
Vista de una calle de Bandung (Indonesia) hoy. Flickr. Some rights reserved.
En la última década, hemos asistido a varios cambios en el campo de la cooperación internacional para el desarrollo, entre los que destacan la discusión de una nueva agenda de desarrollo (los recién adoptados objetivos de desarrollo sostenible), la definición de nuevas formas de mejorar la eficacia de la ayuda, y sobre todo, la fuerza y visibilidad renovada de las prácticas de cooperación Sur-Sur (CSS), con potencial de reconfigurar el panorama internacional.
Inspirada por los principios de Bandung, que dieron origen al movimiento de los no alineados, la CSS defiende el respeto de la soberanía y la no injerencia como base de actuación. La apuesta es una cooperación técnica alejada de las condicionalidades que suelen permear las relaciones Norte-Sur, que permita nuevas solidaridades y oportunidades de desarrollo para los países del Sur. Una de las primeras consecuencias de ello es sin apertura del espacio internacional a voces más plurales, que participan en la definición de agendas globales. Lo que antes se decidía en el selecto grupo de los países ricos, reunidos en el Comité de Ayuda al Desarrollo de la OCDE, hoy ha de incluir a países como China, India o Brasil, entre otras potencias emergentes. El Sur adquiere con ello mayor espacio en las arenas mundiales: un gran avance en un sistema internacional altamente desigual.