Tras el demoledor fallo de los servicios de inteligencia israelíes a la hora de prever el fulminante asalto de Hamás el pasado fin de semana, muchos israelíes describen la enorme pérdida de vidas como "el 11-S de Israel".
Aunque, en realidad, los dos acontecimientos no pueden compararse, dado que el ataque a Israel procedió de un país que ha ocupado y al que ha infligido un mortal y brutal régimen de apartheid durante muchas décadas, el asalto de Hamás ha tenido un impacto visceral similar.
La pérdida de vidas humanas en Israel es casi diez veces mayor que en Estados Unidos en 2001, en relación con el tamaño de la población. Y ello a pesar de que los sucesivos gobiernos israelíes han gastado enormes sumas de dinero en el ejército, dando prioridad a la seguridad de la población judía. Los especialistas en seguridad de todo el mundo veían a Israel como uno de los Estados punteros en cuanto a tácticas de defensa y equipamiento para controlar a los pueblos disidentes.