La expansión y construcción del Estado en los denominados territorios, o zonas donde la presencia institucional del Estado es baja o casi nula es un problema que ha afectado a Colombia desde su fundación, pero muy especialmente desde la mitad del siglo XX. La compleja geografía y la fragmentación del territorio desde la época colonial generó poderes locales que, en muchos casos, crearon sus propias milicias.
Hacia mediados del siglo XX los estados de América Latina habían alcanzado, no sin problemas y debilidades, un considerable grado de coherencia entre presencia del Estado y control de la mayor parte de la geografía de la nación. Colombia, sin embargo, tendió a fracturarse, convirtiéndose en una paradoja que se prolonga hasta hoy.
Por un lado, se desarrolló un Estado con orden constitucional, provisión de servicios, normas para los ciudadanos, monopolio legítimo del uso de la fuerza (uno de los principios básicos del Estado moderno), y sometimiento formal de las fuerzas armadas al poder civil.