Hoy el vínculo entre género y tecnología está reproduciendo e incluso amplificando el modelo del patriarcado. Por ejemplo, de todos los profesionales que trabajan en inteligencia artificial (AI) sólo el 22% son mujeres. Google y Facebook, por su parte, reportaron que las mujeres que trabajan en AI representan el 10% y 15% respectivamente. En América Latina sólo el 38% de los usuarios de internet son mujeres y en el Reino Unido las mujeres que trabajan en ciberseguridad ganan un 16% menos en comparación a los hombres.
Si consideramos la raza, el escenario es aún peor. En el año 2018 Google reportó que un 25,7% de mujeres trabajaban en puestos técnicos, pero este número bajó a 0,8% si considerábamos mujeres negras. La misma tendencia ocurría con otros grandes de la tecnología, como Facebook, Apple y Microsoft, evidenciando la crisis de diversidad existente en el ecosistema tecnológico e informático.
¿Y por qué hoy este tema cobra tanta importancia? Actualmente existe un rápido incremento de los sistemas y aplicaciones que automatizan los procesos, utilizando inteligencia artificial (IA). De hecho, cada vez son más los países que han creado, o están creando estrategias nacionales de IA para promover su uso. Esto porque permiten resolver problemas de alta complejidad, facilitan la automatización y logran personalizar los procesos con el uso eficiente de los recursos.