En la edición de esta semana:
- La caída de un operador de la extrema derecha en Bolivia
- Documentos secretos sacan a la luz una campaña encubierta rusa en Bolivia
- Análisis: Desinformación rusa expuso la fragilidad estructural de los medios
La estrepitosa caída del operador de las extremas derechas latinoamericanas, Fernando Cerimedo, promete dejar un tendal. Fue detenido en Bolivia el 18 de agosto cuando intentaba dejar el país, después de que su novia, Nadia Beller, sufrió un atentado y lo acusó de haber contratado a los sicarios que le dispararon.
De momento, el argentino enfrenta investigaciones por tentativa de femicidio contra Beller, por enriquecimiento ilícito y por delitos de narcotráfico.
También se lo investigó en Brasil, por difundir en su medio, La Derecha Diario, denuncias falsas sobre las elecciones de 2022. La fiscalía no pudo probar que él sabía que estaba desparramando una mentira, pero sí lo indagó sobre su papel en una trama más amplia: el intento de golpe de Estado contra el actual presidente Luiz Inácio Lula da Silva en 2023, un caso que terminó con graves condenas, empezando por el expresidente Jair Bolsonaro.
Bolsonaro fue cliente de Cerimedo, que se dedica a las campañas digitales y la promoción de narrativas en redes sociales, con una notoria inclinación por la desinformación. También fueron sus clientes otros dos presidentes: el argentino Javier Milei y el hondureño Nasry Asfura. Todos son admiradores obsecuentes de Donald Trump.
Pero ahora quiero volver a Bolivia, donde Cerimedo asesoró la campaña electoral del actual presidente Rodrigo Paz.
Pero la cosa no terminó ahí. Su novia, Beller, asegura que Cerimedo tenía hasta ahora una oficina en el palacio de gobierno, al lado del despacho del presidente Paz, y que las reuniones entre los dos duraban muchas horas todos los sábados. Otras fuentes van más lejos y describen a Cerimedo participando en reuniones de gabinete, con gran poder de decisión, pero sin cargo oficial ni claridad sobre cuánto y cómo se le pagaba.
Cerimedo es un agente de la mentira que puso su pie en Bolivia, un país – uno más – en el que las operaciones de desinformación e interferencia política son el pan de cada día.
En febrero de este año publiqué una investigación sobre cómo una red de operadores rusos se desplegó en Bolivia para apuntalar al debilitado gobierno de Luis Arce, “amigo de la Federación Rusa”, en 2024.
Las tácticas incluyeron redactar los discursos de Arce, crear una unidad de comunicación de respuesta rápida dentro del gobierno, llevar a cabo operaciones de bandera falsa dirigidas al expresidente Evo Morales (considerado entonces el principal enemigo político de Arce, aunque los dos eran del mismo partido), e influir en las elecciones judiciales y nacionales de 2025.

El plan de los rusos no resultó. Arce siguió siendo un presidente débil y ni siquiera pudo aspirar a la reelección. Fue preso apenas dejó la presidencia. Quien ganó las elecciones fue Paz, con ayuda del estratega Cerimedo, ahora caído en desgracia.
Pero en unos pocos meses – y a pesar del intenso asesoramiento que al parecer siguió ejerciendo Cerimedo – Rodrigo Paz se convirtió en un presidente muy impopular.
Los problemas de Bolivia son muchos y complejos. Pero las estrategias electorales basadas en la manipulación, la interferencia, la desinformación y las mentiras solamente agravan las cosas; contaminan el espacio público, denigran a personas e instituciones y profundizan la desconfianza de la gente en la democracia. Y eso sí lo hacen bien, porque es, justamente, lo que buscan.


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Hasta la semana que viene.
Diana Cariboni, Editora de América Latina
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