
Al mismo tiempo que prospera, Barcelona se muere. ¿Cómo puede ser esto? Las excelentes políticas urbanas, que fueron tan rotundamente exitosas desde que la ciudad recuperó sus instituciones democráticas en 1979, parecen haberse agotado. De hecho, las elecciones municipales del 24 de Mayo presentarán dos modelos divergentes, en franca oposición entre ellos.
Por un lado, está el modelo de “smart city” actual, orientado al turismo, a las ferias y a los negocios, favorecido por los nacionalistas de centro-derecha actualmente en el poder, con su idea insignia de Barcelona como capital de un nuevo Estado Catalán (o lo que sea que con esto quieran decir). Por otro lado, un modelo participativo, social y pensado para las personas, liderado por una plataforma electoral recién constituida, originalmente denominada “Ganemos Barcelona”, y más tarde rebautizada como “Barcelona en común”. Se trata de una amalgama entre movimientos de base y partidos de izquierdas, incluyendo al emergente Podemos, que quiere recuperar Barcelona para sus ciudadanos (o lo que sea que esto signifique).
Ambos modelos luchan por preservar los grandes logros de Barcelona en las últimas décadas, y especialmente su gran calidad de vida, pero difieren en sus prioridades.