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DemocraciaAbierta primer año, selección: Crisis en Brasil: sobre héroes y golpes

Rechazar el discurso de un golpe de las élites contra un gobierno nacional-popular es clave para entender la crisis brasileña y desarrollar estrategias sobre qué hacer desde la izquierda.

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Con un cartel que dice en portugués "Temer Fuera," manifestantes marchan contra el presidente en funciona Michel Temer, y en apoyo de la presidenta Dilma Rousseff, en Sao Paulo, Brasil, el domingo, 22 de mayo de 2016. Foto AP / Andre Penner

La caída de Dilma parece exigir una lectura obvia por parte de la izquierda. De nuevo en la historia de Latinoamérica, un gobierno de matriz nacional-popular es derrocado por las elites neocoloniales. Una vez más, el intento geopolítico de construir un eje alternativo al imperialismo de Washington, esta vez a través de los BRICs, acaba aplastado por una restauración conservadora. Se vuelve a escenificar la historia de los golpes de estado en el subcontinente y resuena el eco de los golpes de 1964 (Brasil), 1973 (Chile) o 1976 (Argentina) y la cuartelada contra Chávez en Venezuela (2002), o de los llamados “golpes blandos”, contra Zelaya en Honduras (2009) o Lugo en Paraguay (2012). Esta vez, la victima ha sido el mayor partido de masas de las Américas, la mayor pieza del dominó que, ahora, amenaza todo el ciclo de gobiernos progresistas. Sobran las señales para afianzar dicha interpretación. En favor del PT salen a la calle las estrellas y las banderas rojas, Lula, el MST, el panteón de intelectuales de izquierda esclareciendo los efectos inmediatos del golpe y denunciándolo.

El resquebrajamiento del ciclo del Partido de los Trabajadores al mando del gobierno federal de 2003 a 2016 afecta el presente de aquellos que se sienten directamente implicados en el proyecto. Independientemente de lo que el “proyecto” signifique, admitir su colapso es interpretado como el fin de una visión del mundo.  Por más truncada y repleta de contradicciones que esté, cuando cae el telón sobre la pieza petista, la sensación que se manifiesta viene a ser una mezcla de melancolía y de rabia. Tan grande era la esperanza depositada en el PT, que el momento presente se siente como el fin de una era, en el que naufragan con él las izquierdas, los progresismos y los horizontes de las luchas. Futuro, presente y pasado se agregan en un punto en el que todo parece ganar espesor y todo se pone en duda. Se decide no sólo quien ocupa el sillón gubernamental, sino también las conquistas sociales de las últimas dos décadas, el legado institucional de la Constitución de 1988, la memoria de las luchas contra la dictadura.