democraciaAbierta: Opinion

Hace mucho que ya no vivimos en una democracia

Ante el retorno de expresiones fascistas que minan desde dentro a la democracia, es preciso defender los valores universales y oponerse a que sean instrumentalizados por los fines más abyectos. Entrevista al filósofo holandés Rob Riemen (parte 1). English

José Zepeda
19 February 2020
"Stop Fascism" iluminado en una pared frente a la estación Grand Central de Nueva York el 23 de septiembre de 2019.
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Foto de Gabriele Holtermann-Gorden / Sipa USA

Este es el año en que se conmemoran 75 años de liberación en Europa. Es también el tiempo del retorno de expresiones fascistas que minan desde dentro a la democracia. Por eso es preciso defender los valores universales y oponerse a que sean instrumentalizados por los fines más abyectos. Para combatir esta era y Nobleza de espíritu son dos libros útiles a estos propósitos. Su autor, el escritor y filósofo holandés Rob Riemen se empeña en aclarar conceptos y reclamar una nueva estrategia para combatir a los enemigos de la libertad. Entrevista.

José Zepeda: Siglo octavo antes de Cristo. Oráculo de Delfos. Antes de entrar a consultar a la Pitia había una inscripción:

"Te advierto, quien quiera que fueses, ¡Oh! Tú que deseas sondear los arcanos de la Naturaleza, que, si no hallas dentro de ti mismo aquello que buscas, tampoco podrás hallarlo fuera.

Si ignoras las excelencias de tu propia casa ¿cómo pretendes encontrar otras excelencias? En ti se halla oculto el tesoro de los tesoros.

¡Oh! Hombre, conócete a ti mismo y conocerás al Universo y a los Dioses"

¿No está resumido aquí, de alguna manera, uno de los pilares de su libro Nobleza de Espíritu?

Rob Riemen: Sí, es un resumen breve y conciso de una idea, la de la nobleza de espíritu, que se explica en el libro mediante narraciones. La idea está basada efectivamente - usted lo ha resumido muy bien, en esa inscripción griega que de hecho tiene un eco a lo largo de toda la historia.

Conocemos la famosa anécdota de Petrarca que escala el Monte Ventoso para admirar la preciosa aurora y saca de su bolsillo el pequeño libro Confesiones de San Agustín donde éste escribe: la gente sale para admirar los paisajes y se olvida de sí mismo.

De hecho, dice lo mismo. En aquel momento Petrarca piensa: Tengo que mirar hacia adentro, explorar mi propia alma.

Nobleza de espíritu se basa en la idea fundamental de que la vida es una búsqueda, de que somos seres que no podemos vivir sin tener una noción de ‘cuál es el significado de mi vida’. Es inherente a la existencia, a la conciencia humana. Todos nos preguntamos alguna vez: ¿quién soy?; ¿qué debo hacer?; ¿por qué ocurren estas cosas?; ¿por qué me pasa a mí?

Insisto. Son las preguntas más nuestras. Cada ser busca un cierto sentido. Fue Nietzsche quien dijo: quítale al ser humano todo sentido de su existencia y enloquece. El ser humano no lo soporta. No puede verse enfrentado al vacío total.

¿Cómo encontrar respuesta a preguntas como ¿qué es el sentido de mi vida? ¿Qué tiene para mi suficiente valor como para seguir existiendo? Toda esa concepción se resume en la capacidad de ennoblecer tu espíritu. No se trata de pertenecer a la nobleza o a formar parte de una determinada posición social privilegiada. Se trata de un ideal democrático fundamental, del que cada ser humano puede apropiarse: considerar la vida como una búsqueda que no termina nunca.

Un poco después de Delfos, Sócrates – que era muy consciente de que hay que conocerse a sí mismo – dice en su Apología: todo conocimiento comienza con la investigación de uno mismo. La vida es búsqueda de significado, cada vez renovado, que no termina jamás. Para ello necesitamos lo que él llamaba Paideia. Para los alemanes es el ‘Bildung’. Podemos denominarlo formación espiritual. Todos estos son elementos relacionados con el ennoblecimiento del espíritu humano.

JZ: La palabra más célebre del periodismo, pero… ¿no cree usted que este ideal es solo para unos pocos? Dicho de otra manera, ¿que casi nunca es realizable?

BR: ¿Y por qué no?

JZ: Porque la gente está ocupada con otras cosas y no con su propio yo.

BR: Esa es una elección. Son cosas paralelas. Cada uno es libre para desechar ir en búsqueda del significado de la existencia. Libre para dejar que su vida sea dominada por el ansia del entretenimiento. U otras formas del escapismo. Libre para pensar que lo más importante de la vida es ser muy famoso y rico. Desgraciadamente, hemos creado una cultura en la que creemos que las celebridades, los famosos y los ricos llevan las vidas más envidiables. Cuando no es así. Pero son elecciones que puede hacer la gente en una sociedad libre.

JZ: Y la élite, ¿ha hecho esa elección?

BR: Tenemos que pensar en el significado de las palabras. ¿Qué queremos decir con élite? Creo que usted quiere decir la gente que en estos momentos ocupan determinados cargos de poder.

JZ: En dos aspectos. Efectivamente los cargos de poder, quienes toman decisiones. O sea, la economía y el Estado. Y por otra parte, los intelectuales.

BR: Para ennoblecer tu espíritu en principio no necesitas mucho dinero, no es indispensable ninguna posición social determinada, ninguna religión. Puede que sí, pero no es necesario. Cada uno es libre de hacerlo. Y de no hacerlo. Pero todo tiene consecuencias. Si consideras la sociedad en la que vivimos en la actualidad, es efectivamente una realidad dominada por una determinada manera de pensar. Eso se manifiesta gracias a aquella gente que tiene influencia determinante sobre nosotros. Siempre está en el mundo de la política y en el mundo de los empresarios, en el del entretenimiento y el de la enseñanza, y en el mundo de los medios. Ciertamente, no es un mundo que apoya el ideal de la nobleza de espíritu. Yo lo describo como un mundo que, de hecho, está dominado por el kitsch. Pretende ofrecer algo importante, pero es mucha apariencia bonita que carece de contenido.

Vamos a las consecuencias. Considerando el país que más ama a las cifras, los Estados Unidos de América, las cifras son –no es invento, son los hechos- que cada día mueren 175 personas de una sobredosis. Imagínese un atentado terrorista donde mueren 17 personas. El mundo explota. Pero, 175 personas mueren de sobredosis. Las cifras de suicidios aumentan. El consumo de antidepresivos crece. Cada año mueren 50.000 personas como consecuencia de la violencia armada.

Es inherente a la existencia, a la conciencia humana. Todos nos preguntamos alguna vez: ¿quién soy?; ¿qué debo hacer?; ¿por qué ocurren estas cosas?; ¿por qué me pasa a mí?

Son consecuencias sociales del hecho de estar viviendo en una sociedad kitsch. Donde es importante todo menos aquello que es realmente importante, aquello que verdaderamente tiene valor, que le da a tu vida cierto sentido, que te ayuda a comprender el mundo en que vivimos y a tu propia existencia.

La élite intelectual dejó de existir hace mucho tiempo. El tiempo de un Octavio Paz, de un Unamuno, un Santillana, un Ortega y Gasset. Hemos perdido ese mundo de intelectuales públicos, en todos los terrenos. Qué hemos conseguido a cambio…. Porque tampoco hay estudiosos. Tengo menos respeto por el mundo de la élite académica, que se dedica sobre todo a escribir notas de pie de página y después elaboran un textito que nadie entiende, que no tiene ninguna influencia en el debate público.

Ese es el problema. Porque en el momento en que uno comienza a pensar por qué vivimos en este mundo… o más importante, por qué nos enfrentamos a una crisis tan profunda, mucho más honda que una crisis política o climática o social, es inevitable constatar que se trata de un trance civilizatorio…

Ello tiene que ver con un déficit de enseñanza y volvemos a lo que usted dijo: conózcase a sí mismo. El ideal de Sócrates, Petrarca, Goethe, Thomas Mann. La enseñanza en el sentido de la formación espiritual que la gente requiere para conocerse a sí misma y al mundo, esa ya no se ofrece. Es reemplazada por tonterías o lo que se llama hoy día Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas y esas terribles escuelas de business.

No tengo nada en contra de la ciencia, nada en contra de la tecnología. La ingeniería también me parece muy importante y las matemáticas están por encima de cualquier discusión. Pero Wittgenstein ya lo dijo en sus tratados: en el momento en que hayamos resuelto todas las preguntas científicas, todavía no habremos resuelto ninguna pregunta de la vida.

Son dos discursos distintos. Es un antiguo debate. Pero hemos visto que el mundo académico, la así llamada enseñanza superior, desde hace mucho ha sido reducido a algo puramente utilitario. Todo tiene que ser útil. Nietzsche ya nos advirtió en sus cinco conferencias sobre el futuro de la enseñanza. Tenía 26 años, era catedrático en Basilea y fue invitado por la asociación estudiantil para hablar sobre el futuro de la enseñanza. Nietzsche aceptó de buena gana.

En la primera conferencia, Wagner estaba en primera fila junto a su esposa Cósima. Nietzsche pronunció un discurso maravilloso en el que ya decía –hace 150 años- señoras y señores estudiantes, les tengo compasión porque dejó de existir la escuela de la civilización. Ya no se os ofrece. Vuestra enseñanza será reducida, ya ES reducida, a todo lo que beneficia la economía y el Estado. Nada más. Y lo peor es: os parece maravilloso, porque lo único que os interesa es ganar dinero y, en lo posible, ganar mucho dinero. Naturalmente se enseña un poco de cultura porque sería algo incómodo no saber quiénes son Mozart, Bach y Beethoven. Pero no debe ser mucho más que eso, porque iría en detrimento de la enseñanza de cómo ganar mucho dinero. Os convertirán en gente corriente. Todos seréis canjeables, como el dinero.

Lo dijo Nietzsche hace 150 años. No tenía la menor idea de lo terrible y acertado de su pronóstico. Porque toda la enseñanza ha sido reducida a pura tontería, o a lo que es beneficioso para la economía, para el Estado, para el management. Efectivamente solo les importa el dinero y colectivamente ya no saben nada. Aquellos niños ya no saben nada. La gente que es el producto de esa enseñanza, nuestra actual élite política, ya tampoco sabe nada.

Es precisamente aquí cuando entiendes por qué no tenemos ni idea de qué hacer con Europa, por qué no entendemos hacia donde debe ir este mundo y se producen fenómenos como el Brexit.

JZ: Discernir. Ser capaz de juzgar lo bueno y lo malo. Separar lo prioritario de lo accesorio. Lo que conduce a una vida digna y lo que lleva al despeñadero. Cómo se hace eso.

BR: Para empezar, haciendo caso a ese dicho sabio de Pascal: La dignidad humana está en el hecho de que somos capaces de pensar. Existen muchas especies en este mundo – mientras exista – pero el único que sabe pensar es el ser humano. Que es capaz de discernir. Privarles a la gente la capacidad de reflexionar sobre sí misma, de pensar, de determinar qué tiene valor y qué no, es privarles de lo que deben o no hacer con su vida. Se relaciona con si debo seguir al grupo porque me gusta pertenecer a él, o atreverme a decir en un momento: no, no voy con el grupo, porque a mí me importa otra cosa.

Resumo: prívales de eso a la gente y muchas cosas se diluyen. La distinción entre el bien y el mal, la capacidad de discernir. El mundo cambiará, en lugar de atrevernos a tener nuestra propia personalidad, nos dejamos llevar por identidades colectivas. Y entonces surgirá el nacionalismo o el tribalismo o formas del fundamentalismo.

La gente quiere pertenecer a un grupo determinado y se deja llevar por ese colectivo. Es cuando los líderes deciden lo que debe hacer la gente. La masa no piensa. Ir a un estadio de fútbol. Nada malo, pero en el momento en que el comportamiento de un partido de fútbol se convierte en político, se producirán cosas muy peligrosas que ya hemos visto a lo largo de la historia y en su forma más horrible en la primera mitad del Siglo XX.

Por una parte, es incomprensible. Pero, aun así, ocurre.



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