
Guerrilleros de las FARC asisten a una charla sobre el proceso de paz en la jungla del Putumayo, Colombia. 17 agosto 2016. AP Foto/Fernando Vergara. Todos los derechos reservados.
Pase lo que pase en el plebiscito del 2 de octubre en el que los colombianos decidirán con su voto aprobar o rechazar el acuerdo de paz con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), la insurgencia más longeva del hemisferio occidental experimentará, y está experimentando ya, una transición importante. No es la primera vez que las FARC se sientan en la mesa de negociación con el gobierno de Colombia. Han habido con anterioridad tres intentos importantes. Sin embargo, las conversaciones de paz que concluyeron en La Habana el 24 de agosto son distintas a los intentos fracasados anteriores. No sólo es la primera vez que ambas partes se han sentado a negociar una agenda específica y han llegado a un acuerdo final, sino que ambas partes han dado muestras de una transformación profunda. Para las FARC, su reconocimiento del estado colombiano, el acuerdo para deponer las armas y para romper cualquier vínculo con el narcotráfico y unirse al proceso democrático no tiene precedentes.
Tras un conflicto armado que ha durado más de medio siglo, se estima que hay 7.000 combatientes y unos 8.000 milicianos de las FARC que dejarán atrás las armas y se reintegrarán a la vida social, económica y política de Colombia. Muchos han permanecido aislados de la sociedad colombiana, llevando una vida de guerra y supervivencia en la selva. Así que, ahora que se ha llegado a un acuerdo, la pregunta es ¿cómo van a ser capaces las FARC de llevar a cabo la transición de un movimiento armado a un movimiento político y social?