La relación entre los ciudadanos y el Estado a menudo ha sido frágil, pero sin esta tensión, es posible que muchos ciudadanos no hubieran obtenido su independencia del dominio colonial o los regímenes opresivos. El espacio que tienen las personas para expresar su disentimiento es variable, y la manera en que dicho espacio cambia, se abre o se cierra depende de una multiplicidad de factores.
Lo que sí está claro es que crear movimientos que desafíen el poder del Estado requiere coraje, valentía, creatividad y la capacidad de disentir; ya sea proveniente de un solo individuo o de toda una nación, y ya sea como resistencia a la colonización o a un régimen dogmático.
La pregunta, entonces, es: dado que el espacio cívico se está reduciendo en muchos países, ¿todavía somos innovadores respecto a las maneras en las que desafiamos el poder político y socioeconómico para trabajar en pro de una visión del bien común?