
Voltaire. Obra de Baquoy, 1795. Wikicommons/ Public domain.
Elaboración y difusión del manifiesto
Cuando el 15 de febrero se presentó en Madrid el ‘Manifiesto por las libertades civiles en España y Europa’, acabábamos de vivir unos días en lo que pasamos del asombro a la indignación por el ‘caso de los titiriteros’: la Audiencia Nacional declaraba la prisión preventiva de dos titiriteros que escenificaron un montaje policial en el que se colocaba una pancarta con el texto “Alka-ETA” para incriminar a un activista. Lo que denunciaba dicha obra se convertía horas más tarde en ejemplo real, cuando los dos actores pasaron a ser los protagonistas del teatro nacional, representación en la que muchos medios de comunicación encarnaron el papel de títeres del poder más conservador y su vulgar, aunque sofisticada, artimaña de presión política sólo a favor de un interés electoral. Estaba en cuestión el derecho democrático a la libertad de expresión. En el orden internacional, la crisis de los refugiados era en ese momento una realidad más que evidente, aunque aún no nos habíamos asomado al problema a través de las imágenes que circulan estos días por nuestras pantallas: el barrizal en el que se ha convertido el campo de refugiados de Idomeni, en la frontera de Grecia con Macedonia, en el que decenas de miles de personas aguardan para poder continuar su travesía a otros países de la Unión Europea.