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Responder a una civilización en crisis

¿Qué pasaría si no deslindásemos los esfuerzos por crear un mundo más justo y solidario de los esfuerzos por adaptarnos a un colapso social a corto plazo? English

Brooke Lavelle Zack Walsh
12 September 2019
Parque ecológico Daejeo, Corea del Sur, 2016.
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Appleysj via Wikimedia Commons. CC BY-SA 4.0.

Las civilizaciones duran, de promedio, unos 336 años. Hoy día, la mayoría de nosotros somos conscientes de que la civilización moderna se ha vuelto insostenible, pero muchos no se dan cuenta de que nos estamos encaminando hacia su colapso. La civilización actual es cada vez más compleja, se agudizan las desigualdades sociales, nuestro impacto ambiental va en aumento y el clima está cambiando. Cuando estos cuatro indicadores suben al unísono, la probabilidad de colapso es elevada.

El colapso de la civilización moderna es, sin duda, un momento decisivo de la historia del género humano. Estamos ante el punto de inflexión entre dos futuros: la Gran Transición y la Gran Alteración. La Gran Transición es un futuro en el que la sociedad decide reorganizarse de manera integral para mantenerse en equilibrio dinámico con los sistemas de la Tierra. Nunca antes los seres humanos han intentado organizar de manera sostenible una sociedad global con un nivel de complejidad tan elevado, pero cabe la posibilidad que, por primera vez en la historia, podamos vivir en una civilización sostenible, interconectada y tecnológicamente avanzada - lo que algunos llaman una civilización ecológica.

Por otra parte, probablemente carecemos de capacidad o de voluntad colectiva para transformarnos a tiempo y evitar el colapso. Y así, en lugar de adentrarnos en la Gran Transición, lo que podríamos experimentar es la Gran Alteración.

La civilización moderna ha crecido de manera explosiva. Este acontecimiento histórico se ha fundamentado en la explotación de reservas de energía barata enterradas bajo la superficie de la Tierra. Hoy día, sin embargo, la población y la complejidad de la sociedad han crecido más allá de nuestra capacidad para mantenerlas mediante el uso continuado de combustibles fósiles.

A falta de alternativas sostenibles al orden global establecido, la Gran Alteración se hará realidad. Se estima que los compromisos vigentes de reducción de las emisiones de carbono darán como resultado un aumento de la temperatura de 3-4 grados en el curso de este siglo. Los expertos aseguran que esto es incompatible con el mantenimiento de una comunidad global organizada. De ser esto cierto, el colapso de los sistemas globales sería devastador. Algunos de nosotros lograrían sobrevivir, pero vivirían en un mundo hostigado por el colapso social y el conflicto, en el que sociedades profundamente desiguales competirían por los recursos.

Ambas visiones son claras y proféticas. Ambas contienen algo de verdad y, de alguna manera, ambas están ya sucediendo - tanto la Gran Transición como la Gran Alteración. Este mundo se está muriendo y el mundo que lo sustituirá podría ser a la vez más hermoso y más caótico. Algunas personas aceptan que el colapso es ya inevitable y trabajan para lograr una adaptación profunda; otros aceptan la posibilidad de un cambio social no lineal y trabajan para una transformación profunda. Pero sería ingenuo pensar que solo uno de estos dos enfoques es correcto.

Con demasiada frecuencia se dividen los esfuerzos de quienes se centran en transformar la civilización y quienes se centran en desarrollar resiliencia. Algunas personas dedican todas sus energías al cambio de sistema, pero no consideran con suficiente detenimiento las posibilidades de transformación, mientras que otras dirigen las suyas a la adaptación al colapso social y ecológico, pero no ofrecen alternativas civilizatorias. Ahora bien, ¿qué pasaría si no deslindásemos nuestros esfuerzos por crear un mundo más justo y solidario de nuestros esfuerzos por adaptarnos a un colapso social a corto plazo? ¿Qué pasaría si asumiéramos la amplitud y profundidad de la transformación que se precisa llevar a cabo y reconociésemos que, incluso si no consiguiéramos en alguna medida alcanzarla, lo logrado nos sería sin embargo útil en medio del caos?

Esta es nuestra propuesta: reconocer ambas realidades y ayudar a las personas a asumir el escenario de la Gran Alteración, sin por ello dejar de comprometernos a ayudarnos unos a otros a seguir adelante - no solo para sobrevivir, sino para imaginar y crear algo mejor en línea con la Gran Transición. ¿Y esto cómo podría lograrse?

Muchas de nuestras crisis sociales y ecológicas actuales - si no todas - requieren capacidad de adaptación tanto como capacidad creativa. Necesitamos apoyo - nosotros y nuestras comunidades - para poder responder al colapso con integridad de espíritu y visión positiva, y necesitamos para ello un enfoque integrado que capacite a activistas, investigadores y organizadores a mantener la esperanza mientras lidian con la aflicción y la transforman. Este es el meollo de un activismo movido por la voluntad de ayudar a las personas a recuperar su sentido de relación, a desarrollar su capacidad de asumir la complejidad, a aprender a sanar injusticias y daños, a soñar con un mundo mejor y a actuar para conseguirlo.

A menudo, las respuestas que se dan ante la posibilidad del colapso se fracturan en concreciones, estrechas teorías de cambio, límites penales, fronteras nacionales y, en algunos casos, políticas identitarias. Esta fractura revela un problema más profundo que tiene que ver con una crisis de percepción de la naturaleza del ser humano y de la relación entre nosotros y con el mundo.

Hoy en día, la cosmovisión imperante se basa en el dualismo y en una visión atomista de la vida que propicia el individualismo y antepone la independencia a la interdependencia. Esta visión de separación, u otredad, afecta la forma en que nos relacionamos unos con otros y con el mundo. Permite que se valoren culturalmente unas categorías - arbitrarias - más que otras: hombre más que mujer, mente más que cuerpo, razón más que emoción, lo universal más que lo particular, los seres humanos más que la naturaleza, "civilizado" más que "primitivo". Históricamente, esto nos ha llevado a las peores formas de injusticia: el sexismo, el racismo, el colonialismo, el ecocidio. Y ha generado opresión, explotación, extractivismo y la devaluación de la vida en general.

¿Cuál es el mundo más bello y lleno de vida que podemos imaginar?

Abordar positivamente el colapso de la civilización moderna requiere por consiguiente un cambio de la percepción del mundo basada en la separación y el dualismo y la adopción de una visión de los sistemas ecológicos basada en las interconexiones. Esta visión de sistemas nos permite comprender mejor la naturaleza, pero practicarla requiere no solo compromiso o reflexión intelectual, sino también un cambio fundamental en la forma en que experimentamos el mundo y nos relacionamos con él. Y esto, además de un cambio de conciencia, requiere una nueva forma de entender la manera en que se producen las transformaciones.

Necesitamos en la práctica nuevas culturas que integren la transformación personal y social sin mantener falsas divisiones entre lo interno y lo externo, como si se tratase de dos esferas totalmente distintas. La visión de sistemas nos permite ser más conscientes de la no separación entre estas dos esferas y de la necesidad de construir procedimientos y estructuras basados en la asistencia y el cuidado que mejoren la calidad de nuestras relaciones - entre nosotros, con los no humanos y con los ciclos de vida de la naturaleza.

En lugar de abordar unicamente los síntomas de las crisis, la visión de sistemas nos lleva a encarar también sus causas subyacentes y a percibir pautas y patrones desde perspectivas distintas. Las crisis sociales y ecológicas son fenómenos interrelacionados con raíces compartidas. Abordar nuestra crisis de civilización requiere que seamos capaces de ver la interseccionalidad de múltiples problemas. La crisis de los refugiados, por ejemplo, es un problema generado en parte por el cambio climático, en la medida en que la sequía disminuye el rendimiento de los cultivos, aumenta el desempleo y agudiza la inestabilidad social y los conflictos que impulsan las migraciones a gran escala. Por lo tanto, no se puede esperar resolver la crisis de los refugiados construyendo muros, sino abordándola a través de un enfoque de sistemas integral.

Además de comprender las causas profundas de la desolación, debe darse también un proceso de curación para lograr recuperar y restaurar las relaciones. La naturaleza existe a través de un continuo de relaciones, de modo que la forma en que los humanos nos maltratamos mutuamente se refleja en la forma en que maltratamos lo no humano. Una vez superada la fase de negarnos a reconocer que el cambio climático es una amenaza existencial, hay que analizar sus principales causas y emprender su sanación.

En parte, esto implica curar el trauma causado por los sistemas de explotación de que nos hemos dotado, como el capitalismo, la supremacía blanca y el patriarcado. Implica asumir indemnizaciones importantes para las víctimas de la esclavitud y el colonialismo. E implica construir sistemas regenerativos que protejan los derechos de la naturaleza y respeten el valor intrínseco de todas las formas de vida.

A medida que vamos avanzando en el proceso de sanación, podemos hacer el tránsito de una postura reactiva a una receptiva y plantearnos qué más podríamos hacer. ¿Qué tal si adoptásemos prosperar como filosofía de vida en lugar de meramente sobrevivir? Asumir la magnitud de las crisis que tenemos hoy planteadas y la probabilidad del colapso de la civilización moderna nos brinda nuevas formas de imaginar un mundo mejor.

¿Cuál es el mundo más bello y lleno de vida que podemos imaginar? Las narrativas imperantes en los principales medios de comunicación inciden en que hay que adaptarse a realidades post-apocalípticas, del estilo de las de Mad Max y Snowpiercer. Alternativamente, los géneros de ficción especulativa como el afrofuturismo, el futurismo indígena y el solarpunk ofrecen visiones positivas de futuros sostenibles basados en supuestos, valores y tradiciones culturales minoritarios.

Los límites de estas visiones no son solo, desde luego, los límites de nuestra imaginación, sino también los límites de la realidad, de las posibilidades y oportunidades para el cambio que se dan en la actualidad. Existen muchas soluciones posibles y un abanico de mejores prácticas para inspirarnos a crear el mundo que queremos, pero es difícil determinar con qué restricciones y condiciones puede sustentarse una acción estratégica efectiva. El campo del diseño de transiciones ofrece formas integradoras de coordinar visiones y procesos con el objetivo de proyectar sociedades sostenibles. Los discursos de transición sobre posdesarrollo, ecosocialismo, anarquismo social, decrecimiento, bienes comunes, ciudades en transición y ecoaldeas describen algunas de las formas posibles en que pueden diseñarse sistemas sociales sostenibles.

Son muchas las maneras en que cada uno de nosotros puede contribuir a la Gran Transición. La buena noticia es que no somos los primeros en pensar lo que pensamos: muchos maestros, activistas, linajes, culturas y tradiciones han aconsejado regresar a una relación correcta entre nosotros y con el mundo. A nosotros nos toca juntar las piezas y construir coaliciones que activen y potencien nuestras habilidades y capacidades. Ninguno de nosotros tiene todas las respuestas, pero colectivamente podemos apoyarnos unos a otros para aprender, conectarnos y desarrollar aptitudes que nos permitan afrontar tanto la Gran Transición como la Gran Alteración. Podremos así, en plenas facultades, hacer frente a ambas realidades y defender, al mismo tiempo, lo mejor de la Gran Transición.

Está ya abierta la matrícula para el nuevo curso en línea de Zack Walsh y Brooke Lavelle Ecojusticia: Asegurar el futuro (EcoJustice: Securing Our Future). Es una colaboración entre A Mindset for the Anthropocene Project del Instituto de Estudios Avanzados de Sostenibilidad (IASS) en Potsdam y la Courage of Care Coalition

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