En mayo de 2003, una comisión permanente de la Cámara de los Comunes se reunió para debatir un monumental proyecto de ley de hacienda. Eran los años del laborista Tony Blair al frente del gobierno británico.
En las icónicas cajas rojas que los parlamentarios británicos usan para cargar documentos, ese día había una disposición que permitiría, en las siguientes dos décadas, que las grandes tecnológicas se embolsaran miles de millones de libras en deducciones fiscales corporativas.
El gobierno de Blair quería permitir que las empresas que pagaran con acciones parte de las compensaciones a sus empleados, pudieran obtener una rebaja del impuesto corporativo equivalente a la diferencia entre el valor de mercado de las acciones y el precio original que el empleado pagó por ellas. La comisión aprobó la disposición, y lo mismo hizo después el pleno del Parlamento.
Esta semana, el CEO de Palantir en el Reino Unido y Europa, Louis Mosley, recordó ese debate para defender lo poco que paga de impuesto corporativo la empresa estadounidense de datos y supervigilancia. Se trata, dijo, "un incentivo fiscal estándar conforme a la ley".
Mosley se vio obligado a hablar de esto a raíz de un informe del Centre for International Corporate Tax Accountability and Research que confirmó la revelación de openDemocracy: Palantir usa esa forma de compensación a sus empleados para reducir en millones de libras sus obligaciones tributarias corporativas en el Reino Unido.

La empresa pagó menos de un millón de libras (1,35 millones de dólares) en impuestos corporativos el año pasado – menos de lo que pagó en Corea, Japón, Francia y Alemania –, a pesar de que el Reino Unido es su segundo mercado más grande después de Estados Unidos.
La conversación pública sobre lo poco que paga Palantir en impuestos está en el corazón del debate sobre el capitalismo en el Reino Unido: después de 15 años de políticas de austeridad presupuestal, ¿quién debería pagar impuestos – y cuánto – para reparar nuestros servicios públicosy el tejido social que se desmorona?
Estas preguntas son particularmente acuciantes en el caso de Palantir, ya que gran parte de sus ganancias en este país provienen de contratos gubernamentales que pagan los contribuyentes de a pie.
Mosley y el abogado especialista en impuestos corporativos Dan Neidle argumentaron que, si bien en el papel puede parecer que Palantir está eludiendo el pago de impuestos, la Administración Tributaria del Reino Unido recupera el dinero a través de los impuestos a la renta que pagan los empleados de Palantir, muy bien remunerados.
"Contamos con un generoso paquete de beneficios para nuestros empleados británicos. Esas acciones han aumentado drásticamente de valor (gracias a nuestra rentabilidad). Por lo tanto, también ha aumentado la factura fiscal de esas acciones – pagada a tasas de impuesto sobre la renta, que son MÁS ALTAS que las del impuesto corporativo. La ley británica entonces compensa parte de eso con el impuesto corporativo, exactamente como el Parlamento pretendía", escribió Mosley en LinkedIn, alegando que la empresa pagó 148 millones de dólares en impuestos en el Reino Unido.
"¿El resultado neto de este truco astuto? Más impuestos pagados por Palantir al Tesoro, no menos".
Las afirmaciones de Mosley no pueden verificarse de forma independiente ya que los informes de cuentas de 2025 de la empresa no están publicados en el Registro Mercantil.
"No veo esto como evasión fiscal, ni legal ni moralmente", dijo en junio a openDemocracy Neidle, fundador de la organización sin ánimo de lucro de asesoramiento fiscal Tax Policy Associates. "Los empleados de Palantir en el Reino Unido debían estar sujetos al impuesto sobre la renta y al seguro social de empleado/empleador. Así que en general probablemente resultó en que se pagó un impuesto adicional".
Una revisión de las enmiendas al sistema impositivo introducidas en 2003 por el entonces gobierno laborista y entrevistas con expertos fiscales de otros países revelan que el Reino Unido y Estados Unidos son casos atípicos por su enfoque generoso en materia de tributación corporativa, a pesar de la tasa de 25% de impuesto a las sociedades que se aplica en el Reino Unido.
La decisión de gravar a los empleados, mientras se otorgan deducciones a las corporaciones, es una clara elección política y regulatoria, según estos expertos, basada en la naturaleza de la actividad económica que incentiva un régimen tributario determinado; en este caso, el capital financiero y las grandes tecnológicas. En otras palabras, el mero hecho de que exista una disposición fiscal particular no significa que esté justificada, señalaron los expertos.
“Si bien este tipo de deducción tan grande puede estar técnicamente justificada en un sistema tributario, la cuestión es más bien: ¿Esto es justo?”, dijo Christoph Spengel, profesor de tributación internacional en la Universidad de Mannheim en Alemania, un país que no permite este tipo de deducciones tan amplias.
"¿Cuáles son las consecuencias visibles de que la riqueza se concentre en manos de solo unos pocos individuos? Porque eso es lo que esto significa", agregó.
Spengel no ve justificación para tal disposición, "porque en realidad no supone ningún costo" para la empresa: no sale del patrimonio de la empresa ni esta renuncia a ninguno de sus activos. Las obligaciones del impuesto sobre la renta de un empleado y otras obligaciones fiscales personales no deberían tener incidencia en si una empresa obtiene una deducción, en su opinión.
"Las empresas son actores clave en la economía, y es necesario contar con una herramienta para incentivarlas a actuar de forma positiva y evitar que hagan cosas que no nos gustan", dijo Reuven Avi-Yonah, profesor titular de derecho tributario en la Universidad de Michigan, cuya cátedra Irwin I. Cohn se centra en la tributación corporativa e internacional. “Y el impuesto de sociedades es un instrumento muy versátil para lograrlo”.
"Mucha gente está preocupada por dos cosas: la concentración de la riqueza en muy pocas manos y la inteligencia artificial", dijo Kimberly Clausing, titular de la cátedra Eric M. Zolt de Derecho Tributario y Política Pública en la Facultad de Derecho de la UCLA.
Clausing señaló que, si bien economistas y legisladores están considerando una amplia gama de soluciones innovadoras para este problema, "los mismos objetivos podrían alcanzarse mucho más fácilmente si tuviéramos la voluntad de usar nuestro impuesto corporativo correctamente".
Neidle, de Tax Policy Associates, no está de acuerdo.
"Si bien es verdad que el Reino Unido y Estados Unidos son casos atípicos desde un punto de vista formal, en realidad la gente logra lo mismo en la mayor parte del mundo. Eso es tan razonable como difícil de evitar, dado que un esquema de acciones es económicamente equivalente a un bono más una compra de acciones", dijo.
En opinión de Neidle, que una empresa otorgue a sus empleados una bonificación en efectivo por comprar acciones es "económicamente idéntico" a entregarles las acciones directamente.
"Por lo general, es una mala idea generar resultados fiscales diferentes a partir de casos económicos idénticos, y si se hace (como ha hecho Alemania), es muy fácil eludirlo", dijo. "El resultado es el mismo; simplemente es más complicado".
La ruptura en la era Blair
A principios del nuevo milenio, las empresas de Estados Unidos – particularmente en el entonces pujante sector tecnológico – empezaron a compensar cada vez más a sus empleados con acciones en lugar de pagarles salarios más altos. Para las empresas, los beneficios eran triples: conservaban liquidez que podía invertirse en el negocio, retenían a los empleados hasta que sus acciones adquirieran valor, y ahorraban en impuestos.
El gobierno británico respondió imitando la estrategia estadounidense y modificó sus propias normas sobre el impuesto corporativo. Cuando se aprobó el cambio en 2003, el Tesoro británico estimó que, para el ejercicio 2007-08, perdería alrededor de 95 millones de libras (unos 128 millones de dólares) en impuestos no recaudados ese año.
Dos décadas después, como informó openDemocracy, Palantir pudo utilizar legalmente esta disposición para obtener, solo en 2022, una deducción fiscal de unos 230 millones de libras (más de 310 millones de dólares) – cifra que la empresa no ha cuestionado.
"Esta es la principal razón por la que las megacorporaciones estadounidenses no pagan impuestos: todas pagan enormes cantidades de compensaciones con acciones y las deducen", dijo Avi-Yonah a openDemocracy. "Esto ha sido así desde siempre; no es una tendencia nueva. Lo que sí es nuevo es su increíble rentabilidad gracias a la inteligencia artificial".
Impuestos y regulación
Si bien las leyes tributarias suelen presentarse como un conjunto pragmático de reglas y cifras, son subjetivas y resultado de debates políticos, lobby corporativo y coerción.
El impuesto a la renta de las empresas a principios de 1900 en Estados Unidos fue el resultado de dos luchas, escribe Marjorie E. Kornhauser, profesora emérita de derecho en la Universidad de Tulane: "El intento de promulgar un impuesto a la renta y la lucha para regular a las corporaciones".
A medida que la naturaleza de las corporaciones cambiaba a lo largo de los siglos, también cambiaron los argumentos sobre cómo y por qué debían tributar.
Las corporaciones actuales tienen una estructura muy diferente a la de épocas anteriores. Investigaciones realizadas en Estados Unidos sugieren que las empresas están sustituyendo cada vez más los salarios por pagos basados en acciones.
Además, las empresas de tecnología (incluida Palantir) recurren cada vez más a las acciones de doble clase (que establecen diferentes derechos a voto para los accionistas), lo que permite emitir grandes cantidades de acciones a los empleados sin que los socios fundadores se preocupen de perder el control de sus empresas. Estos son, por lo tanto, recompensados con un control sin precedentes de sus negocios y mayores derechos de voto que los accionistas comunes. Cuando Google lanzó una estructura accionaria de doble clase en su salida a la bolsa en 2004, solo alrededor del 1% de las empresas estadounidenses que cotizaban en bolsa utilizaban ese modelo. Para 2018, ya llegaban al 30%.
Otro cambio estructural es la tendencia de las empresas de tecnología a obtener una proporción cada vez mayor de sus ingresos a través de contratos públicos, conforme los gobiernos buscan digitalizarse y modernizarse. Palantir, por ejemplo, obtiene la mayor parte de sus ingresos en Estados Unidos y el Reino Unido de contratos gubernamentales financiados con fondos públicos.

"En última instancia, son los contribuyentes quienes financian el dinero que recibe Palantir", dijo Avi-Yonah. El acuerdo actual es “un trato unilateral en el que simplemente se quedan con el dinero, no pagan nada de impuestos y no dan nada a cambio", salvo sus servicios, añadió.
openDemocracy se contactó con Palantir para obtener comentarios y actualizará el artículo cuando responda.
*Jade-Ruyu Yan es reportera de investigación de tecnología de openDemocracy. Tiene un interés particular en la influencia corporativa y ha colaborado con Computer Weekly, Project Brazen, The Chicago Tribune, The Chicago Sun-Times, Ad Age y otras publicaciones.

