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La huelga general del 28 de abril de 2017 se llevó a cabo tras 11 años sin medidas de ese tipo y a 100 años de la primera huelga general en Brasil. En todo ese periodo el sindicalismo fue un participante activo en la historia del país. Pasadas las dos décadas de una dictadura (1964-1985) que lo convirtió en blanco de persecuciones, el movimiento sindical cumplió un rol destacado en la redemocratización y en las mejoras sociales logradas con la Constitución de 1988. Entre 1983 y 1996, las centrales realizaron seis huelgas generales. Dos líneas se conformaron desde un primer momento: la Central Única de los Trabajadores (CUT), creada en 1983, heredera del «nuevo sindicalismo» y aliada del Partido de los Trabajadores (PT), y la Coordinadora General de las Clases Trabajadoras (CONCLAT), surgida ese mismo año con el apoyo de sectores ligados a federaciones y confederaciones oficiales, y rebautizada en 1986 como Confederación General de Trabajadores (CGT). Años más tarde, en 1991, un sector disidente de la CGT creó Força Sindical (Fuerza Sindical), que defiende una visión pragmática más emparentada con el pensamiento neoliberal.