Julie Klinger https://www.opendemocracy.net/taxonomy/term/25744/all cached version 05/07/2018 10:07:46 en Metales tecnológicos para un mundo más limpio, pero no a costa de destruir ecosistemas en América Latina https://www.opendemocracy.net/democraciaabierta/julie-klinger/metales-tecnol-gicos-para-un-mundo-m-s-limpio-costa-de-destruir-ecos <div class="field field-summary"> <div class="field-items"> <div class="field-item odd"> <p>El incremento de la demanda de “metales tecnológicos” como el litio, el niobio y el coltán, atiza el debate sobre el futuro de lugares icónicos de América Latina. <em><strong><a href="https://opendemocracy.net/democraciaabierta/julie-klinger/lithium-niobium-coltan-technological-metals-destroy-latin-american-e">English</a></strong></em><strong></strong></p> </div> </div> </div> <p><span class='wysiwyg_imageupload image imgupl_floating_none 0'><a href="//cdn.opendemocracy.net/files/imagecache/wysiwyg_imageupload_lightbox_preset/wysiwyg_imageupload/557099/Untitled_6.png" rel="lightbox[wysiwyg_imageupload_inline]" title=""><img src="//cdn.opendemocracy.net/files/imagecache/article_xlarge/wysiwyg_imageupload/557099/Untitled_6.png" alt="" title="" width="460" height="306" class="imagecache wysiwyg_imageupload 0 imagecache imagecache-article_xlarge" style="" /></a> <span class='image_meta'><span class='image_title'>Salar de Uyuni en Bolivia (Imagen: Luca Galuzzi ) </span></span></span></p><p>La Amazonía remota, la sierra boliviana y el desierto de Sonora en México son lugares ricos en cultura y biodiversidad que destacan, además, por sus recursos geológicos: abundan en ellos los llamados metales raros. </p><p>Se estima que las reservas de dichos metales en América Latina suman cerca de 50 millones de toneladas, lo que equivale a aproximadamente el 40% de las reservas mundiales conocidas. Pero la tecnología para extraer dichos metales plantea un dilema: ¿sacrificar estos lugares y los medios de subsistencia locales es el precio que queremos pagar por conseguir la implementación de tecnologías de energía limpia?</p> <p>Los metales raros se llaman también metales tecnológicos porque son esenciales para las tecnologías modernas e indispensables para el tránsiro hacia tecnologías de energía limpia. En la actualidad, las prácticas de las compañías mineras son tan diversas como los paisajes que excavan. </p><p>Las empresas mineras de todo el mundo han acelerado la extracción de litio en&nbsp;<a href="http://dialogochino.net/el-litio-en-argentina-con-sello-chino/?lang=es">Argentina</a>, Chile,&nbsp;<a href="http://dialogochino.net/bolivia-suenos-y-pesadillas-por-el-boom-del-litio/?lang=es">Bolivia</a>&nbsp;y México con el fin de desarrollar la producción de baterías para automóviles eléctricos y turbinas eólicas, entre otras aplicaciones. La mina <a href="https://www.iso.org/standard/31807.html">certificada</a>&nbsp;de niobio en Brasil, en el estado de Minas Gerais, ha sido durante décadas un suministrador mundial clave para la fabricación de la mayoría de los vehículos eficientes y para las súper aleaciones empleadas en estructuras de acero y aviones. </p><p>El coltán, que se extrae de manera informal en Colombia, es esencial para los teléfonos móviles, mientras que varias cooperativas mineras a pequeña escala depositan grandes esperanzas en los minerales raros que se estima que pueden hallarse en los depósitos de arcilla aluvial de la Amazonía brasileña.</p> <p>En muchos casos, los componentes de las tecnologías que potenciarán nuestra transición a la energía limpia se producen fuera de la región, en lugares como China. Esto significa que las materias primas o mínimamente procesadas que se extraen del subsuelo de América Latina, se envían a fábricas operadas por empresas extranjeras en Asia y luego se exportan en forma de baterías, paneles solares, imanes y tecnologías de la información. </p><p>En algunos casos, estos componentes realizan escalas intermedias en instalaciones de ensamblaje en el sudeste asiático, como las de <a href="https://www.bloomberg.com/research/stocks/private/snapshot.asp?privcapId=113338">Interplex Holdings</a>&nbsp;en Singapur, que vende componentes electromecánicos al fabricante de vehículos eléctricos Tesla, antes de llegar a mercados consumidores más prósperos, entre ellos las principales metrópolis de América Latina. </p><p>La posición de América Latina como exportador de materias primas e importador de productos tecnológicos acabados atrapa a sus economías en una dinámica de términos de intercambio decrecientes, en la que el valor de sus exportaciones es sistemáticamente inferior al de sus importaciones.</p> <p>Este contexto es importante. Aunque la demanda de metales tecnológicos procedentes de América del Sur por parte de China&nbsp;<a href="https://www.economist.com/news/americas/21723451-three-south-american-countries-have-much-worlds-lithium-they-take-very-different">acapara titulares</a>, en realidad dicha demanda obedece a la demanda mundial de energía limpia y de tecnologías de la información. Esto significa que el ciclo de vida de nuestras tecnologías dista de ser limpio. </p><p>Pero no debe interpretarse esto como un argumento en contra del despliegue generalizado de tecnologías de energía limpia, que es algo que debería haber ocurrido hace veinte años. Estos materiales se utilizan también para refinar petróleo, estabilizar reactores nucleares o generar energía hidroeléctrica.</p><p class="mag-quote-center">Garantizar que la generación de energía limpia sea verdaderamente limpia requiere un cambio en el&nbsp;<em>status quo</em>&nbsp;de la extracción de recursos.&nbsp;</p> <p>Garantizar que la generación de energía limpia sea verdaderamente limpia requiere un cambio en el&nbsp;<em>status quo</em>&nbsp;de la extracción de recursos. Este cambio deben liderarlo las sociedades en las que se realizan extracciones, con el apoyo de la comunidad internacional - lo cual es una tarea harto difícil, entre otras razones porque, sorprendentemente, siguen circulando en pleno siglo XXI mitos como el de la conquista de El Dorado, muy extendido entre las corporaciones transnacionales, los representantes electos, las principales instituciones financieras y los buscadores de tesoros. </p><p>No deja de ser significativo que se comparen a menudo los metales tecnológicos con el oro - se les llama oro blanco, oro nuevo u oro del siglo XXI -, como reflejo de aquella mentalidad según la cual hay que hacerse rico lo más rápidamente posible y sólo los más audaces lograrán hacerse con las riquezas incalculables que se hallan bajo algunos de los más icónicos entornos del mundo. </p><p>Esta mentalidad es la que hace percibir la rápida explotación de los recursos como solución a problemas como el desarrollo nacional, la crisis climática global o la estabilidad regional, por citar algunos.</p> <p>Se trata, por supuesto, de variaciones contemporáneas del mito de El Dorado. Los representantes electos señalan la importancia de satisfacer la demanda de recursos de China como solución para lograr una mayor prosperidad nacional. Y los métodos que proponen son asombrosamente parecidos a los utilizados por los proyectos de minería del siglo XX: talar los bosques, secar los estanques y sacar a los indígenas de sus tierras ancestrales.</p><p class="mag-quote-center">Los defensores más acérrimos de la minería destructiva utilizan la coartada nacionalista: cualquier argumento que se interponga a la destrucción de entornos vitales es una afrenta al derecho soberano de la nación al desarrollo.</p><p>Desde Brasil hasta Bolivia y México, los defensores más acérrimos de la minería destructiva utilizan la coartada nacionalista: cualquier argumento que se interponga a la destrucción de entornos vitales es una afrenta al derecho soberano de la nación al desarrollo. </p><p>Las empresas mineras a pequeña escala han capitalizado este sentimiento, situándose en primera línea del progreso nacional, dispuestas a afrontar los riesgos de adentrarse en nuevos territorios y hallar nuevos recursos para impulsar el desarrollo nacional. A la vez que crece la demanda de metales tecnológicos para combatir el cambio climático, el mito de El Dorado continúa tan poderoso como siempre.</p> <p>Este conflicto suele presentarse como inevitable: las iniciativas – muy loables – encaminadas a lograr un desarrollo tecnológico más limpio tienen, lamentablemente, el inconveniente de socavar el modo de vida rural, y especialmente de los pueblos indígenas, que tienen la desgracia de desarrollarse sobre los yacimientos de metales tecnológicos. </p><p>En este marco que puede definirse como de David y Goliat, se acepta tácitamente que algunos entornos tendrán que ser destruidos para proporcionar las materias primas necesarias para desarrollar tecnologías de energía más limpia que puedan sustentar el clima y que las comunidades más vulnerables queden abandonadas a su triste suerte. </p><p>Investigaciones recientes demuestran, sin embargo, que cambiar esta manera de ver y de hacer las cosas no solo redunda en beneficio de los modos de vida locales, sino también del bienestar planetario, ya que los ecosistemas que sustentan y se sostienen gracias a las comunidades rurales e indígenas son vitales para mantener sistemas globales más amplios de estabilidad climática.</p> <p class="mag-quote-center">&nbsp;La implantación de tecnologías más limpias es esencial para mitigar el cambio climático. Pero si resulta que los costos sociales y ambientales de suministrarlas agravan el cambio climático, entonces ¿qué tenemos que hacer?</p><p>Lo cual agranda el problema. Si el objetivo final es la estabilidad climática y las tecnologías limpias son el medio para ese fin, los metales tecnológicos son indispensables. La implantación de tecnologías más limpias es esencial para mitigar el cambio climático. Pero si resulta que los costos sociales y ambientales de suministrarlas agravan el cambio climático, entonces ¿qué tenemos que hacer?</p> <p>Por suerte, los progresos en extracción flexible - la práctica que consiste en&nbsp; fundir residuos que contienen metales raros con minerales “tradicionales”-, el reprocesamiento de relaves, y el reciclaje y&nbsp; recuperación de metales tecnológicos a partir de chatarra electrónica son alentadores y prometen un futuro en el que la minería deje de lado la agresión social y ambiental que la ha caracterizado en el pasado. </p><p>Los investigadores y las empresas en América del Sur han sido pioneros en estos desarrollos, a veces de forma independiente y, en otras, en colaboración con investigadores de América del Norte, Europa y China. Los metales tecnológicos se encuentran en abundancia en los residuos mineros esparcidos por el continente procedentes de la extracción de hierro, aluminio, oro, plata, niobio y fosfato de épocas anteriores. </p><p>El reprocesamiento de estos residuos tiene la triple ventaja de reducir las fuentes de contaminación existentes y proteger las zonas sensibles frente a nuevas actividades mineras, a la vez que satisfacer la creciente demanda mundial.</p> <p>Son las entidades públicas y privadas en América Latina las que deben liderar estos procesos, y las economías consumidoras en el resto del mundo deben darles su apoyo. La mala noticia es que existe una resistencia importante ante la posibilidad de un modelo más justo y sostenible de extracción de recursos y que es difícil desalojar los intereses extractivos existentes. </p><p>Esto se debe en parte a que la minería a gran escala comporta intereses geopolíticos más amplios y, en parte, a la falta de alternativas para la minería a pequeña escala y al hecho de que el mercado acepta solo el precio más bajo, independientemente de los impactos ambientales. Todo lo cual genera dinámicas propias de la era colonial y del siglo XX, con las que las élites globales satisfacen sus necesidades de recursos y tecnología a costa de vidas y paisajes en América Latina.</p> <p>La buena noticia es que los modelos alternativos ya están en vías de desarrollo. Lo que necesitan son políticas de apoyo. Todos los actores tienen su papel en la coordinación de intereses a nivel global para “ecologizar” el ciclo de vida de las tecnologías de energía limpia. Las economías de América Latina, alentando la expansión de prácticas avanzadas de recuperación, aplicando sanciones a la minería a pequeña y a gran escala que dañe paisajes vitales y modos de vida, e invirtiendo en procesamientos de valor agregado para generar más ingresos a nivel nacional.</p><p>China, compartiendo conocimientos en materia de rehabilitación ambiental para evitar la <a href="http://dialogochino.net/bolivias-lithium-boom-dream-or-nightmare/">repetición</a> de desastres ambientales en sus posiciones mineras en América Latina. Y los principales actores del mercado mundial, incluidas las empresas tecnológicas y sus redes de subcontratación, responsabilizando a sus proveedores de que lleven a cabo prácticas racionales desde el punto de vista social y medioambiental.</p> <p>Garantizar que la tecnología limpia sea verdaderamente limpia a lo largo de todo su ciclo de vida es esencial para construir un futuro sostenible.</p><p>________</p> <p>Este artículo fue publicado previamente por <em>Diálogo chino</em>.</p><fieldset class="fieldgroup group-sideboxs"><legend>Sideboxes</legend><div class="field field-related-stories"> <div class="field-label">Related stories:&nbsp;</div> <div class="field-items"> <div class="field-item odd"> <a href="/democraciaabierta/robert-soutar/china-es-un-impulsor-importante-de-degradaci-n-medioambiental-en-am-">China es un “impulsor importante” de degradación medioambiental en América Latina</a> </div> <div class="field-item even"> <a href="/democraciaabierta/rafael-sag-rnaga-l-pez/bolivia-sue-os-y-pesadillas-por-el-boom-del-litio">Bolivia, sueños y pesadillas por el boom del litio</a> </div> </div> </div> </fieldset> <div class="field field-country"> <div class="field-label"> Country or region:&nbsp;</div> <div class="field-items"> <div class="field-item odd"> Bolivia </div> <div class="field-item even"> Mexico </div> <div class="field-item odd"> Brazil </div> <div class="field-item even"> Argentina </div> <div class="field-item odd"> Chile </div> <div class="field-item even"> Colombia </div> </div> </div> <div class="field field-topics"> <div class="field-label">Topics:&nbsp;</div> <div class="field-items"> <div class="field-item odd"> Conflict </div> <div class="field-item even"> Democracy and government </div> <div class="field-item odd"> Economics </div> <div class="field-item even"> International politics </div> </div> </div> <div class="field field-rights"> <div class="field-label">Rights:&nbsp;</div> <div class="field-items"> <div class="field-item odd"> CC by NC 4.0 </div> </div> </div> DemocraciaAbierta DemocraciaAbierta Colombia Chile Argentina Brazil Mexico Bolivia Conflict Democracy and government Economics International politics latin america Julie Klinger Wed, 28 Feb 2018 11:12:36 +0000 Julie Klinger 116383 at https://www.opendemocracy.net Lithium, niobium, coltan: technological metals destroy Latin American ecosystems for a cleaner world https://www.opendemocracy.net/democraciaabierta/julie-klinger/lithium-niobium-coltan-technological-metals-destroy-latin-american-e <div class="field field-summary"> <div class="field-items"> <div class="field-item odd"> <p>The anticipated spike in demand for “technology metals,” including rare earth elements lithium, niobium, and coltan, has ignited fierce debates over the development of some of Latin America’s most iconic places. <strong><em><a href="https://opendemocracy.net/democraciaabierta/julie-klinger/metales-tecnol-gicos-para-un-mundo-m-s-limpio-costa-de-destruir-ecos">Español</a></em></strong><strong></strong></p> </div> </div> </div> <p><span class='wysiwyg_imageupload image imgupl_floating_none 0'><a href="//cdn.opendemocracy.net/files/imagecache/wysiwyg_imageupload_lightbox_preset/wysiwyg_imageupload/557099/Untitled_4.png" rel="lightbox[wysiwyg_imageupload_inline]" title=""><img src="//cdn.opendemocracy.net/files/imagecache/article_xlarge/wysiwyg_imageupload/557099/Untitled_4.png" alt="" title="" width="460" height="306" class="imagecache wysiwyg_imageupload 0 imagecache imagecache-article_xlarge" style="" /></a> <span class='image_meta'><span class='image_title'>Generations of Bolivians have mined salt on the Salar de Uyuni. Now it is the site of lithium extraction (image: Luca Galuzzi)</span></span></span>The remote Amazon, the Bolivian highlands, and the Sonoran desert in Mexico are rich in culture and biodiversity on one hand, and in geological endowments on the other. </p><p>Some estimates put Latin America’s combined reserves of these elements at 50 million tonnes, or roughly 40% of known global supply. Mining technology metals presents a conundrum: &nbsp;is the sacrifice of local environments and livelihoods a fair price to pay for the proliferation of clean energy technologies?</p> <p>Technology metals are so named because they are essential for modern technology as we know it, and are indispensable to the transition to clean energy technology. The practices of mining companies are as diverse as the landscapes they excavate. </p><p>Mining companies from around the world have hastened to mine the lithium in Argentina, Chile,&nbsp;<a href="http://dialogochino.net/bolivias-lithium-boom-dream-or-nightmare/">Bolivia</a>, and Mexico to produce the batteries essential for electric cars, wind turbines, and other technologies. </p><p>For several decades, Brazil’s&nbsp;<a href="https://www.iso.org/standard/31807.html">certified</a>&nbsp;niobium mine in the state of Minas Gerais has supplied most of the world’s energy efficient vehicles, steel structures, and airplanes with these super-alloys. </p><p>Coltan, informally extracted in Colombia, is a crucial input into mobile phones, while several small-scale mining cooperatives have high hopes for the rare earth elements believed to be in the alluvial clay deposits of the Brazilian Amazon.</p><p class="mag-quote-center">Primary or minimally processed materials have been pulled from the subsoil of Latin America, shipped to factories operated by foreign companies in East Asia, and then exported in the form of batteries, solar panels, magnets, and information technologies.</p> <p>In many cases, the components for the technologies that will power our clean energy transitions have been produced outside of the region, in places like China. This means that primary or minimally processed materials have been pulled from the subsoil of Latin America, shipped to factories operated by foreign companies in East Asia, and then exported in the form of batteries, solar panels, magnets, and information technologies. </p><p>In some cases, these components make intermediate stops in assembly facilities in Southeast Asia, such as those operated by&nbsp;<a href="https://www.bloomberg.com/research/stocks/private/snapshot.asp?privcapId=113338">Interplex Holdings</a>&nbsp;in Singapore, which sells electro-mechanical components to electric vehicle (EV) manufacturer Tesla, before hitting consumer markets in more affluent parts of the globe, including in Latin America’s major metropolises.&nbsp;Latin America’s position as exporter of raw materials and importer of finished technologies traps its economies in a dynamic of declining terms of trade, where the value of their exports are consistently lower than the value of their imports.</p><p>This context is important. Although China’s direct demand for South America’s technology metals&nbsp;<a href="https://www.economist.com/news/americas/21723451-three-south-american-countries-have-much-worlds-lithium-they-take-very-different">grabs headlines</a>, it is driven by global demand for clean energy and information technologies. </p><p>This means that the lifecycles of our technologies are far from clean. This should not be interpreted as an argument against the widespread deployment of clean energy technologies, which should have happened two decades ago. These elements are also used to refine petroleum, stabilise nuclear reactors, and generate hydropower.</p><p>Ensuring that clean energy generation is truly clean requires a shift in the status quo of resource extraction. It must be led by societies in which extraction is taking place and supported by the international community. </p><p class="mag-quote-center">Rapid exploitation is seen as the solution to so many problems: national development, the global climate crisis, regional stability, to name a few.</p><p>This is a tall order, not least because myths of hitting it big with a 21st century El Dorado remain surprisingly pervasive among international firms, elected officials, major financial institutions, and small-scale informal prospectors. </p><p>It is significant that technology metals are often compared to gold – white gold, the new gold, or 21st century gold –, reflecting a get-rich-quick mentality in which only the boldest will capture untold treasures lying beneath some of the most important and iconic environments of the world. Rapid exploitation is seen as the solution to so many problems: national development, the global climate crisis, regional stability, to name a few.</p> <p>These are the contemporary variants of the&nbsp;El Dorado myth.&nbsp;Elected officials invoke the importance of satisfying China’s resource demand as the key to greater prosperity. The methods proposed overwhelmingly resemble 20th century green field mining projects, in which forests must be felled, ponds drained, and indigenous people removed from their ancestral lands to get the goods.</p><p class="mag-quote-center">Taken together with growing demand for technology metals to combat climate change, the contemporary El Dorado myth is as powerful as ever.</p><p>From Brazil to Bolivia to Mexico, the most extreme advocates of destructive mining deploy a particular nationalistic twist: any cause that attempts to stop the wholesale destruction of vital environments is an affront to the nation’s sovereign right to develop. </p><p>Small scale miners have seized on this sentiment, positioning themselves at the front lines of national progress as the most risk-ready adventurers prepared to penetrate new places and find new resources to power national development. Taken together with growing demand for technology metals to combat climate change, the contemporary El Dorado myth is as powerful as ever.</p> <p>Too often, this is presented as an inevitable conflict: laudable global moves toward clean technology deployment have the unfortunate cost of literally undermining rural and indigenous livelihoods unfolding atop the technology metals deposits. </p><p>This common David-and-Goliath framing tacitly accepts that some environments will have to be destroyed to provide the raw materials required for a more clean energy technology to sustain the climate, while leaving it up to vulnerable communities to fend for themselves. However, a growing body of research shows disrupting business as usual is not only in the interest of local livelihoods, but also broader planetary wellbeing. The ecosystems that sustain – and are sustained by – rural and indigenous communities are vital to maintaining larger global systems of climate stability.</p> <p class="mag-quote-center">The proliferation of cleaner technologies is essential to climate mitigation and adaptation. But if the social and environmental cost of sourcing them aggravates climate change, then what is to be done?</p><p>This deepens the conundrum: if climate stability is the ultimate goal, and clean technologies are the means to that end, then technology metals are indispensable. The proliferation of cleaner technologies is essential to climate mitigation and adaptation. But if the social and environmental cost of sourcing them aggravates climate change, then what is to be done?</p> <p>Fortunately, exciting breakthroughs in flexible mining - the practice of smelting metal-bearing wastes with “traditional” ores -, tailings reprocessing, and recycling and recovering technology metals from electronic waste, promise a future of mining that leaves the social and environmental violence of the enterprise in the past. </p><p>Researchers and firms in South America are pioneering these developments, sometimes independently, other times in partnership with researchers in North America, Europe, and China. Technology metals are abundant in the existing mine wastes that dot the continent from earlier eras of iron, aluminum, gold, silver, niobium, and phosphate extraction. Reprocessing these wastes would have the triple bonus of reducing existing sources of pollution and protecting sensitive areas from new mining operations, while meeting growing global demand.</p> <p>Public and private entities in South America must lead these processes, and consuming economies in the rest of the world must support them. The bad news is that there is considerable resistance to a more just and sustainable model of resource extraction and existing extractive interests are difficult to dislodge. </p><p>This is in part because large-scale mining serves broader geopolitical interests, in part because of a lack of alternatives for small-scale miners, and in part because of persistent market signals that accept only the lowest price, regardless of environmental impacts. All of this brings colonial-era dynamics into the present, in which global elites meet their resource and technology needs at the cost of Latin American landscapes and lives.</p><p class="mag-quote-center">Ensuring that clean technology is truly clean through the course of its entire lifecycle is essential to building a sustainable future.</p> <p>The good news is that alternative models are already being developed. What they need is policy support. Everyone has a role to play in coordinating interests across global space to “green” the entire lifecycle of clean energy technologies. Latin American economies can support and expand cutting edge recovery practices, sanction large and small-scale miners who harm vital landscapes and lives, and invest in value added processing to generate more revenues at home. </p><p>For China, this means sharing expertise in environmental remediation in order to prevent the&nbsp;<a href="http://dialogochino.net/bolivias-lithium-boom-dream-or-nightmare/">recurrence</a>&nbsp;of environmental disasters on its mining frontiers in Latin America. For major global market players, including technology firms and their subcontracting networks, this means holding their suppliers accountable for socially and environmentally sound practices.</p> <p>Ensuring that clean technology is truly clean through the course of its entire lifecycle is essential to building a sustainable future.</p> <p>_____________________</p><p>This article was previously published by <em>Diálogo chino</em>.</p> <p>&nbsp;</p> <p>&nbsp;</p><fieldset class="fieldgroup group-sideboxs"><legend>Sideboxes</legend><div class="field field-related-stories"> <div class="field-label">Related stories:&nbsp;</div> <div class="field-items"> <div class="field-item odd"> <a href="/democraciaabierta/rafael-sag-rnaga-l-pez/bolivia-s-lithium-boom-dream-or-nightmare">Bolivia’s lithium boom: dream or nightmare?</a> </div> <div class="field-item even"> <a href="/protest/extractivism-latin-america-juan-wahren">How do extractive industries and agribusiness repress rural communities in Latin America? </a> </div> <div class="field-item odd"> <a href="/democraciaabierta/robert-soutar/china-is-major-driver-of-environmental-degradation-in-latin-america">China is a “major driver” of environmental degradation in Latin America</a> </div> </div> </div> </fieldset> <div class="field field-country"> <div class="field-label"> Country or region:&nbsp;</div> <div class="field-items"> <div class="field-item odd"> Mexico </div> <div class="field-item even"> Brazil </div> <div class="field-item odd"> Bolivia </div> <div class="field-item even"> Argentina </div> <div class="field-item odd"> Colombia </div> <div class="field-item even"> Chile </div> </div> </div> <div class="field field-topics"> <div class="field-label">Topics:&nbsp;</div> <div class="field-items"> <div class="field-item odd"> Conflict </div> <div class="field-item even"> Economics </div> <div class="field-item odd"> International politics </div> </div> </div> <div class="field field-rights"> <div class="field-label">Rights:&nbsp;</div> <div class="field-items"> <div class="field-item odd"> CC by NC 4.0 </div> </div> </div> DemocraciaAbierta Chile Colombia Argentina Bolivia Brazil Mexico Conflict Economics International politics latin america Julie Klinger Tue, 27 Feb 2018 14:00:53 +0000 Julie Klinger 116364 at https://www.opendemocracy.net Julie Klinger https://www.opendemocracy.net/content/julie-klinger <div class="field field-au-term"> <div class="field-label">Author:&nbsp;</div> <div class="field-items"> <div class="field-item odd"> Julie Klinger </div> </div> </div> <p><strong>Julie Klinger</strong>,&nbsp;PhD, is the associate director of the Land Use and Livelihoods Initiative at the Global Development Policy Center, and an assistant professor at the Frederick S. Pardee School of Global Studies at Boston University.</p><p><strong>Julie Klinger,</strong> PhD, es directora asociada de la<em> Land Use and Livelihoods Initiative </em>del Centro de Políticas de Desarrollo Global, y profesora asistente de la Escuela de Estudios Globales Frederick S. Pardee de la Universidad de Boston. </p> <p>&nbsp;</p> <p>&nbsp;</p> <p>&nbsp;</p><p class="MsoNormal"><span>&nbsp;</span></p> Julie Klinger Tue, 27 Feb 2018 13:46:03 +0000 Julie Klinger 116362 at https://www.opendemocracy.net