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Hoy en día en Colombia, la gente y el gobierno están hablando por fin de los derechos de las trabajadoras del hogar. Resulta extraño que esto solo suceda ahora, dado que es un tema tan fundamental. Históricamente, se ha relegado a estas mujeres a los márgenes menos visibles de la sociedad, y sus trabajos han sido subestimados de forma sistemática, a pesar de su enorme contribución a la sociedad. Estas mujeres – porque hablar de trabajadores del hogar masculinos es nombrar la excepción, lo cual en sí representa un problema – han sido objeto de todas las formas posibles de discriminación: horarios laborales extensos1, salarios muy por debajo del salario mínimo2 y falta de protecciones sociales, sin mencionar los casos de abuso sexual y laboral. A pesar de que los últimos siete años han estado marcados por una serie de pasos hacia la mejora de las condiciones de vida y trabajo de las trabajadoras del hogar, es necesario trabajar mucho para frenar siglos de discriminación.
Nuestro camino en esta lucha comenzó hace ocho años, después de acordar con otras personas y organizaciones preocupadas por este tema que la única manera de avanzar era a través de acciones colectivas y trabajo de equipo: combinando nuestro conocimiento, los pocos recursos económicos a los cuales teníamos acceso y cientos de horas de trabajo voluntario. Nuestro objetivo era conseguir que las personas en nuestro país valorasen la gran contribución de las trabajadoras del hogar pagadas – nos referimos en femenino ya que constituyen el 96%3 – así como también comprender que subestimar estas trabajadoras contribuye estructuralmente a la desigualdad social.