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La sombra de Irán y francotiradores en Washington: el peligroso desmoronamiento de Trump

El desastre militar en Irán y una capital blindada revelan a un presidente que se queda sin margen a medida que se acercan las elecciones de mitad de mandato

La sombra de Irán y francotiradores en Washington: el peligroso desmoronamiento de Trump
Donald Trump en la Asamblea General de la ONU en septiembre de 2026 | Michael M. Santiago/Getty Images
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Si bien Donald Trump lleva tiempo tachando cualquier mala noticia sobre su guerra contra Irán de falsedad de los medios progresistas, la realidad tropieza con un problema persistente: los pesos y contrapesos inherentes al sistema estadounidense no son tan fáciles de ignrorar. 

La Oficina de Presupuesto del Congreso (CBO, por sus siglas en inglés), por ejemplo, no rinde cuentas a la Casa Blanca, sino directamente al Congreso. Y cuando se trata de asuntos militares, la prensa suele dar amplia difusión a sus informes más importantes.  

Un ejemplo es la cobertura detallada que el medio Military Times hizo del informe de la CBO sobre el costo de las operaciones de combate en Irán hasta mediados de este mes (38.000 millones de dólares), así como el preocupante uso masivo de municiones especializadas – en particular interceptores de misiles balísticos –, que pueden ser mucho más caros que los propios misiles que deben destruir. Como era de esperar (salvo para quienes trabajan en la Casa Blanca), la publicación también incluyó un enlace directo al informe.

Según resumió Military Times: “La CBO estima que el conflicto ha gastado, desde junio de 2025, entre la mitad y dos tercios del inventario estadounidense de ciertos interceptores de defensa antimisiles dejando a las fuerzas armadas con menos armas disponibles para un futuro conflicto. Reconstruir esos arsenales podría llevar al menos cinco años, incluso si aumentan los ritmos de producción”. 

Esto implica que cualquier declaración de Trump o de su secretario de Guerra, Pete Hegseth, sobre un posible nuevo bombardeo contra Irán resulta poco creíble, ya que Irán simplemente ampliaría sus ataques contra instalaciones militares y de comunicaciones estadounidenses en toda la región. Esto agotaría aún más las limitadas reservas de misiles defensivos del Pentágono, dejando a Estados Unidos y a sus aliados en Oriente Medio en situación de riesgo.

Esto es una señal más de que Trump está en un aprieto con Irán y no tiene una salida fácil, a menos que esté dispuesto a aceptar un acuerdo con Teherán que equivalga a reconocer el fracaso. Aunque Irán podría ofrecerle un acuerdo de este tipo, es poco probable que Trump lo acepte, como quedó reflejado en su discurso ante la Asamblea General de la ONU esta semana.

En la cumbre afirmó que la opción para Irán era llegar a un acuerdo inmediatamente después de las elecciones de medio término o arriesgarse a "la aniquilación rápida de la República Islámica, sin darles jamás la oportunidad de matar ni destruir personas y países de nuevo". 

Aunque incluso para Trump la amenaza resultó desmedida – acepten mi trato o los destruiré –, sería un error considerarla como su simple retórica habitual. Hay mucho más en juego. Para empezar, elegir la sesión anual de la Asamblea General, repleta de jefes de Estado, para lanzar semejante ultimátum sugiere que Trump ve a la ONU como parte del problema, un obstáculo que limita el reconocimiento mundial de su propia grandeza.   

El afán de protagonismo también explica su determinación de construir un enorme arco triunfal en Washington. Esa propuesta, que supuestamente iba a celebrar los 250 años de independencia de Estados Unidos, está experimentando ahora un sutil cambio de diseño y propósito.

Hasta esta semana, el proyecto estaba bajo la tutela del Servicio de Parques Nacionales y se perfilaba como un monumento similar al Arco del Triunfo de París: ostentoso, sin duda, y probablemente concebido como el legado del mejor presidente de la historia, pero de carácter puramente ornamental. Ahora, sin embargo, los planos se están rediseñando para darle un uso militar, según informó, nuevamente, el Military Times.  

En sus redes sociales, Trump aseguró haber "acordado convertir el arco en un complejo militar y arco triunfal de primer nivel para albergar, desplegar y operar rápidamente un gran número de drones, además de francotiradores, tanto en la azotea como en la plaza, con amplias reservas de munición".

A menos que Trump crea que Estados Unidos corre el riesgo de una invasión masiva repentina por parte de Irán, Corea del Norte o incluso Cuba (o quizás de los tres juntos), la idea cobra un sentido inquietante si teme un conflicto interno de gran escala en Washington, dado que el arco custodiará uno de los principales accesos a la ciudad.

A primera vista, podría parecer una exageración, pero la idea de "una amenaza interna" ha sido una constante en la visión del mundo de Trump. Esto explica el afán por blindar la frontera con México, el uso masivo de agentes armados del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) y el despliegue frecuente de tropas de la Guardia Nacional en grandes ciudades, incluyendo Washington, a menudo en oposición a los gobernadores estatales.

Todo esto cobra relevancia por el desgaste de Trump en las encuestas y el riesgo real de perder el Congreso en las próximas elecciones de mitad de mandato, que se celebrarán en noviembre, e incluso posiblemente el Senado. Si esto preocupa a Trump, también es una gran inquietud para sus numerosos y poderosos partidarios, ya que el año 2028 se vislumbra cada vez más problemático en su calendario político. 

En este contexto, se abren dos caminos. Uno es que Estados Unidos y el resto del mundo logren sobrevivir los próximos dos años sin una catástrofe mayor, que se celebren unas elecciones presidenciales razonablemente justas en 2028, que Trump deje el cargo y que se elija a un presidente más moderado. De ser así, se iniciaría la transición hacia un orden político pos-Trump, mientras Estados Unidos recupera parte de su sensatez y prestigio internacional. En un par de años, el mundo consideraría a Trump como el peor y más peligroso inquilino de la Casa Blanca de la historia.

Puede que esta sea la esperanza de millones de personas en Estados Unidos y otros países, pero no se hagan ilusiones. A pesar de su imprevisibilidad, Trump es una excelente noticia para un núcleo de seguidores adinerados y bien arraigados, decididos a consolidar sus intereses en los años venideros. Al normalizar muchas posturas extremas, Trump allana el terreno para sus sectores afines, del mismo modo que Hegseth trabaja para purgar cualquier atisbo de ideología progresista de la cúpula militar del Pentágono.

Lejos de ser el final del juego, si las elecciones de mitad de mandato resultan desfavorables para los republicanos, simplemente se redoblarán los esfuerzos para asegurar que los ricos y poderosos prevalezcan una vez más en 2028.

Paul Rogers

Paul Rogers

Paul Rogers is Emeritus Professor of Peace Studies in the Department of Peace Studies and International Relations at Bradford University, and an Honorary Fellow at the Joint Service Command and Staff College. He is openDemocracy’s international security correspondent. He is on Twitter at: @ProfPRogers.

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