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India: Las cucarachas, Modi y la muerte del miedo

Las manifestaciones juveniles de la India bajo el lema de las ‘cucarachas’ neutralizaron las principales herramientas de control del régimen: el miedo, la alienación y la división

India: Las cucarachas, Modi y la muerte del miedo
Imagen de una de las manifestaciones de las 'cucarachas' | Ishan Tankha
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A su madre le preocupaba que la policía la golpeara. Su padre habría tratado de detenerla, así que se fue sin decírselo. Su hermana, recién casada, la sorprendió cuando insistió en acompañarla.

Así que ahí estaban Rachna, de 21 años y vestida con el modesto traje de pantalón negro que llevaba para dar clases particulares, y Mamta, de 23, ataviada con un sari y aún con sus brazaletes de novia. Dos hijas de un jornalero y una ama de casa, acampadas a las 2 de la madrugada de un sábado entre decenas de miles de jóvenes como ellas en Jantar Mantar, el reloj de sol y observatorio del siglo XVIII de Nueva Delhi que, desde hace tiempo, es punto de referencia y hogar espiritual de la protesta democrática en la India.

Las hermanas no conocían a ningún otro manifestante; nunca habían estado en Delhi, la ciudad más insegura de la India para las mujeres. Estaban agotadas por el viaje, abrumadas por la multitud que las rodeaba, pero eufóricas por haber tomado el tren desde su casa, no muy lejos del Taj Mahal en Agra, norte del país, hasta la capital nacional para asistir a la mayor protesta de sus jóvenes vidas.

"Nos vamos a quedar aquí todo el tiempo que haga falta", dijo Rachna, mientras se recogía nerviosamente su larga coleta en un moño apretado. "Le dije a mi didi que dormiríamos aquí en la calle hasta que el ministro de Educación renuncie".

Dos meses atrás, el Partido Popular Cucaracha (CJP, por sus siglas en inglés) era una broma de Internet surgida a raíz de un comentario despectivo del presidente del Tribunal Supremo, que comparó a la juventud desempleada con las cucarachas. A fines de julio, el CJP se anotó la mayor victoria política del país en los últimos 12 años: obligó al influyente ministro de Educación, Dharmendra Pradhan, a renunciar por las repetidas filtraciones de resultados de exámenes, tras una seguidilla de protestas masivas, entre ellas una sentada que duró varias semanas. 

En mayo, más de dos millones de estudiantes se presentaron a la Prueba Nacional Anual de Elegibilidad y Acceso para estudiar en prestigiosas facultades de medicina. El examen se realizó en 13 idiomas diferentes en más de 5.000 centros bajo estrictas medidas de seguridad, pero días después se supo que las preguntas se habían filtrado con antelación y se habían vendido a estudiantes dispuestos a hacer trampa. El examen se canceló y se reprogramó para el mes siguiente.

Por otra parte, durante tres días de junio, casi tres millones de aspirantes, Rachna y Mamta incluidas, se presentaron a un examen para cubrir 32.679 vacantes de agentes de policía en el estado de Uttar Pradesh – con una tasa de admisión del 1%. Días más tarde, una publicación que se hizo viral en las redes sociales afirmaba que este examen también se había filtrado. Esta vez, las autoridades desmintieron los rumores y detuvieron a un joven responsable de la publicación, pero para el 99% de quienes no consiguieron el puesto, el rumor ya era un hecho.

"Me presenté al examen para ser agente de policía", dijo Rachna. "Yo también", añadió Mamta. "Pero se filtró el examen. Siempre ocurre lo mismo", dijeron las dos. "El ministro de Educación tiene que renunciar".

Doce horas más tarde, su deseo se hizo realidad: Pradhan renunció. La multitud se dispersó poco después, dejando tras de sí un reguero de preguntas. ¿Quiénes eran estos jóvenes? ¿Por qué su protesta tuvo éxito, cuando muchas otras no han logrado ninguna concesión del régimen autoritario del primer ministro Narendra Modi? ¿Es posible que la energía de estas manifestaciones se traduzca en avances electorales para la oposición, o dé paso a un cambio significativo, sea lo que sea que esto signifique?

De momento, se da por sentado que la razón del éxito de esta manifestación fue la percepción de que el gobierno de Modi traicionó la lógica aspiracional india: trabajar duro, sacar la mejor nota en el examen, conseguir el trabajo, formar parte de la clase media. Puesto que esta rebelión juvenil se rehusó a conectarse con las que la precedieron, en particular las vinculadas con los derechos de los ciudadanos musulmanes, no constituyó un desafío fundamental para el régimen.

Sin embargo, las conversaciones con quienes acamparon en Jantar Mantar sugieren que el daño infligido al régimen de Modi va mucho más allá de la caída de un ministro. Las manifestaciones de las cucarachas en Delhi y en pueblos y ciudades de todo el país despertaron una solidaridad nueva y repentina que neutralizó las principales herramientas de control del gobierno: el miedo, la alienación y la división.

La sociedad india no estuvo preparada, por casi una década, para la violencia extrema que desató el gobierno de Modi | Ishan Tankha

El pacto de Modi con el diablo

Cuando Narendra Modi llegó al poder en 2014, su régimen ofreció a los industriales, a la intelectualidad, a la clase media hindú urbana y al inquieto electorado rural de la India un pacto con el diablo: miren para otro lado y, a cambio, haremos lo que sea necesario para transformar la India en una economía moderna y capitalista acorde con las crecientes aspiraciones de su población joven.

"Lo que sea necesario", se vio después, significaba sacrificar todo y a todos – instituciones democráticas, minorías religiosas, derechos de voto y ciudadanía, tierras de cultivo y agricultores, bosques y habitantes de los bosques, ríos y quienes los consideran sagrados – en aras de recortar drásticamente los impuestos a las empresas, destrozar las leyes laborales y las normativas medioambientales, repartir prebendas a las grandes empresas indias e intentar convertir el país en un Estado teocrático hindú.

Pero hasta hace poco, incluso cuando la economía de la India flaqueó y se estancó y las filas de los desempleados crecían, el pacto se mostró sorprendentemente sólido.

La sociedad india no estaba preparada para la violencia extrema que desató la fuerza gobernante, el derechista Partido Popular Indio (Bharatiya Janata Party, BJP), sus militantes, sus grupos de autodefensa y el poderío de las fuerzas de seguridad militarizadas de la India.

Durante casi una década, la sociedad se hundió en un estado de conmoción mientras grupos de autodefensa supremacistas hindúes perseguían y linchaban a musulmanes, la policía irrumpía en las universidades y maltrataba a los estudiantes, el poder judicial denegaba la libertad bajo fianza a los críticos del régimen encarcelados por los cargos más infundados, la comisión electoral privaba del derecho al voto a millones de indios y los paramilitares detenían a miles de musulmanes, los acusaban de ser inmigrantes ilegales procedentes de Bangladés y, en algunos casos, les vendaban los ojos, los ataban a dudosos chalecos salvavidas y los arrojaban al mar a lo largo de la costa que comparten ambos países.

Los partidarios del régimen y gran parte de los medios de comunicación amplificaron, justificaron y celebraron la violencia de Estado, mientras que las protestas eran tachadas de obra de terroristas y traidores, y repelidas por policías y paramilitares con porras, gas lacrimógeno y escopetas de perdigones. A los izquierdistas se los tildó de maoístas, a los académicos y escritores, de sediciosos, a los agricultores, de terroristas sijs y a los musulmanes, de agentes de Pakistán.

"Este régimen adoctrinó a la gente en la cobardía. Porque cuando no hay nada más en juego, es tu vida. Es simplemente tu vida. No hay nada más ni nada menos que eso en juego", dijo Neha Bora, la líder de la organización de izquierdas Asociación de Estudiantes de Toda la India, que llevó a cabo una huelga de hambre de 23 días como parte del levantamiento.

"Nos están enseñando que, cuando cometen asesinatos en masa en este país, todo el mundo tiene tanto miedo que nadie puede hablar en nombre de los demás. Pero lo que se ha aprendido se puede desaprender. Y cada momento que tengamos, cada oportunidad que se nos presente, debemos desaprender".

Las manifestaciones de las ‘cucarachas’ forjaron nuevas solidaridades entre la juventud india | Ishan Tankha

Desaprender el miedo

Mientras el monzón se cernía sobre Delhi, las señales de este "desaprendizaje" estaban por todas partes. En autobuses, taxis y rickshaws (bicitaxis), en las casas de té, en los puestos de tabaco y en los escasos espacios verdes abiertos de la capital, todas las conversaciones giraban en torno a las extraordinarias protestas de Jantar Mantar. Se trataba del tipo de conversaciones complejas, frustrantes y con múltiples capas que caracterizaron la política callejera, pero que estuvieron silenciadas durante los últimos 12 años.

"Voté por Modi y ahora me avergüenzo", dijo Subhash Yadav, un taxista de Bihar (estado del este de la India), que lleva varios años viviendo en Delhi. "Hay mucho desempleo, se filtran exámenes y, si alguien abre la boca, lo encierran inmediatamente".

Durante años, contó Yadav, se consideró un andh-bhakt, un seguidor ciego. Su devoción por Modi creció cuando el BJP cumplió una promesa de larga data de construir un gigantesco templo hindú en la ciudad de Ayodhya, en el lugar donde se encontraba una mezquita musulmana del siglo XIII que fue derribada por militantes del BJP en la década de 1990.

"Verás, la gente anhela lo que no tiene", dijo Yadav. "En la época de [el predecesor de Modi] Manmohan Singh, teníamos trabajo, así que queríamos el templo. Ahora tenemos el templo, pero no tenemos trabajo. Ahora necesitamos trabajo".

Más cerca del lugar de la manifestación, las calles estaban plagadas de carteles y grafitis contra el régimen. Al caer la tarde, Tolstoy Marg – la principal vía de acceso al lugar – se llenaba de jóvenes, hombres y mujeres, que llevaban las mochilas maltrechas y colgadas a la altura de la cintura que caracterizan a quienes dedican años de su juventud a prepararse para los exigentes exámenes de ingreso de la India.

En el propio lugar de la protesta, una red de voluntarios dirigía a la multitud lo mejor que podía alrededor de un gran escenario coordinado por voluntarios y por Abhijeet Dipke, el joven que creó la cuenta de Instagram del Partido Popular Cucaracha como un chiste de humor negro, y al que acabaron siguiendo decenas de millones de personas, convencidas de que la crisis de la democracia india era mucho más profunda que la filtración de los exámenes.

"El gobierno no entiende lo que está pasando aquí. Creen que esta protesta es algo sin importancia", dijo Saveen Gulia, que llevaba 10 días viviendo en Jantar. Dejó su trabajo de tendido de cables de internet de fibra óptica en la zona rural de Haryana, estado del noreste, y se subió a un tren con una sábana y tres camisetas para sumarse a los manifestantes. Gulia contó que no conocía a nadie cuando llegó, pero muy pronto se encontró en un mundo que no creía posible.

"Hindúes, musulmanes, sijs, cristianos, todos conviviendo como una familia", dijo, todavía un poco incrédulo ante esta experiencia de coexistencia pacífica. "Veía a gente de los medios diciendo: ‘Los musulmanes son así, los musulmanes son asá’. Pero cuando vine aquí, descubrí que si tratas bien a la gente, te tratan bien. Mejor que bien: todos nos tratábamos como una familia".

Gulia culpó a las redes sociales y a las "cámaras de eco" en línea – cuyo auge coincide con los 12 años del BJP en el poder – de "arruinar esta hermandad". El régimen creó un grupo profesionalizado de trolls en línea que propagan sin descanso la propaganda que afirma que hindúes y musulmanes no pueden coexistir pacíficamente en una sociedad tan compleja como la de la India, y mucho menos ser amigos.

Estos trolls desencadenan oleadas de indignación por cosas intrascendentes, como un anuncio de detergente en el que aparecían un niño musulmán y una niña hindú jugando juntos. Su deslegitimación de algo tan íntimo y profundo como la amistad hizo que una generación de jóvenes como Gulia pasara la mayor parte de sus vidas sin haber conocido nunca realmente a alguien de otra religión.

En una conversación tras otra en Jantar Mantar, los jóvenes acampados en tiendas improvisadas expresaban sorpresa, alegría y emoción ante los encuentros con desconocidos con los que nunca hubieran pensado hablar, hacerse amigos o – a medida que se intensificaban las medidas represivas – protegerlos de los agentes de policía que blandían porras supuestamente con clavos incrustados.

"Cada noche hay ponentes de lugares como la Universidad Jawaharlal Nehru que nos enseñan sobre el capitalismo, sobre el socialismo, sobre por qué la India es como es", dijo Neha Dahat, una licenciada de 22 años que desempeña su primer empleo en Delhi. Dahat había pasado las últimas noches acampando y durmiendo de a ratos para presenciar el desfile de políticos de la oposición, activistas y académicos que se dirigían a la multitud hasta altas horas de la madrugada. Luego se levantaba temprano para volver a casa, ducharse, cambiarse e ir al trabajo, y regresar a la acampada de tarde.

"Cada mañana me despierto pensando ‘Anoche escuché algo nuevo, aprendí algo nuevo’. Solía creer que ya había leído lo suficiente. Pero entonces alguien en la manifestación menciona a algún escritor, y pienso ‘Ahora tengo que leer esto. Ahora tengo que leer más’". A Dahat se le iluminaron los ojos al señalar una biblioteca improvisada que había montado la Federación de Estudiantes de la India, donde, según dijo, se pasó el tiempo devorando libros. Estaba claro que, a pesar de tomar parte en una manifestación que, en apariencia, versaba sobre la inviolabilidad de los exámenes competitivos, era la primera vez que se encontraba entre una comunidad de lectores interesados en ideas que iban más allá de un programa de estudios.

"He aprendido que me gusta conocer a gente nueva, escuchar múltiples perspectivas, entender cómo piensan", dijo. "Creo que tengo que ser más abierta, hablar con la gente, con personas que viven cerca del pueblo, con personas que han venido aquí desde muy lejos".

Bora, la experimentada activista estudiantil de la Asociación de Estudiantes de Toda la India, dijo que muchas de las personas que abarrotaron Jantar Mantar participaban en una manifestación por primera vez.

"Todas estas son personas que se quedarían en casa y nos tildarían de antinacionales", afirmó. "Si la televisión les hubiera dicho que los que están aquí sentados eran una camarilla de izquierda de George Soros o lo que sea, se lo habrían creído. Pero fue esta protesta la que les permitió no creer esas cosas".

"Tienes que aprender que cada persona a la que antes se tildaba de antinacional, y a la que tú aceptaste como antinacional, cuyo juicio público viste por televisión y creíste, a la que atacaste en las redes sociales…, tú eres esa persona. Y si hoy no les crees, porque te están catalogando de antinacional a ti, entonces quizá ellos tampoco lo sean".

Los jóvenes manifestantes pisotearon el culto a la personalidad del primer ministro Modi | Ishan Tankha

Burlarse de Modi

Quizá el logro más curioso de los 12 años del BJP en el poder haya sido la insistencia en que la popularidad personal de Modi permanecía intacta.

Al recorrer Delhi, el rostro barbudo del primer ministro se ve en vallas publicitarias, paradas de autobús, gasolineras, en el aeropuerto y en la estación de tren. En las entrevistas que hice durante años, la gente se quejaba de la situación del país, de las locuras de determinados ministros del gobierno y de la burocracia, pero guardaba silencio cuando le preguntaba su opinión sobre Modi. Se trataba de autoprotección ante la costumbre de la policía de detener a quienes supuestamente la insultan, incluso en grupos privados de WhatsApp.

A pesar de que el descontento crecía y sectores cada vez más amplios de la sociedad se rebelaban bajo el peso de un régimen cada vez más arrogante, el gobierno y los medios de comunicación dóciles insistían en que Modi era un líder popular, que solo él podía arreglar la India y que la resistencia era inútil.

Sin embargo, en 36 días entre junio y julio, decenas de miles de estudiantes reunidos en Jantar Mantar hicieron trizas el temible culto a la personalidad de Modi. Los jóvenes ahora ven a Modi y a sus lugartenientes como ancianos desconectados de la realidad, en el mejor de los casos, o como objetos de burla, en el peor. El eje de la protesta era la renuncia del ministro de Educación, pero el foco de la ira era claramente el propio Modi.

Uno de los cánticos más repetidos en Jantar Mantar decía: "Modi jab darta hai, toh Hindu-Muslim karta hai / Modi jab darta hai, toh police ko aage karta hai" (Cuando Modi tiene miedo, enfrenta a hindúes contra musulmanes / Cuando Modi tiene miedo, se esconde detrás de la policía).

Pero lo que más se oía a lo largo de las calles que bordeaban el lugar de la protesta, como un grito agudo que atravesaba el estruendo de la manifestación, era una cancioncita en hindi que comenzaba diciendo que la hoja del árbol de neem es amarga, a lo que la multitud respondía rugiendo un insulto irreproducible contra el primer ministro.

El padre de Riya Kumari Thapa sostiene una fotografía de su hija, que se suicidó tras la filtración de los exámenes de acceso a las facultades de medicina de la India | Ishan Tankha

Si hubo un espacio para la reflexión en aquellos días y noches embriagadas de rebelión, fue junto al muro del límite este del recinto de la protesta.

Allí se invitaba a los visitantes a garabatear notas en una gran sábana blanca en la que aparecían impresos los rostros de jóvenes estudiantes de todo el país. Algunas de las fotografías eran retratos del tipo exigido por el sistema de exámenes de la India: fondo blanco con el rostro ocupando el 80% de la imagen, centrado de modo que ambas orejas queden claramente visibles.

Otras fotos ofrecían destellos de sus vidas más allá de la rutina de la preparación para los exámenes: una guirnalda de luces festivas detrás de una chica de Tamil Nadu vestida con un traje de tres piezas salwar kameez brillante; un joven de Rajastán de pie ante unas cortinas con motivos de hojas que quizá hubiera elegido su madre; la radiante sonrisa de una chica de Madhya Pradesh; la mirada irónica pero decidida de un joven que intentaba mantener la compostura mientras un hombre de mediana edad, al fondo, se agachaba para atarse los cordones de los zapatos.

Estos jóvenes sonrientes, afirmaron sus familiares y amigos, se quitaron la vida por el estrés que les supuso tener que volver a presentarse a los exámenes de medicina cuyas preguntas se habían filtrado.

"Amigos, ustedes eran como nosotros", decía una nota escrita en hindi. "La sociedad, el gobierno y las circunstancias intentaron despojarlos de su humanidad, pero ustedes forjaron una revolución que ha impregnado este mundo. Volveremos a vernos".

openDemocracy Author

Aman Sethi

Aman Sethi is editor-in-chief of openDemocracy. Before joining us he was deputy executive editor at HuffPost. Before that he was the executive editor for strategy at BuzzFeed, editorial director with Coda Media, editor-in-chief of HuffPost India, associate editor with the Hindustan Times, and foreign correspondent (Africa) and Chhattisgarh correspondent with The Hindu. His award-winning reportage both in India and around the world has touched on some of the most pressing issues of our time, such as migration, land grabs, labour rights, public health, nationalism, democracy and insurgency. He is the author of the critically acclaimed non-fiction book ‘A Free Man’.

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