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Incidente en una base aérea británica expone la complicidad de Londres en la guerra de Trump contra Irán

A menos que Trump acepte un acuerdo de paz, una base aérea rural en Inglaterra podría vincular al gobierno británico con crímenes de guerra cometidos en Irán

Incidente en una base aérea británica expone la complicidad de Londres en la guerra de Trump contra Irán
Policías armados mantienen controles de carretera y seguridad alrededor de la base Fairford de la Real Fuerza Aérea británica tras declararse un incidente grave | Leon Neal/Getty Images
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Un incidente en la base Fairford de la Real Fuerza Aérea, en Gloucestershire, suroeste de Inglaterra, que Estados Unidos ha utilizado como punto de partida para ataques contra Irán, encendió las alarmas tras ser reportado como un posible atentado terrorista vinculado a Irán. 

Aunque las investigaciones sobre lo ocurrido el fin de semana pasado continúan, el episodio – con cinco hombres arrestados el domingo en las cercanías de Fairford, y un sexto en Londres este jueves – dejó al descubierto un dato crucial para la geopolítica global: el papel estratégico que desempeña esta instalación militar británica en las operaciones de Estados Unidos, situación que promete convertirse en un serio dolor de cabeza diplomático para el gobierno del Reino Unido.

Para entender la dimensión del problema, conviene hacer historia. Hace casi 70 años, en enero de 1957, la Fuerza Aérea de Estados Unidos realizó una demostración inédita de poderío aéreo global: tres bombarderos pesados B-52 aterrizaron en la Base Aérea Castle, en California, tras completar un vuelo sin escalas alrededor del mundo gracias a múltiples reabastecimientos de combustible en el aire.

Si bien el Pentágono sigue considerando a los bombarderos pesados como una pieza clave para proyectar su poder global, hoy ya no realiza operaciones transcontinentales. En su lugar, se apoya en tres bases aéreas en el extranjero. Una de ellas es la de Fairford, donde está estacionada la unidad de apoyo al combate 501, que puede operar con cualquier bombardero de la flota del Pentágono, el más importante de los cuales es el B-1B.

Esta base en el corazón rural de Gloucestershire, ha adquirido una relevancia singular. La amenaza de Donald Trump de "aniquilar" a Irán si no acepta su propuesta de un alto al fuego depende, en gran medida, de que los bombarderos estadounidenses puedan despegar desde Fairford. ¿Por qué? Como suele suceder, la clave está en los detalles, pero la razón principal es simple: la guerra se está desarrollando de forma muy desfavorable para el presidente de Estados Unidos. 

Cuando el poder militar combinado de Estados Unidos e Israel atacó a Irán a finales de febrero, se esperaba que ganaran el conflicto en cuestión de días, o como mucho en un par de semanas. 

El plan de Israel consistía en asesinar a la cúpula dirigente de Teherán, alentar una rebelión popular, reemplazar al régimen por un gobierno secular afín, poner fin a sus ambiciones nucleares y destruir el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC). Los objetivos bélicos de Trump nunca estuvieron del todo claros, pero coincidían en gran medida con los de Benjamin Netanyahu. Irán, por su parte, simplemente buscaba garantizar la supervivencia del Estado en su forma actual.

En la práctica, si bien el ayatolá Jamenei y otros líderes religiosos y civiles fueron asesinados durante la primera semana, la Guardia Revolucionaria se había preparado meticulosamente para ese tipo de ataque y rápidamente reemplazó a los fallecidos. El equilibrio de poder en Teherán se endureció; no hubo rebelión y cualquier atisbo de oposición interna al régimen fue reprimido con rigor y, a menudo, con violencia. 

De igual modo, a pesar del enorme despliegue de fuerza, la ofensiva estadounidense-israelí no logró destruir las capacidades de la Guardia Revolucionaria, e Irán ha mantenido su capacidad para atacar instalaciones estadounidenses en la región, causando daños considerables. Informes oficiales de organismos de control del Congreso sugieren que los costos para Estados Unidos han sido muy elevados, con decenas de aviones y drones destruidos en tierra en sus propias bases aéreas en la región.

Los ataques iraníes también han dañado y destruido cientos de edificios e instalaciones militares en bases estadounidenses en Bahréin, Irak, Jordania, Kuwait, Omán, Catar, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos. Un centro logístico clave en Bahréin sufrió tantos daños por los repetidos ataques iraníes desde febrero, que sigue clausurado. Unos 9.000 ciudadanos estadounidenses han sido evacuados de la región, y Estados Unidos se ha visto obligado a utilizar tantos sistemas de defensa antimisiles que el Pentágono está agotando sus reservas, cuyo reabastecimiento podría tardar hasta cinco años.

En resumen, la guerra de Trump contra Irán va mal, y el Pentágono rechaza tajantemente la idea de una guerra terrestre. Esto deja al presidente estadounidense con dos opciones: llegar a un acuerdo de paz con Teherán y arriesgarse a ser visto como un perdedor, o intensificar el conflicto con una nueva e intensiva campaña de bombardeos aéreos.

Su ego hace que la segunda opción sea la más probable, y ahí es donde entra en juego el Reino Unido. Cualquier ataque aéreo estadounidense dependerá del uso de bombarderos pesados ​​B-1B Lancer, capaces de transportar al menos 22 toneladas de bombas guiadas y misiles de crucero o balísticos (como 24 bombas de unos 910 kilos) en sus bodegas internas, lo que dificulta su detección en radar.

La Fuerza Aérea de Estados Unidos cuenta con 44 bombarderos B-1B, de los cuales 21 están disponibles operativamente para ataques en todo el mundo. La capacidad de Irán para golpear las bases estadounidenses en la región hace poco aconsejable estacionar los aviones allí. Aunque podrían despegar desde Estados Unidos, la base de Gloucestershire está 6.400 kilómetros más cerca; lo que reduce drásticamente la necesidad de reabastecimiento en vuelo.

Por este motivo, 15 de los 21 bombarderos B-1B "disponibles para misión" fueron trasladados a Fairford al inicio del ataque de Trump contra Irán. La afirmación del Ministerio de Defensa británico de que solo pueden utilizarse en modo "defensivo" resulta poco creíble, dado que el propio Trump fue el principal agresor. Si bien ya existen interrogantes sobre si los aviones se utilizaron contra civiles en los primeros días del conflicto, sin duda se emplearían a una escala mucho mayor y más destructiva si Trump decide cumplir su amenaza de bombardear Irán hasta devolverlo a la Edad de Piedra.

En circunstancias extremas, el Reino Unido podría retirar todo su apoyo a una campaña de bombardeos que utilice los B-1B (así como otros aviones estadounidenses que operan desde Fairford y otras bases en el Reino Unido). Sin embargo, hasta donde se sabe, este tipo de acción no se ha contemplado y, sin duda, provocaría una reacción enfurecida e impredecible del presidente estadounidense.

Una vía más constructiva para avanzar requeriría que el primer ministro británico Andy Burnham y otros líderes mundiales presionen discretamente a Washington para que acepte un acuerdo de paz, dejando clara su firme oposición a un retorno a la guerra a gran escala. Transcurridos más de tres meses de una tensa tregua en la que ambas partes mantienen acciones militares de baja intensidad, existen negociaciones en marcha, pero hay pocos indicios de una solución definitiva.

Si no se logra convencer a Trump de que acepte un acuerdo de paz, el Reino Unido se verá profundamente involucrado a medida que el conflicto se intensifique y la base aérea de Fairford se convierta en un foco de atención mundial.

El gobierno de Burnham corre el riesgo de verse implicado en crímenes de guerra en un conflicto liderado por Estados Unidos e Israel que ya ha dejado miles de iraníes muertos y heridos. 

Paul Rogers

Paul Rogers

Paul Rogers is Emeritus Professor of Peace Studies in the Department of Peace Studies and International Relations at Bradford University, and an Honorary Fellow at the Joint Service Command and Staff College. He is openDemocracy’s international security correspondent. He is on Twitter at: @ProfPRogers.

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