Siete días después de empezar su segundo gobierno, Donald Trump ordenó preparar la base naval estadounidense en la Bahía de Guantánamo, Cuba, para detener a 30.000 migrantes. Hasta ahora, 177 venezolanos, catalogados como “extranjeros ilegales” fueron trasladados a la base encadenados, para ser deportados a su país unos días después. Otros 17 migrantes llegaron el domingo pasado.
La decisión de Trump provocó indignación, y con razón. Pero nada de esto es nuevo en Guantánamo.
Llegué a Guantánamo como reportera el 27 de enero de 2017, justo una semana después de que Trump comenzara su primera administración. En campaña había dicho que “la tortura funciona” y que iba a llenar la prision militar ilegal con “tipos malos”. Apenas después de que fue elegido, el comandante de la prisión Peter Clarke reunió a sus oficiales en el cine al aire libre de la base para dar respuesta a sus preocupaciones.