
Manifestantes con pancartas en la Marcha de las Mujeres en Amsterdam, enero de 2017. Crédito: Guido van Nispen / Flickr [CC BY 2.0]. Algunos derechos reservados.
En el Reino Unido, la revolución comenzó cuando alguien puso su mano en una rodilla. Las acusaciones por acoso sexual hicieron temblar al Parlamento británico. Ministro tras ministro fue obligado a dimitir. Se disculparon por un comportamiento que no estuvo a la altura de las obligaciones de los altos cargos que ocupaban. Pero los electores, enojados, exigieron explicaciones sobre cómo era posible que su comportamiento no les inhabilitase para continuar en sus puestos de diputados.
En las elecciones parciales que siguieron, todos los partidos políticos insistieron en implementar la proporcionalidad de la representación femenina a través de listas exclusivamente femeninas. Si se trataba de terminar con el acoso sexual en la política, argumentaron, entonces la cultura del propio parlamento tenía que cambiar, empezando por la misma composición de la Cámara.