Situada en la latitud 0º, en la división de los dos hemisferios, con sus 2.850 metros de altura sobre el nivel del mar, Quito, en Ecuador, es la segunda capital más alta del mundo, después de La Paz, con 3.640 m. Desde esta considerable atalaya andina es posible observar el mundo convulso en que vivimos con una cierta distancia y perspectiva.
También aquí en Quito, las vallas publicitarias anuncian el gran estreno de cine norteamericano del momento, la película “Joker”, aquí traducida como “El guasón”. El filme es muchas cosas y tiene muchas capas, pero resulta oportuno como metáfora del alzamiento del marginado, de la venganza de la víctima frente a un sistema despiadado, cínico y maltratador de los más débiles. La víctima se revela, despierta a los oprimidos y les abre la puerta de la liberación.
Mientras tanto, tras la resaca de los 6 meses violentos de los “gilets jaunes” en París, en la retina de la opinión pública mundial están vivas las protestas y los duros enfrentamientos con la policía en importantes ciudades de los cuatro continentes.