
Macri during a press conference in 2013. Wikimedia Commons. Some rights reserved.
Las elecciones del 25 de octubre tuvieron un resultado en apariencia contradictorio: pusieron en carrera a la Rosada a un frente hegemonizado por un partido de centroderecha en un escenario nacional en el que el sentido común de centroizquierda está lejos de haberse evaporado.
Se puede decir que Mauricio Macri ya tenía el voto de derecha y que por eso salió en busca de los progresistas, pero su necesidad de sobreactuar hasta el extremo para quitarse de encima su estigma de neoliberal y privatista –y evitar la demagogia de la mano dura– parece mostrar que su voto no está asociado a una derechización del electorado.