En los nueve años que Julieta Chevallier lleva recibiendo a quienes llegan a las puertas del hospital nacional de salud mental Laura Bonaparte, en la capital argentina, ha sido testigo de dolores cada vez más profundos que afectan a un número cada vez más grande de personas.
“Cuando la gente llega a consultar, por lo general es porque tocó fondo, porque no da más”, dijo la trabajadora social a democraciaAbierta. “Eso que vimos siempre, ahora es más profundo, más grave: más ideas de desesperanza, más intentos de suicidio, más casos de violencia, cuadros más agudos de malestar, y mucha angustia por la situación económica, por no poder resolver cuestiones cotidianas como la comida.
“Personas que habían dejado el consumo [de drogas] porque habían logrado organizar algunas cosas en su vida a partir de tener la asistencia de programas sociales, que recaen”.