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Paso a paso, la interferencia de EEUU en Brasil

La cronología de interferencias de Trump en Brasil sigue un guion que puede conducir a un escenario similar a Venezuela

Paso a paso, la interferencia de EEUU en Brasil
Una figura inflable de Donald Trump, sujetando una imagen de ´Lula preso’, se exhibe en un acto de campaña del candidato presidencial ultraderechista Flávio Bolsonaro en São Paulo, Brasil, el 7 de septiembre de 2026 | Maira Erlich/Bloomberg via Getty Images
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La intromisión de Estados Unidos y la defensa de la soberanía son los principales temas de las elecciones generales que se celebrarán en Brasil este domingo 4 de octubre.

La opinión puede parecer aventurada, pero se fundamenta en una secuencia de hechos en los que tuvo protagonismo el senador opositor Flávio Bolsonaro, quien puede convertirse en el próximo presidente de Brasil.

Los embates estadounidenses empezaron en 2025, con el segundo gobierno de Donald Trump, y combinaron tres frentes: la diplomacia, la economía y la política. Ahora alcanzan su punto máximo, mientras avanza la disputa entre el hijo mayor del expresidente derechista Jair Bolsonaro y el presidente izquierdista Luiz Inácio Lula da Silva, casi empatados en las encuestas para la primera vuelta prevista para el próximo domingo.

La guerra arancelaria, que Trump impuso como medida de negociación en todo el mundo, llegó a Brasil en 2025. Pero la campaña a favor de las sanciones también fue impulsada por un brasileño: el hermano de Flávio, el exdiputado Eduardo Bolsonaro, que vive en Texas desde marzo del año pasado, y por su fiel escudero, Paulo Figueiredo, nieto del último dictador de Brasil.

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Agência Pública viene reportando desde 2024 el movimiento de la dupla por los pasillos y salas del Departamento de Estado y del Congreso, en busca de sanciones contra Brasil por lo que consideran una “dictadura” que persigue al expresidente Bolsonaro y a sus aliados.

Las sanciones de Washington llegaron en julio de 2025, con aranceles de hasta 50% y una carta en la que Trump reclamaba el fin de la “caza a brujas” contra Jair Bolsonaro. Las amenazas no prosperaron, y en septiembre el expresidente fue condenado a 27 años de prisión por intentar un golpe de Estado en 2023 (luego de perder las elecciones), que reprodujo casi como un espejo la toma trumpista del Congreso de EEUU, el 6 de enero de 2021. 

El año pasado terminó positivamente para Lula. Su gobierno logró que Estados Unidos levantara los aranceles luego de negociaciones que involucraron a empresarios locales, ya que los canales oficiales tradicionales estaban bloqueados por las maniobras de Eduardo Bolsonaro.

En febrero de este año, la marea seguía favorable al presidente brasileño. La Corte Suprema de Estados Unidos dictaminó que los aranceles impuestos por Trump a varios países del mundo eran ilegales. Sin embargo, de inmediato Trump dio la vuelta a la prohibición, imponiendo nuevos aranceles bajo un marco legal diferente.

Mayo fue un mes clave en este tablero, y la marea se volvió contra Lula. Los hermanos Flávio y Eduardo, junto con Figueiredo, lograron reunirse con Trump en la Casa Blanca y conseguir una foto para la posteridad. 

Dos días después, Washington materializó un reclamo clave de los Bolsonaro y de la extrema derecha brasileña: declaró organizaciones terroristas a los dos principales grupos criminales de Brasil, el Comando Vermelho (CV) y el Primeiro Comando da Capital (PCC). Unas semanas más tarde, volvieron los aranceles contra Brasil, esta vez de hasta 37,5%. El secretario de Estado, Marco Rubio, atribuyó el castigo al “ego” de Lula.

La diplomacia brasileña rechazó las condiciones impuestas por Washington para levantar los aranceles, según un documento obtenido por el diario Estadão. Estas incluían el acceso previo del gobierno de Trump a cualquier negociación de Brasil sobre sus propios minerales críticos y la participación en las elecciones de “políticos disidentes” – en referencia a Jair Bolsonaro, preso e impedido de actividad política –, un término usado muchas veces por EEUU para referirse a políticos opositores al chavismo en Venezuela. 

En julio de 2026, solo tres meses antes de las elecciones en Brasil, el Departamento de Estado de Rubio intentó despachar a Brasília a dos enviados diplomáticos. Según la cancillería brasileña, ambos utilizarían su visita para cuestionar la integridad del sistema electoral brasileño. Brasil les negó la visa a ambos. 

Vale la pena también recordar que Flávio Bolsonaro repitió las acusaciones de fraude que hizo su padre en 2022 y que también son recurrentes en la narrativa trumpista (recientemente adoptadas por el expresidente de Colombia, Gustavo Petro).

La justicia electoral de Brasil desmintió varias veces esas falsas acusaciones de fraude. Sin embargo, un triunfo de Lula podría reflotar esta narrativa, y la reacción de EEUU ante una derrota del candidato bolsonarista seria clave para el futuro del país.  

‘Nivel crítico de interferencia’

“Una vez más, estamos presenciando una interferencia externa en los procesos electorales”, dijo Lula en su discurso de apertura de la Asamblea General de las Naciones Unidas, a fines de septiembre. “Brasil no es el patio trasero de nadie”, agregó.

A menos de un mes de cumplir 81 años, Lula disputa su cuarto mandato y su séptima elección presidencial. Bajo críticas sobre su campaña y la crónica ausencia de sucesores que asola a los partidos de izquierda de América Latina, el mandatario puso la soberanía y la resistencia a la injerencia de EEUU como su bandera: “No permitiremos que los enemigos de la democracia, ya sean nacionales o extranjeros, socaven la voluntad popular. La democracia brasileña pertenece a los brasileños. Brasil seguirá siendo un país soberano”, dijo en la ONU.

Su valoración de los hechos se hace eco de la de analistas políticos e incluso de un informe de la Agencia Brasileña de Inteligencia (Abin) obtenido por el diario Folha de S. Paulo. 

Según la Abin, la interferencia de EEUU en Brasil llegó a un “nivel crítico”, e identificó el punto de inflexión en aquel mayo de 2026, cuando Estados Unidos designó al PCC y al CV como organizaciones terroristas y una amenaza para su seguridad nacional.

Presentar a grupos criminales brasileños como terroristas contribuyó a intensificar la narrativa de la extrema derecha sobre la alteridad y la diferencia – a menudo encarnadas en inmigrantes o ciudadanos no blancos y no heterosexuales – como amenazas. Además, el supuesto alcance transnacional del PCC y del CV podría crear un precedente jurídico para el uso extraterritorial de la fuerza por parte de Estados Unidos, justificado como necesario para proteger al país de peligros externos.

¿Brasil se convertirá en Venezuela?

El temor que durante años ha resonado entre sectores de la derecha y la extrema derecha de Brasil podría, paradójicamente, acercarse a la realidad con la ayuda del principal antagonista de Venezuela en la región, Estados Unidos.  

La designación del PCC y del CV como terroristas sigue un guion similar al de organizaciones criminales venezolanas, el Tren de Aragua y el Cartel de los Soles. Ambos fueron instrumentalizados para presentar a Venezuela como una amenaza para Estados Unidos, y su designación como organizaciones terroristas precedió a la operación militar que resultó en el secuestro del entonces presidente venezolano Nicolás Maduro, a principios de 2026.

Para construir esa narrativa, el gobierno de Trump comenzó a delinear un posible playbook desde el primer día. La secuencia es similar a la que suponen los agentes de inteligencia brasileños.

El día que asumió su segundo mandato, en enero de 2025, Trump firmó una orden ejecutiva que creó un proceso para designar a “carteles y otras organizaciones” como Organizaciones Terroristas Extranjeras (FTO) y Terroristas Globales Especialmente Designados (SDGT), presentándolos como amenazas para la seguridad nacional de Estados Unidos. Un mes después, el Tren de Aragua fue incluido en estas listas.

En marzo de 2025, Estados Unidos deportó a más de 200 venezolanos a una prisión de máxima seguridad en El Salvador. El presidente salvadoreño, Nayib Bukele, afirmó que la mayoría de ellos eran miembros del Tren de Aragua. Entre julio y noviembre, Estados Unidos también designó al Cartel de los Soles como SDGT y FTO.

En 2025, Flávio Bolsonaro había elogiado, en un posteo en X en inglés, los ataques estadounidenses en el mar Caribe contra embarcaciones que, según Washington, transportaban drogas: “¡Qué envidia! Escuché que hay barcos como este aquí en Río de Janeiro, en la bahía de Guanabara, inundando Brasil de drogas. ¿No les gustaría pasar unos meses aquí ayudándonos a combatir estas organizaciones terroristas?”.

El 3 de enero de 2026, el mundo despertó con la noticia de que fuerzas estadounidenses habían entrado en Caracas y habían capturado a Maduro. El documento de la acusación fiscal contra él, publicado el mismo día por un tribunal estadounidense, decía: “El Cartel de los Soles, bajo el liderazgo de MADURO MOROS y otros, priorizó el uso de la cocaína como arma contra Estados Unidos”.

Ninguno de los dos grupos criminales brasileños tiene registros de violencia motivada por “xenofobia, raza, color, etnia y religión”; por lo tanto, no entran en la definición de organizaciones terroristas establecida por la legislación brasileña. Lo que los motiva es el lucro, y utilizan medios ilegales, como la violencia y el tráfico de drogas y de armas, para alcanzar sus objetivos.

Pocos días después de la captura de Maduro, su vicepresidenta, Delcy Rodríguez, se convirtió en presidenta encargada de Venezuela, con la anuencia de Trump, y empezó a gobernar bajo las órdenes de Washington.

Además del guion venezolano, es importante no olvidar los casos de Argentina y Honduras. El año pasado, Trump vinculó un salvavidas financiero de 20.000 millones de dólares de EEUU para Argentina, a la victoria electoral del partido de su aliado, el presidente Javier Milei. En Honduras, el presidente estadounidense respaldó explícitamente al candidato conservador Nasry Asfura en las presidenciales de 2025 y amenazó con recortar la asistencia financiera estadounidense si Asfura no ganaba la contienda.

En este contexto de influencia de EEUU, las elecciones de Brasil han quedado dominadas por dos temas en disputa. El próximo domingo, 158 millones de votantes acudirán a las urnas en lo que se perfila como un referéndum entre la soberanía brasileña y la lucha contra el crimen bajo los modos y la tutela de Trump.

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Maria Martha Bruno es una periodista multimedia y coordinadora de Colaboraciones Internacionales de Agência Pública, un medio brasileño de investigación. Ha trabajado como productora para NBC News, Al Jazeera, la BBC y la CNN, y fue corresponsal de la plataforma brasileña UOL en Buenos Aires. María Martha tiene un máster por la Universidad de Texas A&M, de Estados Unidos, donde también fue profesora.

 

Maria Martha Bruno

Maria Martha Bruno

Maria Martha Bruno is a multimedia journalist and cooordinator of International Partnerships at the Brazilian investigative non-profit outlet Agência Pública. She worked as a producer for NBC News, Al Jazeera, BBC, and CNN, and was a correspondent for Brazil's UOL in Buenos Aires. Maria Martha holds a master's degree from Texas A&M University in the U.S. For two years, she also served as a teacher at the same institution. 

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