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Pitahaya, la fruta que deforesta bosques nativos en la Amazonía ecuatoriana

En 2021, Ecuador exportó unas 17.800 toneladas de esta ‘fruta del dragón’ lo que ha significado una expansión de la frontera agrícola y la deforestación una región entera

Pitahaya, la fruta que deforesta bosques nativos en la Amazonía ecuatoriana
Vista panorámica en Pukuna Farms, ex finca Prócel en Palora, Morona Santiago. El emprendimiento cultiva 84 hectáreas de pitahaya amarilla, fruta codiciada en los mercados internacionales, al tiempo que conserva | Josué Araujo, septiembre 2022.
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Las primeras indagaciones sobre Palora remiten a un lugar de aventureros, ‘buscafortunas’ o —incluso— forajidos. Ubicada a 375 kilómetros de Quito, en el centro sur de la Amazonía ecuatoriana, a este municipio de más de ocho mil personas se puede entrar ahora por tierra; pero hasta 2015, cuando se inauguró el puente de acceso, la única opción era cruzar el gran río Pastaza o sus afluentes. Era como viajar a una pequeña ‘tierra prometida’.

El trayecto de Quito a Palora puede tomar entre siete horas y media, y ocho horas, dependiendo del estado de las vías. Al amanecer del 30 de septiembre, la primera imagen de Palora es el Sangay. Como salido de un libro de ilustraciones para botánicos, geógrafos o exploradores del siglo XIX. Sereno. Otros días presenta explosiones, columnas de ceniza, flujos piroclásticos y lava. Se dejan ver las extensiones de pitahaya, van alargándose en la carretera como brazos, como patas, como cabellos o extremidades de un dios de los cactáceos.

A las 07:00, el Sangay se arropa con nubes y se oculta de los extraños. Y el pueblo se ha movilizado a las haciendas que cultivan la pitahaya. Esta es la historia de Palora, una comunidad marcada por el auge de los monocultivos a lo largo de su existencia, vinculada al mejor té negro y la pitahaya con calidad de exportación. Pero también un pueblo en el que el avance de la frontera agrícola —y la deforestación que conlleva— pone en riesgo sus bosques nativos, considerados por los registros mundiales como parte de la gran reserva amazónica necesaria para enfrentar la emergencia climática.