
El presidente Barcak Obama y la primera dama, Michelle Obama, bailan con tanguistas profesionales en la cena de Estado que el presidente Mauricio Marci les ofreció en Buenos aires, en Marzo 2016. (AP Photo/Pablo Martinez Monsivais)
Los Estados Unidos y Argentina comparten algunas características. Una de las más significativas es que en temas de defensa y seguridad, desde la vuelta a la democracia en 1983, la Argentina ha adoptado un sistema muy similar al de la Posse Comitatus Act de 1878 según el cual el Departamento de Defensa debe abstenerse de intervenir en asuntos de seguridad interna. En efecto, a través de una serie de leyes y reglamentos suscritos por todo el espectro político a lo largo de las últimas tres décadas, en la Argentina, las fuerzas armadas están a cargo de la seguridad exterior y las fuerzas de seguridad se encargan de la seguridad interior.
Sin embargo, esta similitudes están cambiando ya que el presidente Mauricio Macri, a lo largo de sus primeros ocho meses de gobierno, se ha mostrado dispuesto a implicar al país en una lógica militarizada de “guerra contra las drogas” con lo cual estaría abriendo una alarmante Caja de Pandora que puede afectar seriamente la democracia y a los derechos humanos en Argentina. En un momento en que esta lógica está siendo fuertemente contestada en toda América Latina, Macri subrayó en su discurso inaugural que uno de los objeticos clave de su gobierno sería “derrotar el tráfico de drogas” como ningún otro gobierno lo habría hecho hasta la fecha. Sn embargo hasta ahora no se ha anunciado ningún plan de reducción de daños o de actuación orientada hacia la demanda.