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Crece (otra vez) la milicia en Rio de Janeiro

Inicialmente, las milicias aseguraron territorio, garantizaron la ley y el orden, y lograron cierta legitimidad. Pero se han convertido en bandas criminales despiadadas, que compiten con las de narcotraficantes. English

Rio de Janeiro. Mike Egerton/PA Wire/PA Images. Todos os derechos reservados.

A mediados de mayo de 2008, un periodista, un fotógrafo y un conductor fueron secuestrados y torturados en Batán, una favela  en la zona oeste de Rio de Janeiro. 

Cuando se publicó la noticia del incidente, inflamó a la nación entera y causó conmoción en todo el mundo. El equipo estaba armando un reportaje sobre la poco conocida milicia de la ciudad: los autoproclamados vigilantes, que mandaban sobre las comunidades pobres a punta de pistola. A diferencia de las famosas bandas de narcotraficantes, la milicia incluía a ex soldados, policías, bomberos y guardias de prisiones.

Avancemos rápido hasta el presente, y la milicia vuelve a ocupar los titulares. Esta vez son los principales sospechosos del asesinato selectivo de Marielle Franco, concejala negra de la ciudad y de su conductor, Anderson Gomes. Marielle había sido consejera del congresista del mismo estado de Río  - Marcelo Freixo, que es ahora el líder del partido izquierdista PSOL – que investigó a la milicia hace una década. Sin embargo, y a pesar de sus heroicos esfuerzos para frenar el poder de los gánsteres de Río, la milicia es hoy más fuerte que nunca.

La milicia restringió inicialmente sus actividades a la expulsión de los gánsteres y a defender del narcotráfico a los barrios pobres.

Existen ciertas dudas sobre cuándo o dónde surgieron los primeros grupos de milicias. Algunos analistas creen que la milicia se fundó por primera vez en la década de 1990 por parte de la policía militar que vivía en comunidades plagadas de pandillas. La milicia fue noticia por primera vez a principios de 2000, cuando los medios sacaron a la luz una serie de historias sobre sus actividades ilegales, que incluían cobrar a empresas y ciudadanos por "servicios de seguridad". A diferencia de los grupos de limpieza social y exterminio, que ya existieron en Brasil durante décadas, la milicia restringió inicialmente sus actividades a la expulsión de los gánsteres y a defender del narcotráfico a los barrios pobres.  

La milicia nunca trabajó gratis. Financiaron sus actividades cotidianas mediante el cobro obligado de un impuesto de seguridad en las áreas bajo su control, que requieren contribuciones mensuales de empresas y residentes locales. Al principio, la mayoría de los locales aplaudieron el ascenso de la milicia facilitándoles, en algunos casos, recursos voluntariamente. Con el tiempo, a medida que surgieron las tácticas despiadadas de estos grupos, el ánimo favorable del público se agrió. César Maia, alcalde de la ciudad entre 2001 y 2008, los describió como "un mal menor". A medida que la milicia crecía, Maia declaró que eventualmente ésta podría regresar y morder la mano que les da de comer.

La milicia extendió su poder e influencia de manera gradual. Lo hicieron mediante la diversificación silenciosa de sus fuentes de ingresos. No solo extendieron las extorsiones a toda clase de negocios, sino que también comenzaron a cobrar tarifas por dar acceso a televisión pirateada, servicios de electricidad, agua y conexiones a Internet. Algunos grupos también recaudaron aranceles sobre los servicios de transporte informal, expulsaron a vecinos para liberar terreno para agentes inmobiliarios, y facilitaron el acceso a programas de vivienda pública, como Minha Casa Minha Vida. Con el tiempo, los grupos de milicias también comenzaron a infiltrarse en la política municipal, obteniendo incluso votos a punta de pistola.

La milicia fue también objeto de estudio minucioso por parte de académicos locales. Ignacio Cano, investigador de UERJ, los define como grupos armados irregulares, formados por agentes de la ley, motivados principalmente por la búsqueda de rentas. Aseguraron territorio, garantizaron la ley y el orden, y lograron cierta legitimidad. Otra estudiosa, Michele Misse, de la UFRJ, ofreció una descripción similar, calificándolos redes de tipo mafioso que extorsionan a los ciudadanos bajo el pretexto de ofrecerles protección, explotando bienes políticos extraídos del monopolio estatal de la fuerza.  

Con la protección de políticos bien situados, la milicia se extendió como un reguero de pólvora. Inicialmente se dirigieron a los barrios de Itanhangá, Jacarepaguá y Campo Grande, pero se expandieron rápidamente a través de la región metropolitana y del estado de Río. Hoy, alrededor de dos millones de personas viven en áreas bajo influencia de las milicias en 11 municipios a través del área metropolitana de Río de Janeiro. Las denuncias a la milicia superaron a las de bandas de traficantes de drogas en número de llamadas a la línea directa Disque Denúnciacontabilizando 6.475 llamadas, el- 65% - del total de llamadas anónimas entre 2016 y 2017.  

La suerte de las milicias empezó a cambiar en mayo de 2008. Pronto se equipararon con las mismas facciones y mafias del narcotráfico que afirmaban estar combatiendo.

La suerte de las milicias empezó a cambiar en mayo de 2008. Las milicias, otrora celebradas como guardianas del orden público, pronto se equipararon con las mismas facciones y mafias del narcotráfico que afirmaban estar combatiendo. Una Comisión Parlamentaria de Investigación, o CPI, reveló el alcance de sus actividades criminales. En un movimiento sin precedentes, unos 220 milicianos y políticos y empresarios asociados fueron acusados, y se emitieron recomendaciones para desmantelar el control de la milicia sobre las comunidades que dominaban. Sin embargo, como suele suceder en el caso en Brasil, pocas de las recomendaciones del IPC llegaron a implementarse alguna vez.   

Las medidas antimilitaristas se han centrado casi exclusivamente en actividades policiales, incluida la detención y el enjuiciamiento del liderazgo de decenas de grupos ilegales de Río. De acuerdo con el secretario de estado de seguridad pública, al menos 1.387 personas conectadas a la milicia han sido arrestadas desde 2006, incluidas Jerominho y Natalino, dos líderes especialmente destacados. Algunos de estos arrestos son producto de investigaciones y operaciones dirigidas por DRACO, una unidad de investigación del crimen organizado, y GAECO, el grupo especial contra el crimen organizado de la Fiscalía estatal.

Algunos de estos esfuerzos contra las milicias han sido criticados por ser potencialmente peligrosos e incluso contraproducentes. Tomemos el caso de la reciente operación de abril de 2018, que resultó en el arresto de 159 presuntos milicianos que asistían a una fiesta en Santa Cruz, en la zona oeste de Río de Janeiro. Más que 40 oficiales de policías estuvieron involucrados en la redada nocturno. Pero no solo se escapó el líder de la milicia, si no que al menos 138 de los sospechosos fueron liberados durante los días siguientes  debido a la falta de pruebas contra ellos. Ni las redadas policiales periódicas, ni los esfuerzos policiales comunitarios a gran escala (como las unidades de policía de pacificación) han frenado el avance de la milicia.

Hay indicios de que el problema de las milicias podría empeorar. 

Hay indicios de que el problema de las milicias podría empeorar. Los líderes de la milicia que fueron declarados culpables en 2008 han cumplido ya su tiempo de condena y ahora están siendo liberados de prisión. Algunos de ellos regresan a organizaciones criminales, que hoy son más fuertes que antes política y económicamente. Lejos de reducir su tamaño, desde 2010 la milicia se ha expandido desde 41 a más de 88 comunidades. También hay señales de una renovada simpatía por parte de la comunidad hacia ciertos grupos de milicias, especialmente a medida que se desploma la confianza del público en la fuerza policial militar y civil del estado. El sector de seguridad pública de Río de Janeiro está en caída libre: su presupuesto - descontando la nómina -  se ha reducido a casi cero en los últimos diez años.

Aunque en el pasado se opusieron firmemente a las bandas de narcotraficantes, la milicia también se ha metido en el negocio de las drogas.

La milicia también parece estar aprendiendo algunas lecciones. La mayoría de los líderes evitan buscar cargos políticos y mantienen un perfil más bajo. Dicho esto, continúan influenciando la orientación política.  Algunos grupos de milicias, por ejemplo, están promoviendo la elección de sus candidatos preferidos. Existe un animado mercado para la obtención del voto en áreas bajo control de la milicia. Con frecuencia, se cobra un peaje a los políticos por hacer campaña en áreas bajo control de la milicia. Y mientras la policía se concentra en contener a las distintas bandas de traficantes de drogas como Comando Vermelho, Amigos dos Amigos y Terceiro Comando Puro, la milicia continúa expandiendo su influencia.

Aunque en el pasado se opusieron firmemente a las bandas de narcotraficantes, la milicia también se ha metido en el negocio de las drogas. Atraídos por la expectativa de beneficios exorbitantes, algunos milicianos y bandas de narcotraficantes trabajan en sociedad, incluida la venta y el transporte de narcóticos. En 2015, la policía estatal descubrió un cargamento de drogas con el logotipo de una gran banda criminal, al lado de un logotipo utilizado por la milicia más grande. No es sorprendente que también hayan surgido tensiones entre facciones criminales y grupos de milicias  sobre el control de los barrios de Praça Seca, Jordão, Carobinha, Morro do 18 y Fubá – todos ellos involucrados en la venta minorista de cocaína.  

Pero para contener la expansión de la milicia, el enfoque punitivo no está funcionando. Si bien el fortalecimiento de las capacidades de las entidades policiales como DRACO y GAECO es esencial, un enfoque más eficaz implicaría concentrarse en el origen del poder económico de las milicias. Trabajando en asociación con la policía federal, los fiscales y la inteligencia, las fuerzas del orden público deben seguir la pista del dinero, achicando el potencial de la milicia para sacar provecho de los servicios públicos pirateados, el crimen organizado, la extorsión y, por supuesto, el tráfico de drogas. Esto requerirá trabajar en colaboración con los proveedores de servicios públicos,  los operadores de cable y telecomunicaciones - para ajustar los esfuerzos de regulación e inspección - y, por supuesto, con las asociaciones de la sociedad civil.

Las autoridades locales, si quieren reducir el poder predatorio de la milicia, deberán redoblar también los esfuerzos para recuperar y controlar el territorio. Esto significa proporcionar servicios básicos a barrios marginados, actualmente bajo el control de la milicia. Restaurar la cohesión social en comunidades traumatizadas por la violencia y generar confianza en el gobierno es una condición sine qua non para disminuir el poder de los grupos de milicianos. Esto tomará tiempo. También requerirá un plan lúcido con objetivos realistas. Y, lo más importante: requerirá una estrategia que vaya más allá de la represión.  

CRONOLOGIA DE LA MILICIA

Década de 1990 - Nacen grupos de milicias.

2005 - Medios de comunicación detectan milicias en la Zona Oeste de Río de Janeiro.

2006 - En diciembre, una serie de ataques contra las unidades policiales y los autobuses en Río fueron ejecutados por bandas de narcotraficantes, en represalia contra la milicia.

2007 - Félix dos Santos Tostes es asesinado en el transcurso de una pelea sobre Rio das Pedras, y son arrestados los concejales Josinaldo Francisco da Cruz (Nadinho) y Jerônimo Guimarães Filho (Jerominho).

2008 - En mayo, un equipo de "O Dia" fue secuestrado y torturados por miembros de la milicia en Batán, llevando a la Asamblea Legislativa de Río de Janeiro a crear una Comisión de Investigación Parlamentaria (CPI) para investigar milicias.

2009 - En mayo, tras de siete meses de fuga, Ricardo da Cruz Teixeira, alias Batman, es arrestado. En junio, Nadinho, de Rio das Pedras, es asesinado.

2010 - La Fiscalía del Estado crea GAECO, un grupo especial contra el crimen organizado para enjuiciar e investigar crímenes relacionados con milicias .

2012 - En septiembre, el gobierno federal sanciona una ley prohibiendo las actividades de la milicia. En las elecciones de ese año, los milicianos pierden el poder político. 

2013 - El ex agente de la policía militar Toni Ângelo Souza Aguiar, uno de los líderes de la milicia "Liga da Justiça", es arrestado.

2014 - El ex agente de la policía militar Marcos José de Lima Gomes, alias Gão, es arrestado. Medios de comunicación publican reportajes donde se ve a milicianos  y narcotraficantes trabajando juntos.

2015 -  En agosto, un grupo de trabajo dirigido por la policía civil y militar lleva a cabo una operación para  acabar con  las actividades de la milicia en el programa federal de vivienda " Minha Casa, Minha Vida", en la Zona Oeste de Rio.

2016 – Se registran al menos seis casos de políticos y candidatos cuyos asesinatos están relacionados con las milicias.

2017 - En abril, Carlos Alexandre da Silva Braga (Carlinhos Três Pontes), presunto líder del acercamiento de la milicia " Liga da Justiça " a las bandas de narcotraficantes, es asesinado por agentes de policía.

About the authors

Ana Paula Pellegrino is an associate researcher at the Igarapé Institute, where she works on drug policy, penal execution and public and citizen security issues. She holds a bachelor’s degree in international relations and a master’s degree in international politics from the Pontifical Catholic University of Rio de Janeiro (PUC-RJ). 

Dandara Tinoco coordinates the Instinct for Life homicide reduction campaign at the Igarapé Institute. She is a journalist and holds a master's degree in Public Policy and Development from the Federal University of Rio de Janeiro (UFRJ). 

Renata Giannini is a senior researcher at Igarapé Institute. She specializes in international security, and, in particular, fragile countries, peace operations and the gender, peace and security agenda. 

Renata Giannini es investigadora senior en el Instituto Igarapé. Ella es especialista en seguridad internacional, en particular en países frágiles y egresados de conflictos, operaciones de paz y la agenda de género, paz y seguridad. 


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