La noche del 13 de marzo de 1964 caía sobre Río de Janeiro cuando el presidente João Goulart (conocido como Jango), anunció medidas que cambiarían el rumbo de la historia nacional frente a una multitud reunida en la Estación Central de Brasil.
Su discurso, centrado en la restricción de los envíos al exterior de las ganancias de empresas extranjeras y en la promesa de una reforma agraria, no solo resonó en las calles, sino también en los despachos de Brasilia, en las sedes de las corporaciones multinacionales y en los pasillos de Washington.

Días antes, en Belo Horizonte, un grupo de mujeres que empuñaban rosarios como escudos frente a lo que consideraban una amenaza comunista, le impidieron hablar al diputado federal laborista Leonel Brizola, cuñado del presidente.