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De Gaza a Trump, bienvenidos a la era de la ‘Gran Seguridad’

A medida que líderes mundiales reemplazan la resolución de conflictos con el uso de la fuerza, la vigilancia y el control de daños, un nuevo libro analiza el ascenso del ‘taponamiento’

De Gaza a Trump, bienvenidos a la era de la ‘Gran Seguridad’
El primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, y el presidente de EEUU, Donald Trump |Handout/Anadolu via Getty Images
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No fue sorpresa para nadie que Benjamín Netanyahu rechazara al plan de paz para Gaza de Donald Trump, dado el clima actual entre los judíos israelíes. Cualquier resultado que no sea la eliminación total de Hamás se considerará un fracaso, que pondría en riesgo la supervivencia del primer ministro en las próximas elecciones.

Pero el problema no es solo Netanyahu, y sería ingenuo pensar que su salida conduciría necesariamente a un enfoque diferente de Israel respecto de Palestina.

Tomemos como ejemplo al principal aspirante a reemplazarlo: Gadi Eisenkot, exjefe del Estado Mayor del Ejército israelí y líder del recién formado Partido Yashar. Es poco probable que adopte una postura muy distinta sobre la causa palestina, después de haber integrado el gabinete de guerra de Netanyahu en los primeros nueve meses de la guerra en Gaza, periodo en el que murieron 30.000 palestinos, la mayoría mujeres y niños.

La política israelí, como la de cualquier otra parte, está atrapada en un paradigma de seguridad en el que las amenazas se gestionan – en lugar de resolverse –  mediante un despliegue cada vez mayor de fuerza, vigilancia y control. Este fenómeno está documentado en el libro Age of Security: The Rise of a Global Obsession (La era de la seguridad: El auge de una obsesión global) del antropólogo Ruben Andersson.

Andersson utiliza el concepto de 'taponamiento' (liddism) para comparar la negativa de los gobiernos a abordar las causas profundas de la inseguridad con el acto de poner la tapa sobre una olla a presión: “Un golpazo: una tapa pesada sobre el problema en lugar de bajar la temperatura”.

En este sentido, Israel vuelve a ofrecer un ejemplo claro. “Cámaras de vigilancia, radares, sensores y sistemas de armas a control remoto complementaban esta mole de 140.000 toneladas de hierro y acero, todo supervisado desde centros de control de última generación”, escribe Andersson sobre la cerca inteligente construida alrededor de Gaza para brindar “seguridad total” a Israel, a un costo de mil millones de dólares.

Inaugurada en diciembre de 2021, la cerca infundió en los israelíes una falsa sensación de seguridad que rayaba en la soberbia. Pero falló de manera estrepitosa menos de dos años después con el ataque de Hamás del 7 de octubre.

Estos cálculos erróneos no se limitan a Israel. Andersson recurre con brillantez a muchos otros ejemplos de todo el mundo para argumentar de forma convincente que hemos entrado en la era de la ‘Gran Seguridad’ (Big Security), en la que el objetivo principal es la protección del statu quo, invariablemente a expensas de los marginados.

La Gran Seguridad puede adoptar muchas formas. El control de la migración suele estar en primera línea, pero también se extiende a un régimen cada vez más autoritario y a una obsesión por la vigilancia. Se trata, además, de un fenómeno global; desde El Salvador hasta China, India, Pakistán, Indonesia y la amplia franja de estados afectados por el islamismo extremista a lo largo del cinturón del Sahel, en el sur del Sahara, Andersson demuestra que siempre habrá “amenazas” que los gobernantes pueden utilizar para justificar su imperiosa necesidad de control.

Otros ejemplos clave proceden de Rusia, donde Vladimir Putin ha reforzado el control centralizado; del Reino Unido, donde sucesivos gobiernos han intentado reprimir el apoyo a Palestina; y de Estados Unidos, donde justamente esta semana un informe reveló que el Departamento de Seguridad Nacional de Trump espió a grupos de izquierda que se oponían a la operación neofascista del ICE (Servicio de Control de Inmigración y Aduanas) en Minnesota a principios de este año.

La Casa Blanca también es prueba de lo veloz que puede ser la transición hacia un Estado de seguridad. Sin buena preparación durante su primer mandato de 2017 a 2021, Trump aprovechó los cuatro desastrosos años de Joe Biden en el cargo para planificar al detalle su segunda oportunidad en 2025.

Un indicio temprano fue el uso de unidades de la Guardia Nacional bajo control federal para imponer un seudoorden en ciudades supuestamente violentas pero gobernadas por los demócratas, y otro fue la profunda antipatía hacia la sola idea del colapso climático provocado por el ser humano. Para los partidarios de Trump, esto era, en particular, una tontería peligrosa, y se hicieron todos los esfuerzos posibles para clausurar cualquier respuesta vinculada al ámbito federal.

Responder al colapso climático representa un grave problema para la Gran Seguridad, ya que exige una cooperación reflexiva en todos los niveles, desde el vecindario hasta el Estado e incluso a escala global. Una de las señales de esperanza en un mundo por lo demás inestable es que hoy sabemos que una rápida descarbonización de las economías es posible, hasta el punto de que es posible prevenir los extremos climáticos.

Pero en contra de esta idea se ubican los poderosos y bien financiados lobbies de los combustibles fósiles. Para ellos, la creciente preocupación pública por el colapso climático es un anatema que debe combatirse con vigor. Además, la Gran Seguridad es altamente rentable y se apoya en el solapamiento con los complejos militares-industriales del mundo y su vasta experiencia de cabildeo. Esto está en pleno auge, con reiterados y a menudo exitosos llamados a aumentar los presupuestos militares.

Age of Security presenta una visión descorazonadora del futuro, pero Andersson sostiene que existen muchas formas de responder con eficacia, especialmente oponiéndose a la Gran Seguridad en todos los niveles. Aun así, cualquiera que participe en los esfuerzos por controlar el comercio de armas sabe del poder de ese grupo de presión.

Una vez más, hay mucho por hacer y el tiempo es escaso.

Paul Rogers, corresponsal de seguridad internacional de openDemocracy, es profesor emérito de estudios para la paz en el Departamento de Estudios sobre la Paz y las Relaciones Internacionales de la Bradford University, y miembro honorario del Joint Service Command and Staff College. Su cuenta en X es @ProfPRogers.

Paul Rogers

Paul Rogers

Paul Rogers is Emeritus Professor of Peace Studies in the Department of Peace Studies and International Relations at Bradford University, and an Honorary Fellow at the Joint Service Command and Staff College. He is openDemocracy’s international security correspondent. He is on Twitter at: @ProfPRogers.

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