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El mundo post Covid-19 necesita una mejor forma de medir el crecimiento económico

Centrarse en el PIB y las ganancias económicas produce distorsiones en el diseño de las políticas públicas orientadas a paliar las necesidades sociales básicas, especialmente en las economías emergentes.

El mundo post Covid-19 necesita una mejor forma de medir el crecimiento económico
Cris Faga/SIPA USA/PA Images
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Uno de los innumerables cambios que la pandemia de Covid-19 (SARS-Cov-2) producirá en el mundo será en la manera que tenemos de medir la salud económica de las naciones. Cada vez será más notorio, en especial en el mundo emergente, que el PIB mide el tamaño de la economía pero no necesariamente refleja la prosperidad ni el progreso de un país. Más aún: el excesivo énfasis derivado de centrarse únicamente en el PIB y las ganancias económicas para medir el desarrollo conduce a ignorar los efectos negativos del PIB en la sociedad. Esto produce profundas distorsiones en el diseño de las políticas públicas orientadas a paliar las necesidades sociales básicas, especialmente en el caso de las economías emergentes.

Contraproductividad: una nueva categoría esencial para el análisis

Debemos a Ivan Illich el uso de una de las categorías de análisis más importantes de nuestro tiempo: el concepto de contraproductividad. La contraproductividad describe un fenómeno característico de los mercados desregulados y la post-industrialización tardía. Se refiere al hecho de que, rebasados ciertos umbrales, el funcionamiento de instituciones, herramientas o incluso actividades económicas, termina por generar fines nocivos y contrarios a aquellos que originalmente se esperaba lograr a través de tales instituciones, herramientas o actividades.

Como ejemplo de contraproductividad, Ilich aludía al caso del transporte. Originalmente pensado para mejorar nuestra movilidad, una vez rebasado cierto límite el transporte motorizado no sólo no reduce, sino más bien incrementa la cantidad de tiempo social dedicado a la movilidad. La invención de los automotores dio lugar además a un determinado diseño urbano que eliminó el acto autónomo del transitar basado en el uso de los pies del transeúnte. Si el fin de los automotores era aumentar nuestra autonomía móvil, lo cierto es que su efecto acabó transformándose justo en lo contrario.