En el mes de marzo, durante la visita de François Hollande a Argentina, el presidente de Francia planeó una reunión con las Abuelas de Plaza de Mayo, una organización dedicada a la búsqueda de niños robados durante la dictadura argentina. Solo 48 horas antes de la llegada de Hollande, el nuevo presidente del país, Mauricio Macri, visitó sorpresivamente el ex Casino de Oficiales de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), un antiguo centro de detención clandestino que en 2004 adquirió el nuevo nombre de “Espacio para la Memoria y para la Promoción y Defensa de los Derechos Humanos”. Al día siguiente, Macri se reunió con las Abuelas y Madres de Plaza de Mayo en la residencia presidencial de la Quinta de Olivos, después de haberse negado a recibirlas hasta ese momento por falta de tiempo.
Estas visitas repentinas ocurrieron después de que ciudadanos y agrupaciones de derechos humanos denunciaran que el nuevo presidente estaba desmantelando las políticas públicas de derechos humanos que fueron tan difíciles de obtener en el país. Macri es un ingeniero, un adinerado hombre de negocios y el primer líder de la “nueva derecha” del management en Argentina desde el retorno a la democracia en 1983. Asumió la presidencia el 10 de diciembre de 2015 con una ventaja de 2.68 %, tras doce años de presidencias consecutivas de Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner. Durante el período de los Kirchner, los poderes ejecutivo, legislativo y judicial colaboraron de maneras innovadoras para investigar y juzgar a personas acusadas de crímenes contra la humanidad. Entre 2006 y 2015, los tribunales realizaron 153 audiencias orales sobre los crímenes cometidos por la dictadura. En ese período, los tribunales han condenado a 660 personas, absuelto a otras 60 y todavía están investigando a 353 más. Como resultado, el movimiento local de derechos humanos reconoce en los Kirchner el compromiso de haber transformado las largas exigencias del proceso de memoria, verdad y justicia en políticas de Estado reales.
Macri parece decidido a distanciándose de las políticas de derechos humanos para enfatizar su compromiso con el “cambio”Macri, sin embargo, parece decidido a anular gran parte de ese trabajo, distanciándose de las políticas de derechos humanos para enfatizar su compromiso con el “cambio”, una palabra clave en su campaña. Apenas asumido el mandato, su administración comenzó a referirse al antiguo centro de detención de la ESMA como un “campus” en vez de llamarlo Sitio de Memoria. El día después de que Macri asumiera el cargo, el periódico derechista de amplia circulación, La Nación, criticó los juicios de derechos humanos en curso por ser “escenas de venganza” y exigió que se les pusiera fin. Una gran variedad de activistas, integrantes de la sociedad civil y periodistas repudiaron de inmediato la editorial. Como ha dicho la filósofa Verónica Torrás, el amplio grado de consenso sobre el proceso judicial es un pacto fundamental para la democracia argentina. Alterar ese pacto es alterarlo todo.