
Pedro Passos Coelho, primer-ministro de Portugal habló, en conferencia de prensa, después del acuerdo europeo alcanzado con Grecia, sobre la creación de un fondo de privatización de activos públicos. Se refirió a la ejecución previa de garantías inmobiliarias, hasta alcanzar un valor de 50 mil millones, y a que la mitad, 25 mil millones, pudiese ser usada para “privatizar los bancos que están ahora siendo recapitalizados”. El primer ministro dijo lo siguiente: “Debo decir incluso que, curiosamente, la solución que acabó por desbloquear el último problema planteado – que era justamente la solución en cuanto a la utilización del fondo – partió de una idea que yo mismo sugerí. Por casualidad.” La frase se hizo viral y fue compartida miles de veces a través de las redes sociales, sobre todo a través de Twitter. Pero pocos se pararon a analizar la gravedad de lo dicho.
Portugal, según se desprende de las palabras del primer-ministro, se enorgullece de haber contribuido a una decisión que supone un golpe a la soberanía griega, en detrimento del sueño Europeo. La Unión Europea, otrora símbolo de la libertad, de los derechos humanos y de la justicia, peligra como tal. Pero políticos como Passos Coelho piensan que la austeridad es la solución, que el empobrecimiento de la población, que las reformas hechas y que la erosión de la soberanía son necesarios para que Europa pueda sobrevivir, para que el euro pueda prosperar y para evitar el caos y la “barbarie”, representada por partidos de izquierda radical como Syriza o su primo español, Podemos. Sin embargo, dichos políticos no explican, o no quieren explicar, que la soberanía monetaria de los países miembros fue abandonada al entrar en el euro, sin decirles a los ciudadanos que una de las consecuencias de adoptar la moneda única implicaba renunciar a una política monetaria propia e independiente. Parecen querer obviar también que el Eurogrupo ejemplifica en sí mismo lo que se ha venido a denominar el “déficit democrático” de muchos de los entes constitutivos de la UE, sólo responde ante sí mismo. Se reúne, delibera y toma decisiones a puerta cerrada, sin que hayan actas de reuniones ni se pueda saber lo que se discute dentro del mismo, salvo a través de las posteriores conferencias de prensa. Mientras políticos como Mariano Rajoy en España o Passos Coelho en Portugal critican a Syriza por atentar contra el bienestar de sus ciudadanos y contra el futuro de la Unión Europea, el Eurogrupo decide, autónomamente y sin mecanismos de rendición de cuentas, buena parte del futuro del proyecto europeo y del de sus integrantes.