
“No van a enviar la policía o los militares a sacarnos de aquí, sino quieren dificultar la vida retirando los servicios estatales y presionando a las instituciones internacionales para que no nos ayuden reconstruir.”
Parado frente al mar – hoy está verde, bravo, el viento fuerte y el cielo amenazante – el panorama es muy parecido a la última vez que estuve aquí, hace unos veinte años. Una gran cantidad de troncos cubre la playa extensa y dura donde, dice Hipólito, el dueño del hostal donde estoy alojado, hasta los aviones livianos pueden aterrizar, añadiendo después de un segundo que estos son, por supuesto, del gobierno.