La carrera global por la supremacía tecnológica depende hoy del cobalto, el litio, las tierras raras y el coltán: los minerales que hacen posible desde las baterías de vehículos eléctricos hasta los semiconductores y los sistemas de inteligencia artificial (IA).
Las tierras raras, un grupo de 17 metales esenciales para la electrónica y las tecnologías de defensa, y el coltán, el mineral utilizado para producir tantalio para teléfonos inteligentes y componentes aeroespaciales, se han convertido en los pilares del poder del siglo XXI. Quien controle su suministro, controla la infraestructura de nuestra era digital.
China entendió esto hace décadas y construyó un cuasimonopolio, dominando alrededor del 70% de la minería mundial de tierras raras y aproximadamente el 90% de la capacidad de procesamiento que convierte el mineral en material utilizable. Estados Unidos y sus aliados ahora luchan por ponerse al día. Sin embargo, un detalle que suele omitirse en la cobertura de esta competencia es que la mayor parte de esos recursos estratégicos se encuentran en suelo africano.