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Eliminar la malaria, de una vez por todas

Muy extendida en África, Asia y América Latina, la malaria tiene importantes efectos negativos para el desarrollo económico. El 25 de abril es el Día Mundial de la Malaria. English

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Ais Cadelnaudaly, de 5 años, siendo atendido un médico voluntario en un hospital de campaña en Puerto Príncipe. Foto AP / Brennan Linsley

En los últimos 15 años se han logrado enormes avances en la lucha contra la malaria como resultado de una movilización masiva contra esta enfermedad. Una de las claves del éxito fue el flujo de recursos del Fondo Global contra el SIDA, la tuberculosis y la malaria alrededor del 2003, pero también de los países mismos, lo cual permitió colocar a la gente adecuada con las herramientas adecuadas para tratar y prevenir la enfermedad.  Desde el año 2000, el número de casos nuevos y muertes por malaria ha disminuido en un 40% y 60%, respectivamente. Esto, que parece tan sencillo, ha requerido de hecho un cambio fundamental hacia nuevas herramientas (hace 15 años no se disponía de redes mosquiteras de larga duración,  de nuevos insecticidas, de pruebas de diagnóstico básico ni de combinaciones terapéuticas a base de artemisinina), la reconstrucción de sistemas de salud débiles, y un enfoque de “desenlace del partido”.

¿Qué es el desenlace del partido? En malaria, es a la vez evidente y sumamente desafiante. Evidente, porque la enfermedad se puede prevenir (el mosquito como diana) y tratar (el humano como diana) con herramientas que ya existen y, por lo tanto, el hecho de que se pueda hacer es una evidencia. Sumamente difícil, porque hacerlo a la escala de un país en el que hay millones de personas infectadas es todo un reto, como señalan los colegas a cargo de programas nacionales de malaria. A la complejidad del parásito que causa la malaria, la capacidad tanto del parásito como del mosquito para desarrollar resistencias a fármacos e insecticidas ampliamente utilizados,  la variabilidad de la respuesta inmune –y la lista continúa– hay que sumar, además, una especie de tregua incómoda que el parásito y los humanos han desarrollado a lo largo de miles de años. La mayoría de las infecciones no son mortales, particularmente en adultos que tienen un cierto nivel de inmunidad como resultado de infecciones previas. Sin embargo, si no se frena, la malaria ha demostrado su capacidad de resurgir, como ocurrió en los años 90 cuando las muertes por malaria aumentaron a casi 1 millón por año, principalmente en niños y principalmente en África. Si la enfermedad simplemente se controla, es necesario mantener el arsenal entero de herramientas, sistemas y personal para siempre.