María Amarilla tenía once años cuando debió enfrentar abusos sexuales de un integrante de su familia. “Me callé por muchos años justamente porque no sabía que eso estaba mal o a quién acudir”, dijo a openDemocracy.
El abuso “se prolongó por un tiempo, y en un retiro espiritual que organizó mi colegio traté de hablar con alguien, pero lo que escuchaba era que todo lo que hacíamos las chicas era pecado, cómo nos vestíamos, cómo hablábamos. Así que me callé”.
Amarilla – que ahora es la portavoz de la Unión Nacional de Estudiantes de Paraguay – denunció el abuso a los 15 años, “pero los daños psicológicos y los traumas seguían ahí. No recibís apoyo de las instituciones ni de nadie”.