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La ayuda “hágalo usted mismo”: ¿una fuente alternativa de financiamiento para el trabajo a favor de los derechos humanos?

El financiamiento para el trabajo a favor de los derechos humanos necesita cambiar; ¿la ayuda “hágalo usted mismo” será la respuesta? A-M Fechter describe este modelo, su financiamiento y las implicaciones relacionadas como una contribución al debate de openGlobalRights’ sobre el financiamiento pa

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Como sostuvo recientemente Nora Lester Murad, hace mucha falta contar con modelos alternativos para la ayuda internacional. Junto con los debates sobre cómo hacer las cosas de manera distinta dentro del sector de las ONG y la presentación de modelos de buenas prácticas, hay toda una serie de vías de financiamiento que suelen pasar desapercibidas en los debates académicos y políticos. Esto se debe a que se da un énfasis primordial a las organizaciones, en términos tanto de donantes como de beneficiarios, ya sean locales o internacionales. Este énfasis pasa por alto una amplia variedad de actividades en gran parte inexploradas para las que el periodista Nicholas Kristof acuñó el término “ayuda exterior ‘hágalo usted mismo’” (Do-It-Yourself-Foreign-Aid). Se trata de iniciativas privadas que el sector de las ONG establecidas sigue sin reconocer, a pesar de que canalizan una cantidad nada despreciable de fondos privados hacia proyectos que apoyan asuntos relacionados con los derechos, la educación o la salud a nivel local.

Todavía no se comprenden particularmente bien los contornos de este fenómeno. Sin embargo, es posible mencionar algunas observaciones iniciales a partir de la investigación de campo reciente en Camboya que financió la Fundación Leverhulme, con sede en el Reino Unido. La “ayuda ‘hágalo usted mismo’” describe a individuos de orígenes relativamente ricos que ponen en marcha proyectos en un país en vías de desarrollo para responder a las necesidades particulares que identificaron en ese lugar. También descritas como “iniciativas privadas de desarrollo”, estas iniciativas suelen ser a pequeña escala y de naturaleza personal. Aunque algunas de ellas están registradas como ONG, lo que las distingue son sus enfoques decididamente individualistas. Los promotores de estos proyectos no se basan necesariamente en una capacitación sobre el “desarrollo” convencional, ni se consideran a sí mismos como “trabajadores humanitarios” o “profesionales del desarrollo”, aunque es posible que aprovechen su experiencia profesional o capacitación previa. Por el contrario, perciben sus actividades como iniciativas personales, impulsadas completamente por el deseo de “marcar una diferencia” en su campo.

Es importante señalar que no se trata necesariamente de ejemplos típicos del “complejo industrial del salvador blanco” que critica tan acerbamente Teju Cole. Más bien, en el caso de Camboya, las personas que realizan labores de ayuda “hágalo usted mismo” (DIY, por sus siglas en inglés), no solo son personas de raza blanca o de países “Occidentales”, sino también de las naciones más ricas de la región, como Japón, Corea del Sur o Singapur. Estas iniciativas tampoco son operadas íntegramente por extranjeros: lo típico es que una “iniciativa privada de desarrollo” esté compuesta de un extranjero trabajando con un socio camboyano; y los recursos, capacidades y visiones compartidos son, en muchos sentidos, un elemento central para el éxito de estas iniciativas.