
El presidente Rafael Correa de Ecuador en Quito, 2012. Foto AP/Dolores Ochoa. Todos los derechos reservados.
Distinguir entre la verdad y la propaganda es siempre complejo. Hacerlo en un año electoral y en medio de la batalla mediática campal que presenciamos y que pocas veces, o tal vez nunca , se ha visto en el país, resulta más complicado que nunca. Los contrincantes, el gobierno de Rafael Correa y una oposición principalmente de centro hacia la derecha, apoyada por algunos izquierdistas y personas cuya bronca es más personal, de revancha, no dan cuartel.
La izquierda, sin recursos, se queda en las márgenes, poco más que una espectadora. La mayoría de la tendencia, con notables excepciones, se siente obligada a escoger entre dos opciones poco agradables: hacerse de la vista gorda respecto a las tácticas de la derecha y sus ‘aliados’ o callarse, así apoyando implícitamente al gobierno.