
La Catrina Indignada por Mabel Encinas. Collage de las mujeres muertas.
El término “femicidio” se popularizó hace veinte años para denunciar el asesinato de mujeres. Al crimen por violencia de género se le denomina “feminicidio” en México, y “femicidio” en Guatemala. Aunque han habido intentos de diferenciar estos dos conceptos, ambos emergen como una forma de resistencia: para señalar que la vida de las mujeres importa, y que dichos crímenes no deberían resultar impunes. La impunidad contribuye a la normalización de la “máquina” femicida. Tal y como lo sugieren la Corte Interamericana de Derechos Humanos y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, esta “maquinaria” se encuentra respaldada por la desigualdad de género.
El femicidio es parte de una cuestión cultural más amplia relacionada con la desigualdad de género: la violencia de los hombres hacia mujeres y niñas, que afecta su dignidad, su integridad y su vida, y es parte de un orden de género que le otorga muy poco valor a la vida de las mujeres. En México y Guatemala, el asesinato suele ir precedido de palizas, mutilaciones, quemaduras, y otras formas de tortura y violencia sexual. El femicidio es un crimen tipificado internacionalmente, pero la gran mayoría de los casos acaban impunes, especialmente cuando se trata de mujeres que viven en la pobreza, o que provienen de pueblos originarios.