Gambia, un país de menos de tres millones de habitantes en África Occidental, prohibió la mutilación genital femenina (MGF) en 2015. Pero en julio de 2024, estuvo a punto de legalizarla nuevamente. Y hubiera pasado, de no ser por el activismo feminista.
Tras meses de organización sostenida, movilización comunitaria y una campaña pública, las feministas lograron que la Asamblea Nacional (parlamento) rechazara, por 34 votos en contra y 19 a favor, un proyecto de ley que hubiera derogado la prohibición vigente desde 2015.
Fue una victoria importante, no solo para las mujeres y niñas gambianas, sino para los movimientos feministas de todo el continente.