No podemos aspirar a un mundo en el que el mal sea completamente erradicado, pero sí podemos aspirar a un mundo donde la compasión acabe de alguna manera dominando a la crueldad.
Es fundamental ganar el apoyo de los brasileños para un nuevo proyecto solidario y compartido por todos, capaz de superar la distopía teológica y ultraliberal de la salvación de cada uno por sí mismo