de Piñera, el aparato de seguridad del país y los seguidores de la derecha, han mostrado mayores similitudes con el régimen de Pinochet - al criminalizar la disidencia a través de la invocación de leyes antiterroristas y el despliegue de la policía militarizada. En videos caseros difundidos a través de las redes sociales, se podía ver a policías uniformados - tipo robocop - deambulando por las calles de Santiago, donde entraban en barrios marginados, saqueaban las casas y golpeaban a los residentes frente a familiares y vecinos aterrorizados. Utilizando vehículos blindados con vidrios polarizados, estos policías arrestaban a aquellos que consideraban "vándalos" o "delincuentes", a menudo sin evidencia de que hubieran cometido un delito. Piñera negó tal evidencia visual al calificar los informes como "noticias falsas", lo que desató más furia y aún más protestas.

Un rasgo característico de los últimos meses es la generalización de la violencia y la impunidad, sancionadas por el estado. Las fuerzas de seguridad chilenas han detenido, torturado y mutilado a decenas de miles de manifestantes, y han asesinado a docenas de ellos. Según un informe de treinta páginas publicado el 13 de diciembre de 2019 por el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, más de 28.000 personas fueron detenidas entre el 18 de octubre y el 6 de diciembre. El informe también documenta cómo la tortura, la violación, el abuso y el asesinato han sido utilizados sistemáticamente como armas de represión.

En lo que muchos describen como una epidemia, docenas de personas han perdido la vista debido a las balas de goma y a los cartuchos de gas lacrimógeno. Tal como lo mencioné en 2018, antes de esta epidemia, los jóvenes mapuches perdían la vista con regularidad frente a las fuerzas de ocupación del estado chileno sobre los territorios indígenas que habían sido privatizados para la explotación forestal.

Por lo tanto, contrario a la narrativa mediática dominante, el estado chileno y su aparato militar no han realizado nuevas formas de violencia, sino que han intensificado y transferido las prácticas violentas contra los Mapuches a los centros urbanos de la nación. Hasta la muerte de Camilo Catrillanco, joven y campesino indígena, el 18 de noviembre de 2018, la violencia sistemática contra los pueblos indígenas desde el período de "transición a la democracia" en los 90, era vista en gran medida con indiferencia e impunidad.

Aunque la mayoría de los analistas no están de acuerdo con este punto, aparentemente el gobierno del Presidente Piñera ha sido deslegitimado por el tamaño y la fuerza de la coalición de la oposición. La utilización masiva de tácticas represivas por parte del estado revela las debilidades del actual modelo de democracia. En cambio, se ha producido una profundización de la democracia y del poder horizontal a través de cientos de movilizaciones en todos los sectores, géneros, clases sociales y generaciones de la sociedad chilena.

"Chile fue donde nació el neoliberalismo, y en Chile es donde morirá"

Desde 2006, las movilizaciones masivas se han basado realmente en los recientes movimientos sociales contra la deuda y la privatización de la educación. Posteriormente, las asambleas constituyentes fortalecieron el sentido de comunidad y participación, evitando la fragmentación y desarticulación social que caracterizó el período durante y después del gobierno de Pinochet. También hay que reconocer que el nuevo movimiento no ha tenido líderes, lo que hace muy difícil cooptar o corromper los intereses individuales por encima de los colectivos. Asimismo, el movimiento no se ha articulado a través de las preocupaciones sobre un solo tema, sino a través de una agenda expansiva y transformadora que tiene como objetivo cambiar el modelo económico, político y legal de la élite del estado-nación, comenzando con el proyecto aún por venir de reescribir la Constitución chilena que fue dejada en su lugar por Pinochet en 1980. La frase "Chile fue donde nació el neoliberalismo, y en Chile es donde morirá" encapsula el sentimiento de que el modelo político-económico del capitalismo global le ha fallado a la mayoría.

La diversidad del movimiento es evidente en el fenómeno de "Un violador en tu camino", conocido también como "El violador eres tú", letra que fue escrita y coreografiada por el grupo feminista chileno "Colectivo LaTesis". Se realizó con cientos de veces en Chile y en todo el mundo, y su objetivo era denunciar el feminicidio, la agresión sexual, la autoridad patriarcal, las desigualdades de género y el poder del Estado, objetivos que fueron cuidadosamente articulados dentro del esfuerzo más amplio para lograr una transformación social, política y económica duradera. La mera exhibición pública de cientos de miles de activistas feministas inquebrantables hizo visible la inmensa fuerza y el fundamento feminista del movimiento actual.

Nuestras hermanas de Chile, @lastesisoficial, nos guiaron en el poderoso y catártico mantra, "El Violador En Tu Camino" afuera de la Casa Blanca. Nombrar al depredador. Culpar al sistema. Salar la tierra. Video por @vsancho #LasTesis #WomensMarch2020

Estética revolucionaria

El pasado mes de diciembre, asistí diariamente a las protestas en la Plaza Dignidad de Santiago, antes llamada Plaza Italia. Los indicadores visuales de una cultura de protesta estaban en todas partes y variaban desde insignias artísticas anarquistas e imágenes creativas pegadas en las paredes, hasta un enorme mercado informal donde se vendían pancartas, máscaras y baratijas de colores del emblemático perro del movimiento "Matapacos". Los signos de los mártires de la lucha, de los encarcelados y de los desaparecidos, también estaban presentes. La música, las conversaciones y la comida gratis llenaron los espacios verdes, y se llevaron a cabo grupos de conversaciones multigeneracionales en todo el Parque Forestal, el parque extenso situado a lo largo del deteriorado río Mapocho, junto a y debajo de, la Plaza de la Dignidad. En ese espacio, había cientos de banderas del Wallmapu que representan a la nación indígena mapuche, las cuales se convirtieron en el nuevo símbolo del levantamiento.

El arte de la protesta en la Plaza Dignidad, Santiago | Macarena Gómez-Barris

Uno de los aspectos menos enfatizados de la cultura de protesta reciente en Chile es la abundancia de prácticas artísticas, grafiti, moda callejera, parodias de video, actuaciones y actividades en las redes sociales que han generado una vibrante estética revolucionaria. La utilización de láser verde para derribar drones de vigilancia, máscaras de gas y paraguas se basan en las innovaciones de las protestas de Hong Kong, sin dejar a un lado importantes elementos de la cultura chilena local. Por ejemplo, mientras caminaba hacia la Plaza Dignidad, vi a dos mujeres jóvenes interpretando el baile nacional de la cueca con música punk-en-español. En lugar de usar el pañuelo blanco tradicional para el baile, utilizaron un pañuelo verde que se ha convertido en un símbolo de las luchas del sur global por los derechos sexuales y reproductivos. La pareja del mismo sexo actuó un alegre trastorno de la cultura patriarcal y de la construcción de la nación criolla. Aunque pasé varios días hablando con la gente sobre sus motivos, esperanzas y temores para este período, era imposible imaginar quedarme día tras día en un ambiente tan cargado de químicos, como muchos ya habían soportado.

Mientras mis ojos y mi garganta ardían con gas lacrimógeno, me imaginaba el valor y el sentido de propósito colectivo que se necesitaba para combatir la tóxica presencia policial constante. Los cientos de manifestantes que defienden la primera línea, o la primera línea de defensa, en las batallas callejeras con la policía en la Plaza Dignidad, Vicuña Mackeena y Baquedano, son reconocidos por el movimiento. En esta rebelión altamente organizada, hay una fuerte división de roles, trabajo y sentido de compromiso social.

Lo que ha faltado hasta ahora en la cobertura periodística y el análisis académico sobre el levantamiento de Chile, y que no fue tangible a través de mi experiencia mediada desde lejos, es el nivel de efervescencia y entusiasmo colectivo que impregnó la mayoría de mis encuentros. Aquellos que me encontré en la universidad, en las calles, trabajando en las artes y en mi grupo de amigos, describieron este tiempo como uno de apertura y de participación en nuevos tipos de arreglos económicos y sociales, no mediados por el mercado de consumo deshumanizado, sino a través de relaciones colectivas, imaginarios políticos, batallas concretas y la experiencia vivida de encuentros felices. Muchos describieron los fracasos del neoliberalismo, un modelo que generó aislamiento, deuda, robo, despojo y extracción. En la disonancia entre sus necesidades relativas y las ganancias individuales de una élite, este movimiento de múltiples capas se revela con el deseo de un futuro diferente, moldeado por las dificultades de la acción colectiva directa. Este movimiento es el resultado de la experiencia política acumulada y de la acción transversal que se ha ganado con esfuerzo. El movimiento de los últimos tres meses sólo ha sido posible gracias a las protestas masivas organizadas por estudiantes de secundaria y universitarios, líderes sindicales, comunidades indígenas, defensores de la salud, organizaciones de derechos LGBT y esfuerzos feministas durante la última década.

De hecho, el sentimiento generalizado, además de la realidad del terror de estado en Chile hoy día, es una estructura de sentimiento, utilizando el término de Stuart Hall, de efervescencia colectiva - donde las calles no sólo se definen a través de geografías de vigilancia, traumas de dictaduras y horrores actuales, sino también por el potencial de las alternativas reales.

Para aquellos que vivieron los años de Allende, su secuela y el consenso neoliberal, el deseo de cambio utópico y colectivo que motiva a la sociedad chilena hoy en día ha sido profundo de presenciar. Incluso en medio del gas lacrimógeno que impregnó el centro y el sur de Santiago, era imposible no entusiasmarse con la promesa de la autonomía colectiva. Y sí, el presente es alegre aunque el futuro siga siendo incierto.

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