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Cuando el trabajo de promoción aumenta la resiliencia, todos nos beneficiamos

Para muchos, el activismo puede ser saludable y ayudar a sanar. Una contribución al debate de openGlobalRights sobre los derechos humanos y la salud mental.  Shqip (Albanian). English.

Muchas de las colaboraciones en este foro han hablado sobre los acontecimientos traumáticos que atestiguan o experimentan los activistas de derechos humanos y de los problemas de salud mental que pueden resultar. Sin embargo, muy pocas personas hablan sobre los beneficios que derivan de su activismo: un sentido de propósito, una identidad fuerte, un objetivo compartido, una comunidad. En algunos casos, el trabajo de derechos humanos puede conducir al estrés y al trauma. Pero en otros casos, como el mío, ha sido profundamente terapéutico.

Cuando era adolescente, se suponía que debía pasar tiempo con mis amigos, jugando futbol y chismeando sobre chicas. En cambio, pasé mucho tiempo detrás de un búnker de la Primera Guerra Mundial en mi ciudad natal de Pogradec, Albania, escondiéndome de mis compañeros, de mi familia y del mundo.

Con el tiempo, sin embargo, poco a poco fui entendiendo mejor quién era yo, emergiendo de detrás del búnker, hasta que finalmente me reconocí a mí mismo.

Mi depresión aumentó durante la siguiente década: durante el día, lloraba hasta caer dormido y en las tardes combatía las lágrimas bebiendo. Por la noche, me quedaba despierto para escribir. Con el tiempo, sin embargo, poco a poco fui entendiendo mejor quién era yo, emergiendo de detrás del búnker, hasta que finalmente me reconocí a mí mismo. A los 27 años, encontré el valor para decirle a mi familia que soy gay, a lo que respondieron con asombro y decepción. Entonces, conocí un alma gemela en Facebook, Xheni Karaj, quien ahora es mi amiga cercana y confidente, y la primera lesbiana que había conocido. 


ATSH (Albanian Telegraphic Agency)/All rights reserved.

Xheni at the Tirana Gay (P)Ride.


Xheni y yo queríamos hacer algo que importara con nuestras vidas. Nos "activamos" mutuamente el día en que nos conocimos en 2008. En los siguientes años, comenzamos a conocer a otras personas con ideas afines y empezamos a reunirnos a diario; formamos nuestro propio "grupo" sin siquiera darnos cuenta.

Esto planteaba riesgos en Albania, un país pequeño y muy conservador que apenas estaba saliendo de cuatro décadas de gobierno represivo y aislado, abriéndose lentamente al mundo. El papel de la sociedad civil se comprendía poco y los derechos de las personas LGBTI eran desconocidos. Por el contrario, el miedo, la discriminación e incluso la violencia contra nuestra comunidad eran la norma. Vimos esto como un reto y una vocación. Después de una de nuestras apasionadas sesiones de discusión nocturnas en 2011, salimos a pintar frases en las calles principales de la capital, Tirana: "Soy un chico y estoy enamorado de un chico"; "Soy una chica y estoy enamorada de una chica".

Hasta ese momento, pocos se habían atrevido a expresar públicamente su orientación sexual e identidad de género en una sociedad donde la mayoría de la gente piensa que la homosexualidad es una enfermedad. Pintar las paredes con amor era una acción para hacernos sentir mejor y una estrategia para despertar el debate público.> 


Historia Ime/All rights reserved.

Gay (P)Ride event in Tirana, Albania.


A la mañana siguiente, grabamos nuestro grafiti y publicamos las imágenes en Facebook y YouTube. Regresamos a esos lugares unas semanas después para registrar la reacción pública, pero la mayoría de nuestras declaraciones habían sido borradas. Eso no importaba; las autoridades podían eliminar las palabras de un muro, pero no podían disminuir nuestra sensación de empoderamiento. Y no pueden eliminar los videos de YouTube donde la gente puede seguir viéndolas. Ese año, empezamos a organizar encuentros, acciones callejeras y fiestas clandestinas para gays y lesbianas. En uno de esos eventos, conocí a Erjon, que se convirtió en mi pareja.

Al mirar hacia atrás y comparar la realidad de hoy con la situación de hace cinco o seis años, no puedo dejar de notar un cambio considerable. Me tomó más de 20 años entenderme y aceptarme, pero en cinco años ayudamos a cambiar el panorama político en Albania y a crear espacio para la comunidad LGBTI. Xheni y yo expresamos públicamente nuestra orientación sexual y ahora ayudamos a dirigir el movimiento LGBTI en nuestro país (en Aleanca LGBT y Pro LGBT, respectivamente). El "diario" de Erjon fue el primer portal de derechos humanos en idioma albanés, con miles de visitantes cada día. La grabación de nuestras acciones de grafiti se convirtió en un documental LGBTI, que ha sido elogiado a nivel internacional.

Hoy en día, nuestras organizaciones trabajan en todo el país, realizando actividades de incidencia en el ámbito legislativo y exigiendo a los políticos que rindan cuentas sobre nuestros temas. Las que alguna vez fueron fiestas clandestinas se han convertido en servicios muy necesarios para nuestras comunidades, incluido el primer centro residencial para integrantes de la comunidad LGBTI jóvenes, sin hogar y en situación de riesgo.

Siguen existiendo grandes barreras, tanto para cambiar las políticas gubernamentales como las actitudes de las personas. Persisten grandes niveles de discriminación, a pesar de una moderna ley contra la discriminación, y Albania no reconoce las uniones civiles ni los matrimonios entre personas del mismo sexo. Los activistas LGBTI todavía tienen que explicarles a sus familiares y amigos por qué hacen este trabajo. Perdí algunos amigos y no pude hablar con otros durante años. Pero las cosas han mejorado: los amigos que nunca regresaron aparentemente no eran dignos de mi amistad y esas largas conversaciones con miembros de la familia se convirtieron en la nueva base para relaciones más fuertes e incondicionales.

Aunque no fue fácil, utilicé el activismo para superar mi aislamiento mental y físico. De repente, mis miedos no eran solo míos; mi lucha no era solo mía; mi soledad no era solo mía: todos estos desafíos se volvieron compartidos. Y más que desgastarme, la solidaridad me fortaleció.

 Me salvé proyectando mi lucha en un movimiento. El activismo por los derechos humanos no conduce necesariamente al sufrimiento psicológico: me salvó a mí y ha salvado a muchos otros.


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